“En el principio existía la Palabra”. Lectio Divina Domingo II de Navidad – Ciclo B (Jn 1,1-18)

VERDAD – LECTURA

            Hoy la liturgia nos ofrece para nuestra consideración, el pasaje conocido como el prólogo del evangelio de Juan. Un pasaje muy rico en valor y profundidad teológica y, a la vez, de una gran riqueza literaria. Podríamos decir que es el resumen o sumario de todo el evangelio de Juan.

Con un exquisito lenguaje poético, el autor del cuarto evangelio nos transporta al mismo corazón de Dios y a la esencia de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. El cual, a pesar de ser Dios quiso hacerse uno de nosotros en todo, excepto en el pecado.

            El evangelio de Juan comienza de la misma manera que el Antiguo Testamento: “En el principio”. En el principio Dios creo todo lo que existe. Pero antes, incluso que en el principio existía la Palabra, y ella estaba junto a Dios y es Dios. Todo lo creado fue hecho por él y todo lo que existe, es gracias a él.

            Él es vida y es luz. Luz que alumbra en las tinieblas a todas las criaturas. Aquel que es la Luz está presente en todos los acontecimientos de nuestra vida, en todos los momentos, en todas las circunstancia. Él está con nosotros, vive entre nosotros, nos acompaña siempre. El ser humano ya nunca más caminará en tinieblas; porque aquel que es la Vida, es luz para los hombres. Y esa luz alumbra en las tinieblas, en las dificultades, en las oscuridades, en los obstáculos, en las contrariedades… Eso sí, es muy importante que estemos atentos para poder descubrir la luz, pues las tinieblas, la oscuridad, la noche tratarán de ocultárnosla pero nunca podrán sofocarla.

            Precisamente, Juan será enviado por Dios para ayudar a los seres humanos a descubrir la luz, a encontrarse con ella en los acontecimientos cotidianos de nuestra vida. Él no era luz, sino el medio para vislumbrar la luz y testimoniarla. Era el testigo de la Luz. Una luz que vino para salvación de todos.

            Sin embargo, el hombre no fue capaz de reconocer y acoger la luz, de descubrirla y recibirla. El ser humano no fue capaz de descubrir la luz que se manifestaba en su propia vida, en su propia historia, en su día a día. No hemos sido capaces de abrirnos y vaciarnos totalmente para acoger y llenarnos de la Luz.

El mundo no lo reconoció.

            Pero quienes lo reciben, quienes lo acogen, quienes creen en Él y se dejan transformar por Él son hijos de Dios. No por sus méritos, no por sus muchos esfuerzos, sino por pura gratuidad de Dios, por pura gracia de Dios, por su infinita bondad y misericordia. Dios es quien verdaderamente acoge y nos transforma.

            Y aquel que es la Palabra, aquel que es la Luz, aquel que existía desde el principio se hizo carne y habita entre nosotros. El Dios cristiano no es un Dios lejano, ausente, despreocupado. Dios se ha hecho uno de nosotros. Dios se hizo ser humano. Gracias a lo cual hemos visto su gloria, hemos visto quién es, hemos visto su esencia. Hemos descubierto el corazón y la misericordia de Dios. Y todo ello por pura gracia, por puro don, gratuitamente.

            Ahí es donde reside la diferencia esencial con la Ley de Moisés. La salvación es pura gracia, puro don, es gratuita, es un regalo de Dios. La plenitud de la Ley es Jesucristo. La salvación nos viene precisamente por la fe en Jesús. Y esa fe es la que nos impulsa y nos lleva a actuar según la Ley de Dios y a llevar el amor y la misericordia de Dios todos los demás; esa fe nos lleva a comprometernos con nuestros hermanos más necesitados, nos lleva a dar a conocer la Luz y a llevar su alegría a todas las criaturas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De qué manera eres capaz de descubrir la Luz en tu vida cotidiana? ¿Cuándo aparece? ¿Cuáles son los signos de que está presente?
  • ¿De qué forma descubres la luz en las tinieblas de tu vida, en las dificultades, en tus oscuridades?
  • ¿Eres consciente de que las tinieblas nunca podrá apagar la Luz?
  • Juan era testigo de la Luz, ¿Y tú, además de intentar descubrir la Luz en tu vida, llevas la Luz a los demás, les ayudas a descubrirla?

VIDA – ORACIÓN

Lámpara es tu palabra para mis pasos,

luz en mi sendero;

lo juro y lo cumpliré: guardaré tus justos mandamientos;

¡estoy tan afligido!

Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio, enséñame tus mandatos;

mi vida está siempre en peligro, pero no olvido tu voluntad;

los malvados me tendieron un lazo, pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón;

inclino mi corazón a cumplir tus leyes, siempre y cabalmente.

Un comentario el ““En el principio existía la Palabra”. Lectio Divina Domingo II de Navidad – Ciclo B (Jn 1,1-18)

  1. La Palabra y la luz son dos lineas transversales en Juan de los cuales se derivan la plena gratuidad de Dios que otorga sus favores al l margen de nuestros propios meritos. El Papa nos acaba de recordar que ” la verdadera doctrina expuesta en los evangelios es la de la gratuidad” algo asombroso porque no es lo habitual que se oye en predicaciones ni se enseña en universidades que recalan más en los méritos y esfuerzos personales( pelagianismo)
    Respecto a la Palabra cabe insistir en ” vino
    a los suyos y no la recibieron”. La cultura actua
    l no está para escuchar estas monsergas, prefiere oir las vanas promesas de los falsos profetas ( Miqueas), los flamantes discursos de nuestros politicos, el nuevo orden mundial que prometen ciertas ideoligias. No hemos avanzado gran cosa tras 2000 años de evangelio. El ruido, el exceso de noticias que no se pueden asimilar, los mas- media y tantos artilugios que nos atosigan con mensajes variopintos perturban ese ambiente de silencio requisito sin el cual es imposible escuchar esta Palabra. Elias buscó encontrar a Dios en el tumulto de la tormenta, del rayo trueno y terremoto y resulta que estaba en el suave murmullo de la brisa que invadia su cueva. ” En el silencio de la noche bajó tu Palabra sobre la tierra”. Este silencio esta reñido con la mentalidad del mundo actual. La actual pandemia ordena se guarden unas normas exigentes de precaucion y cierto confinamiento. Nos enteramos que se organizan fiestas ilegales donde se da pábulo a la orgia desenfreno y desmanes varios con peligro para la salud propia y ajena. Pero el cuerpo lo pide y no se le puede negar esta necesidad que, segun muchos, dañaría la integridad psiquica justamente lo contrario afirmado en la Palabra que asegura nos hará libres y conocedores de la Verdad sin tener que acudir a esos falsos mensajeros a que nos marquen el ritmo de vida a seguir

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