“Te daré una casa”. Lectio Divina de la 1ª lectura del domingo III de Adviento (Ciclo B)

Ya sabes, que puedes encontrar el audio de esta Lectio Divina en el muro de Facebook del Centro Bíblico San Pablo – España.

Imagen de Valter Cirillo en Pixabay

VERDAD – LECTURA

2Samuel 7,1-5.8b-12.14a,16

Cuando David se estableció en su palacio y el Señor le dio descanso librándolo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán: “Mira yo estoy viviendo en una casa de cedro, mientras que el arca del Señor esta bajo una tienda”. Y Natán dijo al rey: “Haz lo que piensas, porque le Señor está contigo”. Pero aquella misma noche el Señor dijo a Natán: “Vete y di a mi siervo David: ¿Tú me vas a construir una casa para que habite en ella?

Yo te saqué del aprisco, de detrás de las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo. Israel. He estado contigo en todas tus empresas, he exterminado delante de ti a todos tus enemigos; haré que tu nombre sea como el de los grandes de la tierra. Asignaré un territorio a mi pueblo Israel y en él lo plantaré para que habite en él y no vuelva a ser perturbado, ni los malvados continúen oprimiéndolo como antes, en el tiempo en que yo constituí a los jueces sobre mi pueblo Israel; yo le daré paz librándolo de todos sus enemigos.

Te hago saber, además, que te daré una dinastía; pues cuando llegues al término de tus días y descanses con tus padres, haré surgir un descendiente tuyo, que saldrá de tus entrañas, y lo confirmaré en el reino. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Si hace mal, yo lo castigaré con varas de hombre y con castigos corrientes entre los hombres. Pero no le retiraré mi favor, como se lo retiré a Saúl, a quien rechacé de mi presencia. Tu casa y tu reino subsistirán por siempre ante mí, y tu trono se afirmará para siempre.

En el pasaje de la primera lectura, que hoy nos ofrece la liturgia de este cuarto domingo de adviento, nos encontramos con un rey David que está totalmente asentado en su trono, que ha vencido a los filisteos, que ha sido ungido como rey de Judá e Israel y que ha trasladado la capital de su reino a Jerusalén. Podríamos decir que es un momento de máximo esplendor para Israel y para su rey.

David, lejos de dormirse en los laureles, recuerda que ha sido Dios quien le ha acompañado a él y a su pueblo para conseguir la estabilidad.

Sumergidos en este ambiente creo que existe un hilo conductor en este fragmento del segundo libro de Samuel. Dicho hilo conductor es la palabra casa, que aparece repetida varias veces.

David vive en una casa de cedro, mientras que el arca del Señor está bajo una tienda (casa de tela) y, por tanto, David quiere construir una casa a Yahveh; sin embargo, será Dios quien de una casa a Israel (territorio) y quien conceda una casa a David (dinastía).

David tiene un deseo profundo, un anhelo intenso, una aspiración en su corazón que va más allá de él mismo: construirle a Dios, lo que él considera una digna morada.

Sin embargo, Dios tiene otro proyecto, otro plan para David. Será precisamente Yahveh quien construirá una casa a David: una estirpe, un linaje, una dinastía. Dios le otorgará a David una descendencia y le concederá estabilidad.

Pero la generosidad de Dios no se queda únicamente ahí. Si no que también a su Pueblo Israel hace la promesa de la salvación y la estabilidad definitiva: “Asignaré un territorio a mi pueblo Israel y en él lo plantaré para que habite en él y no vuelva a ser perturbado.”

También, a su Iglesia, por medio de Jesucristo, Dios Padre ha regalado la salvación y estabilidad absoluta y por siempre, no nos olvidemos nunca de darle gracias por ello.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuál es el deseo apasionado que albergas en tu corazón? ¿Has tomado en consideración a Dios? ¿Cuentas con él?
  • ¿Qué lugar ocupa Dios en tus sueños? ¿En tus metas y objetivos? ¿En tus proyectos?
  • Te has preguntado alguna vez, ¿cuál es el deseo ardiente que Dios tiene para ti? ¿Estarías dispuesto a que Dios trastocase tus planes?
  • ¿Dónde has fundamentado tu estabilidad?

VIDA – ORACIÓN

Imagen de Alexas_Fotos en Pixabay

Salmo 127

Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los que la construyen;

Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila el centinela.

De nada os sirve levantaros pronto, acostaros tarde y comer el pan ganado con sudores,

cuando Dios se lo da a sus amigos aunque duerman.

Los hijos son un regalo del Señor; el fruto de las entrañas, una recompensa.

Como flechas en manos del guerrero, así son los hijos de la juventud;

dichoso el que llenó de ellos su aljaba,

no será avergonzado cuando entre en pleito con sus enemigos en la plaza.

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