¿QUÉ ES ESTO? LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,21b-28

Este domingo, la liturgia nos ofrece orar con la primera actuación milagrosa de Jesús en el evangelio de Marcos, en la que, él es el principal protagonista, pues aunque le acompañan los discípulos, estos permanecen como meros espectadores.

Geográficamente, nos situamos en Cafarnaum, la ciudad más importante de Galilea; era la ciudad natal de Pedro, además de haberse convertido en lo que podríamos llamar el “centro de operaciones” de Jesús y sus discípulos. Allí se dirigieron. A partir de este momento, los discípulos se convertirán en espectadores y Jesús será el auténtico protagonista de la escena, tal como comentábamos más arriba. Es él, quien entra en la sinagoga, el lugar en el que se exponía la Palabra y se daba a conocer la Ley. Todo judío piadoso, en el día de sábado se acercaba a la sinagoga para escuchar sobre todo la Torá (el Pentateuco) o los profetas y orar. En un determinado momento, un maestro de la ley explicaba y actualizaba el mensaje de aquel pasaje. Existía la costumbre de invitar a realizar esa explicación a alguien que estuviera de paso y fuese considerado capaz de hacerlo. Posiblemente, en ese día es invitado Jesús.

Nadie se ha percatado. Pero, en la sinagoga, se encuentra un hombre que está poseído por un espíritu impuro. Si prestamos atención a la narración, dicho espíritu habla primeramente en plural y posteriormente en singular. Ese plural hace referencia a los que están allí presentes en la sinagoga por lo que es como decir, que la misma sinagoga era la que estaba poseída por dicho espíritu impuro. Por tanto, la acción de Jesús se va a encaminar a purificar la sinagoga en primer lugar. Las enseñanzas promovidas por los maestros de la ley y los escribas en muchas ocasiones eclipsaban la frescura del texto bíblico y había llegado incluso a tergiversar el verdadero significado del mismo. Los maestro de la ley y los escribas eran los encargados de hacer entender al pueblo el verdadero significado de la Escritura, mensaje que había llegado a corromper. Jesús no ha venido a transformar o cambiar dicho mensaje, pero sí a darle su pleno cumplimiento y significado.

Expresada esta premisa, con respecto al diálogo en plural y teniéndola en cuenta, nos vamos a detener, en el diálogo entre el endemoniado y Jesús. Al llamarlo Nazareno, lo identifica con el Mesías, y por tanto con el cumplimiento de la expectación que el pueblo judío tenía con respecto a él, que no era otra sino la de la persona poderosa que sometería a todos las naciones a Israel. Una visión totalmente mundana y equivocada de la verdadera misión de Jesús. Relacionar al Mesías con la pasión y muerte en cruz era totalmente incompatible con dicha visión.

No sabemos qué predica Jesús. El autor del evangelio únicamente nos dice que la gente queda estupefacta, asombrada, impresionada. Pero en ningún momento se nos comunica que aquellos que se encontraban en la sinagoga se convirtieran. Es más, el propio endemoniado interroga a Jesús con una pregunta, por lo menos sorprendente: “¿Has venido a destruirnos?” . Jesús no contesta. Jesús se muestra como Señor, en sentido pascual (cf. Flp 2,6-11), por su enseñanza, por el miedo que infunde en el espíritu impuro y por la autoridad con la que habla: “Cállate y sal de él”. El verbo callar es utilizado en la Biblia Griega cuando Yahveh habla y vence, por ejemplo, la furia del mar (2Sam 22,14) o cuando hace callar a los soberbios (Sal 119,21) o cuando increpa al propio Satanás (Zac 3,2). Al igual que Yahveh, Jesús, que es Dios, que es el Mesías esperado, no necesita recurrir a exorcismos complicados, es suficiente su palabra y el demonio escapa inmediatamente.

El Reino se ha hecho presente en la sinagoga, el Reino se ha hecho presente en el Pueblo de Israel con la venida de Jesús de Nazaret. Sin embargo, esto no es percibido por los presentes, todo se queda en el asombro y en el temor ante la acción y las palabras pronunciadas por Jesús con autoridad. Aunque aquellos no se convirtieran, la fama de Jesús se extendió por la región entera de Galilea.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Jesús se hace presente en tu vida y también realiza acciones extraordinarias. ¿Cómo reaccionas ante estos hechos? ¿con asombro y admiración como los presentes en la sinagoga o, por el contrario, estás dispuesto a adherirte a la propuesta del Reino y convertirte?
  • ¿Eres capaz de reconocer a Jesús cuando se hace presente en tu vida? ¿Estás atento a su Palabra? ¿Estás dispuesto a reconocerle como Mesías, como “el Señor de tu vida?
  • Todos, en cierto modo, también nos encontramos impuros ¿estás dispuesto a dejarte purificar por Jesús?
  • Su fama se extendió por toda la región de Galilea. ¿Qué crees que has de hacer para que la persona de Jesús sea conocida al menos entre aquellos que te rodean?

VIDA – ORACIÓN

Enséñame tu camino, Señor,

y andaré en tu luz,

dame un corazón entregado a ti para honrarte, oh Dios.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

Enséñame tu camino, Señor,

y andaré en tu luz,

dame un corazón entregado a ti para honrarte, oh Dios.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

Es tu amor el que yo deseo en mi vida Señor Jesús.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir, mi Dios,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

(Autor: Marcos Witt)

“SUSCITARÉ UN PROFETA” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Deuteronomio 18,15-20

Moisés habló al pueblo diciendo 15 “El Señor, tu Dios, suscitará de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, al que debéis obedecer. 16 Es precisamente lo que tú pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: “No queremos oír más la voz del Señor, ni ver ese gran fuego para no morir”, 17 y el Señor me dijo: “Dicen bien. 18 Yo les suscitaré de en medio de sus hermanos un profeta como tú; pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande. 19 Al que no escuche las palabras que él dirá en mi nombre, yo mismo le pediré cuentas. 20 Pero el profeta que tenga la osadía de anunciar en mi nombre lo que yo no le haya ordenado decir o hable en nombre de otros dioses, ese profeta morirá””.

Nos encontramos hoy, en la primera lectura, que la liturgia nos ofrece, un fragmento del libro del Deuteronomio.

Dicho libro está dentro del llamado Pentateuco, la colección de los cinco primeros libros de la Biblia.

En el Deuteronomio se nos presenta a un Dios que está presente en la vida de su pueblo y que se preocupa por él. Un pueblo elegido por Yahveh para establecer con él una alianza y crear un lazo de amor entre ambos. De esta manera Israel alcanzará una vida plena, su única obligación es la fidelidad a la alianza y a Dios.

El fragmento con el que hoy oramos comienza con una promesa de Yahveh al pueblo de Israel realizada por medio de Moisés.

La promesa es  que Dios va a suscitar en medio de su pueblo un profeta como Moisés.

El texto nos remite al Horeb cuando el pueblo le dijo a Moisés que no quería más volver a escuchar la voz de Dios de una manera directa.

Dios para comunicarse con su pueblo, suscitará en medio de él un mediador. Dichos profetas hablarán en nombre de Dios dando a conocer su voluntad. El profeta será verdadero y auténtico gracias a la fidelidad que mantendrá a la palabra de Dios.

Israel vio en este fragmento una clara alusión a un profeta excepcional, único, un segundo Moisés, por llamarlo de algún modo, que en algún momento se identificaba con el Mesías.

Nosotros como cristianos, no podemos menos que identificar a este profeta con Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, el cual será quien nos comunique la palabra plena y definitiva del Padre su amor y su misericordia.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo podemos reconocer a los profetas en nuestro tiempo? ¿Estamos atentos a la voz de los mediadores que Dios pone en nuestra vida?
  • Dios establece contigo una alianza de amor y plenitud, ¿Cómo respondes a ella? ¿Eres fiel a ella?
  • ¿Es Jesús para ti el Profeta del Padre y el guía de tu vida?
  • ¿Eres profeta del amor y la misericordia de Dios para los demás?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 78

1Atiende a mi enseñanza, pueblo mío, escucha las palabras de mi boca;

2 hablaré por medio de sentencias y evocaré los misterios del pasado.

3 Lo que hemos oído y aprendido, lo que nuestros padres nos contaron,

4 no se lo ocultaremos a sus hijos; contaremos a la generación futura los títulos de gloria del Señor, su poder y las maravillas que él ha hecho.

5 Él estableció un precepto en Jacob y promulgó una ley en Israel: ordenó a nuestros padres que enseñaran las cosas a sus hijos

6 para que la generación siguiente lo supiera, los hijos que habían de nacer, y que éstos, a su vez, se lo contaran a sus hijos

7 para que pongan en Dios su confianza, no olviden los prodigios del Señor y guarden sus mandatos;

8 no lleguen a ser como sus padres, una generación indócil y rebelde, generación cuyo corazón no fue constante, y cuyo espíritu fue desleal para con Dios.

[…]

70 Eligió a David, su siervo, lo sacó de los apriscos del rebaño,

71 lo llamó de detrás de las ovejas y lo hizo el pastor de Jacob, su pueblo, y de Israel, su heredad.

72 Los apacentó con un corazón irreprochable, los guio con sus expertas manos.

Se ha cumplido el tiempo / convertíos y creed / Venid / Se marcharon. Lectio Divina del III Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,14-20

«Después de que Juan fue entregado», decapitado, por el odio de la mujer de Herodes, Jesús se marcha a su región, Galilea, «a proclamar el Evangelio de Dios». La palabra “evangelio” significa “buena noticia”. Jesús vuelve a su tierra a proclamar la Buena Noticia de Dios, que es, ni más ni menos, que «se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios».

Ya en el momento del nacimiento de Juan, podemos leer: «A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo» (Lc 1,57). Parece ser una expresión usada en la época de Jesús. También, Pablo, en su carta a los Gálatas la emplea: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial» (Gal 4,4-6). Cumplirse el tiempo indica que ha llegado otro momento importante para la historia del pueblo judío. Primero fuero fueron los Patriarcas, después los Reyes y Jueces, los Profetas, Juan –el Bautista- y ahora es Jesús quien anuncia la llegada del nuevo tiempo, la proximidad del reino de Dios. Si queremos ser parte de ese Reino, Jesús nos da un mensaje claro: «Convertíos y creed en el Evangelio».

Esta es la misión que tiene Jesús, la que le ha encomendado su Padre. Por eso, no puede poner su morada en una ciudad concreta, porque su misión es el mundo entero. De ahí que pase de un lugar a otro, que lo veamos por distintas ciudades y pueblos. Y hoy, san Marcos dice que estaba «junto al mar de Galilea».

Todos conocemos lo que se hace en el mar, la vida del mar es dura, y la gente del mar lo sabe muy bien. Muchos han perdido su vida. En el mar de Galilea estaban los pescadores haciendo sus faenas. Marcos nos habla de Simón y su hermano Andrés que estaban «echando las redes en el mar» y una vez echadas, tenían que esperar que la red se llenara para recoger la pesca. Jesús los ve y les dice: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». ¿Qué cara se les quedaría a los dos hermanos cuando oyeran que Jesús los quería hacer «pescadores de hombres»? En el mar, los únicos hombres que “se pescan” son aquellos que naufragan, los que andan a la deriva por las tempestades, etc. ¿Qué querría decirles Jesús? Sin embargo, ellos, «inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron».

Más adelante, acompañado de Simón y Andrés, encuentra Jesús a Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo. Ellos estaban repasando las redes, en la barca, con su padre y los jornaleros. A ellos también les llama y ellos «se marcharon en pos de él». El evangelista no nos cuenta que Jesús les dijera nada. Sólo que los llamó. ¿Qué poder de convicción era el que tenía Jesús que los cuatro le siguen?

Ahora ya son cuatro, los cuatro primeros, el primer grupo, la primera comunidad cristiana que se conoce. Son los que acompañarán a Jesús hasta el final, los primeros que con el Maestro, proclaman el Evangelio de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Qué entiendo yo por el Evangelio de Dios?
  • ¿Qué tiempo vivo yo?
  • Jesús llama a la conversión. ¿De qué me tengo que convertir?
  • ¿Creo en el Evangelio?
  • ¿He intentado, en alguna ocasión, proclamar el Evangelio de Dios?
  • ¿A quién? ¿A gente que conozco o a gente que desconozco?
  • Si es que sí… ¿Alguien ha seguido el Evangelio?
  • Si es que no… ¿Cuándo voy a intentarlo?
  • ¿Evangelizo solo o lo hago con mi comunidad?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, por la generosidad de estos cuatro primeros discípulos. Pero más aún, por habernos anunciado el Evangelio de Dios. Danos los dones que necesitamos para poder hacer nosotros, también, lo que hiciste tú.

“DIOS TIENE COMPASIÓN” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Jonás 3,1-5.10

1 De nuevo el Señor dijo a Jonás: 2 «Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad, a predicar lo que yo te diga».

 3 Jonás se puso en marcha y se dirigió a Nínive, conforme a la orden del Señor. Nínive era una ciudad extraordinariamente grande; para recorrerla hacían falta tres días.

 4 Jonás entró en la ciudad, caminando durante una jornada y predicando así: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida».

 5 Los ninivitas creyeron a Dios y ordenaron un ayuno; se vistieron de saco chicos y grandes.

10 Al ver Dios lo que hacían y cómo se habían convertido de su mala conducta, tuvo compasión de ellos y no llevó a cabo el mal con el que los había amenazado.

Nos encontramos hoy, en la primera lectura, que la liturgia nos ofrece, con un fragmento del libro del Profeta Jonás. Un libro que nos presenta la universalidad del amor y de la providencia de Dios.

Concretamente, hoy oramos con el pasaje de lo que podríamos llamar la segunda llamada a Jonás para cumplir una misión.

Anteriormente, Yahveh ha llamado a nuestro protagonista a una misión algo desconcertante para la mentalidad judía de la época, pues ellos pensaban que eran los únicos destinatarios o los únicos que tenían derecho a gozar de la bondad y la misericordia de Dios.

En este contexto, Yahveh envía a Jonás a la ciudad de Nínive, la capital del Imperio Asirio. Una gran ciudad, que necesitaba de tres día para poder recorrerse. Él, sin embargo, y debido a la mentalidad que existía, como hemos dicho anteriormente, huye. Se niega a cumplir con la misión encomendada por Dios y huye en dirección opuesta hacia Tarsís. Y es capaz incluso de poner en riesgo su vida por tal de no cumplir la misión a la que Dios le llama.

En el fragmento, con el que estamos orado, nos encontramos con esa segunda llamada a la misión, después de la huida de Jonas: “Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad, a predicar lo que yo te diga”.

La predicación consiste en anunciar la bondad y misericordia de Dios e invitar a los habitantes de la gran ciudad a la conversión, al arrepentimiento y a cambiar de vida.

Sorprendentemente, gracias a la predicación de Jonás los Ninivitas, inmediatamente, se convierten a Dios, en contraste con la infidelidad mostrada en muchas ocasiones por Israel.

Dios cuando uno se acerca a Él, queriendo entrar en comunión con Él, siempre acoge, perdona, se muestra misericordioso y ama. ¡No lo olvidemos nunca!

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo actuarías si Dios te llamara a la misión de anunciar su misericordia a alguien que tú consideras que no es merecedor de ella?
  • ¿De qué manera anuncias la misericordia y la bondad de Dios a los que te rodean?
  • ¿Estás atento a la voz de Dios para vivir en continua conversión en tu día a día?
  • Siente y se consciente de la bondad y la misericordia de Dios hacia tu persona y hacia toda la humanidad.

VIDA – ORACIÓN

Salmo 136

1 Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor;

2 dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor;

3 dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.

4 Sólo él ha hecho grandes maravillas, porque es eterno su amor.

5 Él hizo los cielos con sabiduría, porque es eterno su amor.

6 Él afirmó la tierra sobre las aguas, porque es eterno su amor.

7 Él hizo las lumbreras grandes, porque es eterno su amor:

8 el sol para presidir el día, porque es eterno su amor;

9 la luna y las estrellas para presidir la noche, porque es eterno su amor.

[…]

25 Él da de comer a todas las criaturas, porque es eterno su amor.

26 Dad gracias al Dios del cielo, porque es eterno su amor.

¿DÓNDE VIVES? LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

Verdad – Lectura

En cualquier período de la historia, en ambientes diversos, hombres de todas las razas y nacionalidades se han planteado a sí mismos las siguientes preguntas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Son las preguntas que, de alguna forma, dan sentido a nuestra vida. Una vida que está en continua búsqueda. La búsqueda de la felicidad, de la trascendencia, de lo infinito, la búsqueda, en definitiva de Dios. Ya lo decía san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti».

En un contexto muy parecido a éste, tiene lugar, la experiencia de encuentro con el Maestro de los primeros discípulos y que tan bellamente nos narra Juan en estos poco versículos. Así es; un día cualquiera de la vida de aquellos primeros discípulos, al día siguiente; ese día, alguien, Juan el Bautista, les indica dónde pueden colmar ese anhelo de felicidad que toda persona humana lleva dentro. Jesús pasa junto a ellos, lo mismo que pasa junto a ti y junto a mí. Lo ven y Juan les dice: «Este es el Cordero de Dios». Ahí va quien puede colmaros de felicidad. Y aquellos discípulos le siguen.

Ha sido el testimonio de Juan, el que ha impulsado a los dos discípulos a seguir a aquel desconocido. Es interesante detenernos por un instante en esta expresión: le siguieron. Es mucho más que caminar junto a alguien o pasear. Seguir quiere decir que uno se involucra con la persona seguida, de alguna manera comparte sus mismos sueños, objetivos, metas; es el otro quien marca la dirección y el ritmo durante el camino; de alguna manera, nos abandonamos a esa persona y vamos tras ella. Así es, Juan y Andrés van detrás de Jesús porque quieren vivir la vida a tope. Ahora bien, aquellos dos discípulos estaban abiertos, atentos, en búsqueda… por eso son capaces de acoger la invitación de Juan para seguir a Jesús.

Al darse cuenta Jesús de que le siguen, se vuelve y les interroga: «¿Qué buscáis?» Es la síntesis de los interrogantes anteriores que nos hacíamos al principio de esta página. ¿Qué buscas? Una pregunta que nos podemos hacer cada uno de nosotros personalmente y que podemos hacer a cualquiera de nuestro alrededor, y nos daremos cuenta de que todos buscamos lo mismo, aunque le llamemos de distinta manera: la felicidad.

Han percibido que aquel Hombre: Jesús, puede colmar su sed de felicidad que quieren permanecer con él: ¿Dónde vives? Queremos permanecer contigo, queremos vivir contigo, queremos estar junto a ti, queremos vivir tu modo de vivir.

Jesús accede inmediatamente a su petición, pero no les da una dirección concreta. No; les invita a experimentar su vida: «Venid y lo veréis». Jesús no es información, no es lectura acerca de su vida y milagros, no es lo que han dicho o me dicen de él, Jesús es experiencia de vida y si quiero conocerlo, lo más acertado es experimentar su propia vida. No importa la información que tenga, lo que haya oído, lo que me hayan dicho; lo importante es experimentar con Jesús. «Solo te conocía de oídas; pero ahora, en cambio, te han visto mis ojos» (Job 42,5).

«Y se quedaron con él aquel día». Comienzan a hacer comunidad. Jesús, seguramente va dialogando con ellos, les va aclarando cosas, les va dando respuestas, les va contando sus deseos, sus ilusiones, sus sentimientos… ellos le escuchan, le interrogan, le hablan de sus anhelos, sus esperanzas, sus inquietudes, sus sueños… Van compartiendo vida entre ellos. Y aquí es donde está el verdadero «quid» de la cuestión. Compartir la vida, comunicar la vida, experimentar al vida… en definitiva, hacer comunidad.

Un encuentro de tal calibre, una experiencia como la vivida por los dos discípulos, no puede guardarse para uno mismo. Ha de comunicarse, ha de compartirse, no se la puede uno guardar para sí mismo. Por eso, Andrés, siente la necesidad de contarle a su hermano Simón lo que había acontecido aquel día, tenía que contar lo que había experimentado, sentido, acogido y entregado junto a Jesús. Hemos de contar gozosos, llenos de dicha desbordante, con una alegría inusual, nuestra experiencia de Jesucristo, nuestro encuentro con el Maestro: «Hemos encontrado al Mesías». Fijaos bien, que el evangelista nos dice: «Hemos»; no dice, «he». Y esto, sencillamente, porque la experiencia de Jesús es siempre comunitaria, aunque uno la viva de manera personal, pero siempre media la comunidad.

Al principio, no somos conscientes de la importancia, ni de la trascendencia de este encuentro. Puede parecernos un encuentro más de los muchos que se producen en nuestra vida. Pero cuando nos damos cuenta del proceso de crecimiento que hemos experimentado en él, no podemos menos que manifestarlo, comunicarlo, testimoniarlo a los demás: «Hemos encontrado al Mesías». No hemos encontrado a una persona cualquiera, no hemos encontrado si quiera a una persona excepcional, no hemos encontrado al número uno en tal o cual materia… Nos hemos encontrado con el Mesías, nos hemos encontrado con el Dios Vivo, nos hemos encontrado con Dios hecho hombre. Y Él ha colmado nuestros anhelos de libertad, de felicidad, de amar.

Andrés da testimonio, narra, transmite su propia experiencia, pero lo hace con convicción, lo hace con atractivo, lo hace con ganas de contagiar. El Papa Pablo VI (hoy ya santo) decía que «hoy día, más que maestros necesitamos testigos», personas que nos transmitan su experiencia de encuentro con Jesús. Eso es lo que debemos hacer nosotros, debemos seguir el mismo itinerario que siguieron estos primeros discípulos: Estar atentos a los signos del paso de Dios por nuestra vida, ¿qué buscáis?, ¿dónde vives?, venid y lo veréis, fueron, vieron y lo contaron a otros.

Camino – Meditación

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Estás atento a las señales o a los signos que te indican el camino para encontrarte con el Mesías?
  • ¿Eres consciente de la llamada de Dios? ¿de todo lo que supone poder encontrarte con Jesús en tu vida cotidiana? ¿De la transformación que puede producir en ti mismo dicho encuentro?
  • ¿Estás dispuesto a permanecer con Él largo tiempo para escuchar su Palabra, acogerla, dejarla penetrar en ti y que transforme tu vida?
  • ¿Deseas y quieres, verdaderamente, ser testigo de Jesús? ¿Qué tendrías que cambiar en tu vida para ello?

Vida – Oración

  • Alaba a Dios por ser Él el primero en salir a tu encuentro.
  • Dale gracias por las personas que a diario pone en tu camino y te lo señalan como Aquel que puede colmar tu vida.
  • Ofrécele tu vida para que Él pueda transformarla y convertirte en verdadero testigo de Jesús Resucitado.
  • Pídele que te ayude a ser testigo de las maravillas que continuamente está realizando en la vida de tantas y tantas personas con las que te encuentras a diario.

“AQUÍ ESTOY” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

Recuerda que podrás escuchar el audio de esta Lectio Divina el próximo domingo en el muro de Facebook del Centro Bíblico San Pablo

VERDAD – LECTURA

1Samuel 3,3b-10.19

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. Entonces el Señor llamó a Samuel. Este respondió: “Aquí estoy”. Corrió adonde estaba Elí y dijo: “Aquí estoy, porque me has llamado”. Respondió: “No te he llamado. Vuelve a acostarte”. Fue y se acostó. El Señor volvió a llamar a Samuel. Se levantó Samuel, fue adonde estaba Elí y dijo: “Aquí estoy, porque me has llamado”. Respondió: “No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte”. Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había manifestado todavía la palabra del Señor. El Señor llamó a Samuel, por tercera vez. Se levantó, fue adonde estaba Elí y dijo: “Aquí estoy, porque me has llamado”. Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven. Y dijo a Samuel: “Ve a acostarte. Y si te llama de nuevo, di: ‘Habla, Señor, que tu siervo escucha’”. Samuel fue a acostarse en su sitio. El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores: “Samuel, Samuel”. Respondió Samuel: “Habla, que tu siervo escucha”. Samuel creció. El Señor estaba con él, y no dejo que se frustrara ninguna de sus palabras.

La primera lectura de hoy nos narra la llamada a la vocación profética de Samuel. Nos encontramos en una época de cambio: el paso de la época de los jueces a la monarquía. Es aquí cuando nace la figura del sacerdote-profeta en la persona de Samuel. Él será quien unja a los reyes, pero también el mediador de la palabra de Dios.

Samuel era un jovencito que estaba al servicio de Elí sacerdote del templo del Señor en Silo.  Allí se encontraba el Arca de Dios. Samuel está durmiendo y es cuando escucha la voz de Yahveh.

El muchacho piensa que es Elí quien le llama y va a su encuentro. Éste piensa que está soñando y lo manda volver a acostarse. Por dos veces se repite la situación.

El autor del libro nos hace notar cómo Samuel no conocía a Dios, ni se le había manifestado su palabra.

Dios vuelve a llamarlo. Lo llama por su nombre. Lo mismo que nos llama a nosotros para darnos su amor y regalarnos la misión específica que cada uno de nosotros tenemos en el mundo.

Pero tengamos en cuenta una cosa, que a mi parecer está bastante clara en el relato; en la mayoría de las ocasiones necesitamos de las mediaciones para percibir la voz de Dios, necesitamos la ayuda de otra persona para poder se consciente de las señales que Dios va poniendo en nuestro camino. Es Elí quien ayuda a Samuel a discernir la voz de Dios y a darle una respuesta.

Respuesta que es inmediata y para ponerse al servicio de Yahveh. Una respuesta que a la vez es un compromiso: “Habla que tu siervo escucha”. Y escuchando la voz de Dios Samuel es capaz de llevar a cabo la misión que Él le encomienda.

Intentar estar siempre en la presencia de Dios nos ayudará a crecer y a ser coherentes con nuestra vida de creyentes, con nuestra vida de cristianos. Porque precisamente a eso nos llama Jesús a los cristianos, como podemos apreciar en el evangelio que hoy nos ofrece la liturgia: estar atentos a las señales que otros pueden hacernos percibir de Jesús: “Este es el Cordero de Dios”; ponernos en camino para encontrarnos con el Maestro y una vez que lo hemos encontrado quedarnos con Él para, después, dar testimonio de lo vivido junto a Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Eres consciente de que Dios te está llamando continuamente para hacerse presente en tu vida y encomendarte una misión?
  • ¿Percibes la voz de Dios en tu día a día?
  • Dios se sirve de mediaciones para comunicarse contigo, ¿cuáles son para ti hoy esas mediaciones?
  • ¿Qué respuesta estás dando a la llamada de Dios? ¿Te pones en camino? ¿Das testimonio de tu encuentro con Él?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 40

En el Señor he puesto toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi grito;

me sacó de la fosa mortal, del fango cenagoso; puso mis pies sobre la roca, aseguró mis pasos;

puso en mi boca un cantar nuevo, una alabanza para nuestro Dios.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, no pides holocaustos ni sacrificios por el pecado; en cambio, me has abierto el oído, por lo que entonces dije: «Aquí estoy, en el libro está escrito de mí: Dios mío, yo quiero hacer tu voluntad, tu ley está en el fondo de mi alma».

Pregoné tu justicia a la gran asamblea, no he cerrado mis labios; tú lo sabes, Señor.

Ahora empieza la Navidad. Lectio Divina del Domingo del Bautismo del Señor. Tiempo de Navidad – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,7-11

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor y con ella, la Iglesia, pone fin al tiempo de Navidad. El bautismo marca un antes y un después en la vida de toda persona y también en la de Jesús.

Y, como ocurre en cualquiera de nuestras familias, su bautismo es anunciado; pero no por su familia, sino por un precursor excepcional: Juan, el Bautista, que no se cansa de gritar en el “desierto” y proclamaba: «detrás de mi viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la corre de sus sandalias».

A todos nos cuesta “agacharnos”, pero en la sociedad judía, era una práctica muy habitual entre los “siervos”; ellos tenían que descalzar a sus “señores” cuando llegaban de la calle. Juan se sabía tan pequeño ante Jesús, que no se sentía digno de desatarle ni la correa de su sandalia. Pero, además, nos cuenta algo novedoso, no conocido por los judíos hasta aquel momento. Y además, no entendible. Juan les dice: «Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».

¿Cómo puede ser eso? Seguro que esta pregunta rondaban por la mente de quien lo escuchaba, como rondaría por la nuestra. Sólo conocían el bautismo de Juan y ese era con agua, un bautismo de conversión. Sin embargo, “el que vendrá”, nos bautizará «con Espíritu Santo» y el Espíritu es fuego que abrasa, que purifica. Por tanto, mientras que el bautismo de Juan es de conversión, el de Jesús es de purificación; no sólo se trata de que el hombre reconozca sus miserias, se arrepienta, sino que lo  deja limpio, lo devuelve al estado original, como Dios lo creó en un principio.

Otra pregunta que se harían los judíos sería: ¿de quién habla, a quién se refiere Juan, quién es ese que nos bautizará con Espíritu Santo? El evangelista nos lo cuenta: Jesús, el de Nazaret de Galilea que llegó «por aquellos días y fue bautizado por Juan en el Jordán». Muchos eran bautizados por Juan pero no con todos sucedía aquello que vieron en el cielo cuando salió Jesús del agua. Se rasgaron los cielos y el Espíritu bajó, hacia Él, en forma de paloma, mientras «se oyó una voz desde los cielos: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”». Aquello fue una imagen insólita, nunca vista por los judíos que estaban alrededor de Juan, por los ya bautizados, y por aquellos que esperaban su momento para ser bautizados. Dios, en su Trinidad se hace presente. Es la Teofanía, la manifestación de Dios a todos los presentes. Una “segunda Epifanía”. Jesús, se manifestó en el pesebre como Hombre, como Rey de reyes. Ahora, se manifiesta como Dios. En Él lo humano y lo divino están unidos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Cómo has vivido esta Navidad?
  • ¿Has celebrado que es Dios mismo quien se ha hecho hombre o te has centrado sólo en pensar que, como consecuencia de la pandemia, no podías celebrar estas fiestas con tus seres queridos?
  • Termina el tiempo de Navidad con el bautismo de Jesús. Pero Dios se sigue encarnando en cada hombre que quiere recibirlo. ¿Te has parado a pensarlo?
  • ¿Sabes que Dios se encarna en ti cuando tú quieres vivir con Él?
  • ¿Puedes decir que la Navidad se ha terminado o debes decir que es ahora cuando tú tienes que ser Navidad para los demás?
  • ¿Recuerdas el día de tu bautismo?
  • La mayoría fuimos bautizados siendo muy pequeños. ¿Sabemos qué día nos bautizaron?, ¿celebramos nuestro bautismo?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, por haberte encarnado y hacerlo en la humildad de un pesebre. Ser rico es muy fácil. Ser pobre, a nadie nos gusta. Gracias porque nos has enseñado que te encarnas donde menos lo esperamos; gracias porque siempre nos sorprendes. Y además, desde el principio, nos has querido como el Padre nos creó. De ahí que no cesas de inventarte una y mil cosas por devolvernos al estado primero, por salvarnos, por tu bautismo de fuego, de purificación. Ahora nos toca a nosotros ser manifestación de lo que Tú has venido a enseñarnos. Gracias, Señor, porque ahora comienza nuestra navidad. Es ahora cuando nos toca gritar al mundo, proclamar en el “desierto” que Dios nos ama, que está enamorado de nosotros y nos brinda millones de oportunidades para que volvamos a Él.

LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Isaías 42,1-4.6-7

Esto dije el Señor: “Aquí está mi siervo a quien protejo; mi elegido, en quien mi alma se complace. He puesto en él mi espíritu, para que traiga la justicia a las naciones. No gritará, no alzará el tono, no hará oír por las calles su voz. No romperá la caña cascada, ni apagará la mecha humeante. Traerá con toda seguridad la justicia. No desistirá, no desmayará hasta que implante en la tierra la justicia. En su ley esperan las islas.

Yo el Señor, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano y te he formado, te he puesto como alianza del pueblo y luz de las naciones, para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, del calabozo a los que viven en tinieblas”.

Con este cántico, que nos ofrece hoy la liturgia, comienzan los llamados cuatro cánticos del siervo de Yahveh (Is 42,1-9; 49.1-6; 50,4-11; 52,13-53,12). En el que hoy meditamos podemos encontrar la presentación y la vocación o llamada del Siervo de Yahveh. No sabemos, exactamente, quien es el personaje al cual se refiere, aquel que deberá cargar con los pecados de todo el pueblo. Esto al menos en principio. Desde una perspectiva cristiana y visto desde la figura de Jesús, sabemos perfectamente quien es el Siervo del Señor. Pero continuemos con el comentario del fragmento.

Aquí, el siervo viene presentado como un elegido divino al estilo de Moisés, David o Israel. Las funciones que Dios le confía para él son las mismas que tenía reservadas para el gran rey davídico (2Sam 3,18); y cuyo carácter mesiánico nadie se atreve a discutir.

Nos encontramos en la época del rey Ciro de Persia. Éste será quien de la libertad al pueblo judío de la cautividad y el exilio en Babilonia. Sin embargo, el nuevo rey, que vendrá, y que aquí está identificado con el Siervo, implantará la justicia definitiva. Él será quien acabe con toda forma de opresión e instaurará una nueva era de libertad para los presos, de luz para los ciegos y de claridad para los que viven en tinieblas.

A pesar de las dificultades que pueda estar pasando el pueblo de Israel, Dios por medio del profeta quiere infundirle confianza, esperanza, ilusión. Dios sigue guiando los pasos de su pueblo, Dios le sigue acompañando, Dios sigue estando a su lado. Dios  con mimo exquisito guía sus pasos. Pero deja libertad al Pueblo para dejarse encontrar por Dios o no. Si Israel también sale al encuentro de Dios, podrá disfrutar de su compañía.

Esta alianza, que Dios quiere ofrecer a su pueblo, será eterna. Basta que el pueblo abra su corazón al amor de Dios y lo acoja. Basta sentirse necesitado de Dios, abandonarse en él y acogerlo en lo más intimo de nuestro ser para que sea nuestro guía por el camino.

Ahora bien este mesías, este salvador, no vendrá de manera esplendorosa, de manera grandiosa, sino en forma humilde, sencilla; sus armas serán la paz. Y su misión será la de librarnos del mal.

Como decíamos más arriba no podemos dejar de ver, desde una perspectiva cristiana, una clara alusión a Jesús de Nazaret que será quien traiga la paz a la tierra, nos libre de todo mal y nos regale la vida eterna.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios también a ti te está llamando para la misión de llevar amor, esperanza, ilusión a su pueblo, ¿cómo acoges esta llamada?
  • ¿De qué manera, en estos tiempos de incertidumbre, puedes difundir esperanza, ilusión, luz a tu alrededor?
  • ¿Sientes cómo Dios te acompaña en tu caminar diario? ¿Qué señales percibes? ¿De qué forma das testimonio de ello?
  • ¿Cuál es la imagen que tienes de Jesús? ¿Un rey majestuoso, poderoso, esplandoroso, guerrero? O por el contrario, ¿es un niño pequeño envuelto en pañales, alguien que trae la paz, que te acompaña desde la humildad y la mansedumbre?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 91

1Tú que vives bajo la protección del Dios altísimo y moras a la sombra del Dios omnipotente,

2 di al Señor: «Eres mi fortaleza y mi refugio, eres mi Dios, en quien confío».

3 Pues él te librará de la red del cazador, de la peste mortal;

4 te cobijará bajo sus alas y tú te refugiarás bajo sus plumas; su lealtad será para ti escudo y armadura.

[…]

10 A ti no te alcanzará la desgracia ni la plaga llegará a tu tienda,

11 pues él ordenó a sus santos ángeles que te guardaran en todos tus caminos;

12 te llevarán en sus brazos para que tu pie no tropiece en piedra alguna;

13 andarás sobre el león y la serpiente, pisarás al tigre y al dragón.

14 Porque él se ha unido a mí, yo lo liberaré; lo protegeré, pues conoce mi nombre;

15 si me llama, yo le responderé, estaré con él en la desgracia, lo libraré y lo llenaré de honores;

16 le daré una larga vida, le haré gozar de mi salvación.

“En el principio existía la Palabra”. Lectio Divina Domingo II de Navidad – Ciclo B (Jn 1,1-18)

VERDAD – LECTURA

            Hoy la liturgia nos ofrece para nuestra consideración, el pasaje conocido como el prólogo del evangelio de Juan. Un pasaje muy rico en valor y profundidad teológica y, a la vez, de una gran riqueza literaria. Podríamos decir que es el resumen o sumario de todo el evangelio de Juan.

Con un exquisito lenguaje poético, el autor del cuarto evangelio nos transporta al mismo corazón de Dios y a la esencia de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. El cual, a pesar de ser Dios quiso hacerse uno de nosotros en todo, excepto en el pecado.

            El evangelio de Juan comienza de la misma manera que el Antiguo Testamento: “En el principio”. En el principio Dios creo todo lo que existe. Pero antes, incluso que en el principio existía la Palabra, y ella estaba junto a Dios y es Dios. Todo lo creado fue hecho por él y todo lo que existe, es gracias a él.

            Él es vida y es luz. Luz que alumbra en las tinieblas a todas las criaturas. Aquel que es la Luz está presente en todos los acontecimientos de nuestra vida, en todos los momentos, en todas las circunstancia. Él está con nosotros, vive entre nosotros, nos acompaña siempre. El ser humano ya nunca más caminará en tinieblas; porque aquel que es la Vida, es luz para los hombres. Y esa luz alumbra en las tinieblas, en las dificultades, en las oscuridades, en los obstáculos, en las contrariedades… Eso sí, es muy importante que estemos atentos para poder descubrir la luz, pues las tinieblas, la oscuridad, la noche tratarán de ocultárnosla pero nunca podrán sofocarla.

            Precisamente, Juan será enviado por Dios para ayudar a los seres humanos a descubrir la luz, a encontrarse con ella en los acontecimientos cotidianos de nuestra vida. Él no era luz, sino el medio para vislumbrar la luz y testimoniarla. Era el testigo de la Luz. Una luz que vino para salvación de todos.

            Sin embargo, el hombre no fue capaz de reconocer y acoger la luz, de descubrirla y recibirla. El ser humano no fue capaz de descubrir la luz que se manifestaba en su propia vida, en su propia historia, en su día a día. No hemos sido capaces de abrirnos y vaciarnos totalmente para acoger y llenarnos de la Luz.

El mundo no lo reconoció.

            Pero quienes lo reciben, quienes lo acogen, quienes creen en Él y se dejan transformar por Él son hijos de Dios. No por sus méritos, no por sus muchos esfuerzos, sino por pura gratuidad de Dios, por pura gracia de Dios, por su infinita bondad y misericordia. Dios es quien verdaderamente acoge y nos transforma.

            Y aquel que es la Palabra, aquel que es la Luz, aquel que existía desde el principio se hizo carne y habita entre nosotros. El Dios cristiano no es un Dios lejano, ausente, despreocupado. Dios se ha hecho uno de nosotros. Dios se hizo ser humano. Gracias a lo cual hemos visto su gloria, hemos visto quién es, hemos visto su esencia. Hemos descubierto el corazón y la misericordia de Dios. Y todo ello por pura gracia, por puro don, gratuitamente.

            Ahí es donde reside la diferencia esencial con la Ley de Moisés. La salvación es pura gracia, puro don, es gratuita, es un regalo de Dios. La plenitud de la Ley es Jesucristo. La salvación nos viene precisamente por la fe en Jesús. Y esa fe es la que nos impulsa y nos lleva a actuar según la Ley de Dios y a llevar el amor y la misericordia de Dios todos los demás; esa fe nos lleva a comprometernos con nuestros hermanos más necesitados, nos lleva a dar a conocer la Luz y a llevar su alegría a todas las criaturas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De qué manera eres capaz de descubrir la Luz en tu vida cotidiana? ¿Cuándo aparece? ¿Cuáles son los signos de que está presente?
  • ¿De qué forma descubres la luz en las tinieblas de tu vida, en las dificultades, en tus oscuridades?
  • ¿Eres consciente de que las tinieblas nunca podrá apagar la Luz?
  • Juan era testigo de la Luz, ¿Y tú, además de intentar descubrir la Luz en tu vida, llevas la Luz a los demás, les ayudas a descubrirla?

VIDA – ORACIÓN

Lámpara es tu palabra para mis pasos,

luz en mi sendero;

lo juro y lo cumpliré: guardaré tus justos mandamientos;

¡estoy tan afligido!

Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio, enséñame tus mandatos;

mi vida está siempre en peligro, pero no olvido tu voluntad;

los malvados me tendieron un lazo, pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón;

inclino mi corazón a cumplir tus leyes, siempre y cabalmente.