“CONSOLAD, CONSOLAD A MI PUEBLO” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA DEL SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO – CICLO B

VERDAD – LECTURA

Is 40,1-5.9-11

“Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-, hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados”. Una voz grita: “En el desierto, preparadle el camino al Señor; allanad en la estepa la calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos -ha hablado la boca del Señor-“. Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: “Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, su brazo lo somete todo. Mirad, viene con él su salario y su recompensa lo precede. Como un pastor apacienta su rebaño, en su brazo recoge a los corderos y los lleva en su regazo; él mismo cuida a las ovejas que crían”.

Nos adentramos con este pasaje, en la segunda parte del libro del profeta Isaías (40—55), llamado segundo Isaías, porque se considera que el autor de esta parte es distinto del de la primera, y conocido además como el libro de la consolación.

La actividad del segundo Isaías se desarrolla durante el destierro de Babilonia (s. VI a. C.).

La liturgia hoy nos ofrece un emotivo y apasionado poema de consolación y esperanza, en el que se anuncia la liberación de Israel por parte de un Dios, que le cuida de la misma forma en que el pastor cuida de su rebaño y de sus ovejas más débiles.

Me parecen muy importante las primeras palabras de esta primera lectura: Consolad, consolad a mi pueblo. Es decir, ofrecedle alivio, descanso de la pena, de la fatiga, del dolor, de la aflicción que le embarga. Animadlo, reconfortadlo, ofrecedle estímulo, sostenedlo. Porque todo ese dolor que ahora siente a causa del destierro no es permanente, no dura para siempre.

Hablad al corazón de mi pueblo y decidle que Dios ha perdonado su pecado. Que Dios lo ha mirado con entrañas de misericordia, que Dios quiere facilitarle la vida, que Dios quiere devolverles la felicidad, de la que él mismo se había apartado al alejarse de la bondad de Dios.

Yahveh liberará a su pueblo del dominio de Babilonia y le hará regresar a la Tierra Prometida. Aunque ese camino de regreso ha de prepararlo Israel. Puede ser un camino duro y escabroso, pero Dios estará al lado de su pueblo, le acompañará, caminará junto a él.

En el desierto, el pueblo de Israel volverá a encontrarse con Yahveh, lo mismo que ocurrió durante el Éxodo. Allí, de alguna manera, el pueblo ha de depurar su actitud, su manera de proceder, de comportarse; ha de volverse a Dios y mirar desde su mirada, desde la perspectiva de Dios, desde el amor de Dios.

Ese reencuentro con Yahveh y ese regreso a Jerusalén, no es para vanagloria del pueblo, si no para que se manifieste la gloria de Dios, la cual será visible a toda criatura.

Anuncia ese consuelo, esa esperanza, esa ilusión a mi pueblo. Esa es la misión que Dios le encomienda al profeta. Anuncia buenas noticias a mi pueblo. Ya bastantes malas noticias se le han anunciado, ya hay muchos pájaros de mal agüero que únicamente ven lo negativo que ocurre a su alrededor.

En medio de tanta oscuridad como muchas veces nos envuelve, existe un poco de luz, posiblemente tenue, débil, pero luz. Una luz que es la presencia de Dios en nuestras vidas. La presencia activa de Dios, que nos recoge, nos alimenta, nos abraza, nos lleva en su regazo y nos hace descansar y sentirnos protegidos y a salvo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Eres capaz de percibir las luces, las señales de esperanza, la positividad que existe a tu alrededor? ¿Cuáles son esas señales?
  • ¿Qué actitudes deberías depurar en tu vida para darte cuenta de esas señales? ¿Dónde deberías poner tu “foco”?
  • ¿Eres anunciador de malas o de buenas noticias? Y sobre todo, ¿eres anunciador de la bondad de Dios?
  • ¿De qué manera puedes vivir este adviento con una mayor esperanza? ¿Cómo transmitir esa esperanza a las personas que están a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

Os invitamos a orar con el Salmo 92.

Salmo 92

Es bueno dar gracias al Señor

y cantar a tu nombre, oh Dios altísimo;

proclamar tu amor por la mañanay tu fidelidad a lo largo de la noche.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

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