Dichosos – Bienaventurados. Lectio Divina del Domingo de Todos los Santos – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,1-42

Aunque en nuestra vida hay cosas que nos hacen sentirnos gozosos, contentos, no hay mayor alegría para un cristiano que gozar de la constante presencia del Señor; por eso, sus discípulos iban tras Él y mucha gente le seguía.

Hoy celebramos la fiesta de “Todos los Santos”, aquellos que siendo como nosotros, hoy están con Él, viéndolo cara a cara, los que forman parte del Reino de los Cielos, los que podemos llamar “bienaventurados” porque en su vida obraron bien, hablaron bien, dijeron bien para los otros, los afortunados, los dichosos. Esos que como la muchedumbre y los discípulos, siguieron a Jesús y se acercaron a Él para aprender de su vida y de sus palabras. Y Jesús, «tomando la Palabra, les enseñaba», lo que de verdad, debe dar alegría a un cristiano.

Una vez más, el evangelio de este domingo, nos viene a decir que nuestras aspiraciones y planes, no son los de Dios. Su plan es que los cristianos nos caractericemos por ser: mansos, hambrientos y sedientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, trabajadores incansables por la paz; aunque ello nos haga objeto de persecuciones e injurias. Sólo viviendo así, podremos alcanzar el Reino de los Cielos, ese lugar del que no sabemos su ubicación física, aunque lo solemos colocar en el cielo. Si bien, más que un lugar es un estado eterno, porque cuando tenemos a Dios delante, el tiempo ni importa ni existe. Sólo Dios es lo importante.

Hoy es la fiesta de todos aquellos que han tomado posesión de la tierra prometida, los que ya disfrutan de la herencia del Señor, porque como hijos del mismo Padre, tenemos cada uno nuestra parte a su lado; donde el llanto, la preocupación, los problemas ya no existen, porque todo es nada ante Dios, su consuelo. Ya no existen el egoísmo, las discordias, las disputas, sólo la paz y la justicia, la misericordia de un Padre que nos espera a todos con los brazos abiertos y nos perdona nuestros fallos cuando hemos querido ver con los ojos de Dios, con un corazón limpio, como el suyo. Esta es nuestra «recompensa», aunque durante nuestra vida terrena hayamos sido injuriados y perseguidos.

Es el día hoy de estar alegres y contentos por todos aquellos, anteriores a nosotros, que disfrutan de la dicha de los hijos de Dios y un día para la esperanza, porque sabemos que si actuamos como Jesús nos dice, tendremos, también, un lugar para nosotros en el Reino.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Sientes devoción especial por algún santo?
  • ¿Has conocido algún santo en tu vida?
  • ¿Sólo son santos los que aparecen en el calendario o hay algún santo más?
  • ¿Sabes qué significa ser santo?
  • ¿Sabes quiénes son los santos canonizados?
  • ¿Cómo definirías tú ser santo a una persona que te preguntara?
  • ¿Podrías decir de ti mismo que eres bienaventurado?
  • ¿Qué bienaventuranza te llama más la atención?
  • ¿Crees que es fácil ser bienaventurado cuando nos injurian y nos persiguen?
  • ¿Qué crees que deberías pedirle al Señor hoy para ser contado entre los bienaventurados?

VIDA – ORACIÓN

Muchos son los santos que hay en nuestros altares, en nuestras estampas; pero muchos más los santos que te han seguido y que no aparecen en el calendario. A todos nos gusta figurar, ocupar los primeros puestos, estar económicamente bien situados, gozar de prestigio.

Te pedimos, por intercesión de aquellos que compartieron su vida con nosotros, y que hoy están contigo en el Reino de los Cielos, que nos concedas la fuerza de voluntad que necesitamos para hacer vida tu evangelio, para poner nuestra mirada en lo que de verdad es importante, en Ti. Así sea.

¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley? Lectio Divina Domingo XXX del T.O. (Ciclo A)

ATENCIÓN: Puedes oir el audio de esta Lectio Divina, el próximo domingo, en el muro de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 22,34-40

Volvemos, este domingo, a encontrarnos con un nuevo debate entre Jesús y los fariseos. Después de la polémica tenida con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos.

Los fariseos vuelven a reunirse para deliberar y deciden ponerle una trampa a Jesús. En esta ocasión, por medio de uno de ellos, experto en la Ley; el cual, le interpela acerca de ¿cuál es el primer mandamiento de la Ley. Un tema frecuentemente discutido entre los entendidos en la Ley, los cuales intentaban averiguar si existía algún mandamiento que englobase a los demás, es decir, que observándolo se observara toda la Ley. Respuesta harto complicada, si tenemos en cuenta que los escribas habían contabilizado 613 normas que debían cumplirse para ser un buen judío: 248 normas positivas, es decir de que cosas que se debían hacer y 365 negativas, es decir de cosas que no se podían hacer. Ante tanta regla, era comprensible que se preocuparán por determinar cuáles tenían más importancia y cuáles menos.

Jesús ante la pregunta responde claramente con una cita plenamente conocida por semita se trata del Shemá, que todo judío piadoso debía recitar por la mañana y por la tarde: «Amará al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Dt 6,5).

Pero qué significa amar a Dios. No es un simple sentimiento, no es una simple emoción, no es un simple quedar extasiado o embobado con Dios. Es acto, es acción, es movimiento… Las tres facultades del hombre «corazón, alma y mente», es decir su capacidad afectiva, su capacidad de relación con lo trascendente y su capacidad intelectual deben ponerse en juego. En otras palabras, la persona entera es la que debe amar a Dios. Amar a Dios significa dedicar toda nuestra vida a él. Toda la Ley puede resumirse en este mandamiento.

Sin embargo, aunque no ha sido preguntado, Jesús da un paso más y les dice: «Y el segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo». También aquí encontramos una cita de la Ley, concretamente Lv 19,18. Cita contenida dentro de una serie de preceptos que regulan mi relación con los demás.

Pero, ¿quién es, en realidad, mi prójimo? Para los judíos el prójimo eran únicamente los israelitas. Aunque en otros ambientes, como el judaísmo de origen griego, se da a este término un significado universal, será Jesús de Nazaret quien verdaderamente defenderá y fundamentará su doctrina en esto; ama al prójimo como te amas a ti mismo. Primero has de amarte tú y después derramar ese amor hacia el prójimo. He de lograr compaginar armoniosamente mis derechos con los derechos de los demás, aunque no me caigan bien o me estén fastidiando. Esto si queréis yendo a la letra, pero si vamos al espíritu de este pasaje y de lo que entendía Jesús por amor al prójimo nos damos cuenta, que en algunas ocasiones, amar al prójimo significa incluso renunciar a mis derechos en favor del otro, aunque este sea mi «enemigo», aunque el cristiano debería desechar esa palabra de su vocabulario, pues todos somos hermanos, también el que me está hostigando. Nadie ha dicho que el cristianismo fuera fácil, es más fácil cumplir una serie de normas que regulen nuestra manera de comportarnos con los demás respetando sus derechos. Pero llegar a renunciar a la propia vida, incluso por quien me incomoda o me hace daño, eso sólo puede hacerlo un cristiano.

La combinación de estos dos mandamiento no se encuentran en ninguna otra fuente que no sea el Nuevo Testamento, por eso podemos concluir que, ésta es una enseñanza propia de Jesús de Nazaret, de Jesucristo, de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, por tanto de Dios, que no ha dejado a los cristianos como legado, para que cumplamos y mostremos con ella en qué consiste el Reino de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Respondo sinceramente, y sabiendo que estoy en la presencia de Dios ¿Cuál es para mí el mandamiento principal de la ley? ¿Es verdaderamente el amor a Dios y a los hermanos?
  • Para amar al prójimo es indispensable que me ame a mí mismo, ¿cómo anda mi autoestima?
  • ¿A quién o a quiénes considero, de verdad, mi prójimo?
  • ¿Cómo acojo en mi vida el mandamiento del amor? ¿Amo sinceramente a quien incluso me fastidia, me molesta, me hace daño?

VIDA – ORACIÓN

Señor, hazme un reflejo de tu bondad. Que en cada prójimo vea a un hermano. Que su dolor sea el mío. Dame el don para suavizar sus penas y compartir su espíritu.

Que yo pueda infundirle valor y esperanza llevándole un mensaje de amor por la confianza en Ti.

Haz que todas sus tareas las emprenda con decisión, abnegación y perseverancia.

Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

http://jesustesana.blogspot.com.es/2013/05/oracion-por-el-projimo.html

Dad a Dios lo que es de Dios. Lectio Divina del Domingo XXIX del Tiempo Ordinario. Jornada Mundial del DOMUND– Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 22,15-21

Durante este año, estamos leyendo el evangelio según san Mateo. Este domingo nos centramos en el capítulo veintidós. Nos quedan seis capítulos para terminar su lectura y es que ya se acerca el final del año litúrgico. Por eso, la lectura de hoy nos acerca al final de la vida de Jesús.

Los fariseos, fieles cumplidores de la Ley, buscaban el modo de terminar con Jesús y se reunieron para llegar «a un acuerdo» y «comprometer a Jesús con una pregunta» que no estaba exenta de “veneno”. Pero no van ellos directamente, sino que mandan a «unos discípulos, con unos partidarios de Herodes», que era el tetrarca de Galilea y tenía poder para condenar a Jesús.

Los enviados, intentan adornar la pregunta para hacer que Jesús caiga en su trampa y le dicen: «Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».

Con tanto preámbulo, Jesús comprendió «su mala voluntad» y les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?». Su falsedad ha quedado al descubierto. En el fondo, lo que los fariseos querían saber es si Jesús estaba de acuerdo con ellos en eludir los impuestos y tributos que había que pagar al César. Si Jesús se mostraba de acuerdo con ellos, podía ser condenado por el César y además, daba pie a que sus discípulos participaran de las revueltas contra los impuestos del César. De ahí, que manden a los partidarios de Herodes, que estaban a favor del imperio romano, para que si caía en la trampa, fuera apresado inmediatamente.

Jesús les remite a mirar la moneda. Le enseñan un denario y les pregunta de quién es la cara y la inscripción. «Ellos respondieron: “del César”». Y Jesús, sin dudarlo, les contesta: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Jesús no elude sus deberes ante el gobierno civil, que es un gobierno temporal. Él apunta a un gobierno, a un Reino que está más allá de las fronteras del espacio y del tiempo: el Reino de Dios. Jesús, les ha recordado su obligación de cumplir con el César, pagar los tributos, y de separar el poder civil del religioso. No pueden, ni deben, negarse a cumplir con sus obligaciones de ciudadanos. Pero tampoco pueden olvidarse de sus obligaciones para con Dios.  

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Cuántas veces has intentado engañar a otro con frases aduladoras?
  • ¿Has hecho eso, alguna vez con Dios?
  • ¿Has intentado manipular la Palabra de Dios o a Dios mismo para que te diga lo que tú quieres oír?
  • ¿Cumples con tus obligaciones como ciudadano?
  • ¿Eres consciente de que después de este mundo nos espera un Reino eterno?
  • ¿Cómo te preparas para su llegada?
  • ¿Cómo colaboras desde tu situación con la evangelización de todos los pueblos?

VIDA – ORACIÓN

Señor, me da miedo lo desconocido,

me veo insignificante y débil,

pero me fío de Ti, que me amas

y has querido contar conmigo

para llegar al corazón de otros. 

Aquí estoy, envíame.

Tú me muestras la Iglesia entera,

mucho más allá de lo que alcanzo a ver.

Señor, quiero ayudar a que tu Evangelio

siga sanando la dignidad herida

de tantas personas en el mundo.

Aquí estoy, envíame.

Tú puedes hacer de mí

un cristal transparente

ante quienes no te conocen,

ante quienes sufren la injusticia,

el dolor, la enfermedad, la pobreza,

el hambre de pan, el hambre de vida.

Aquí estoy, envíame.

VEN AL BANQUETE DE BODAS – LECTIO DIVINA DEL DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 22,1-14

El mensaje de la parábola es, aparentemente, bastante claro. Un rey envía a sus criados a llamar a los invitados a la boda de su hijo. Pero estos no quieren asistir a la misma.

Por segunda vez, vuelve a enviar a otros criados a insistir en la invitación. Y, nuevamente, no sólo no les hacen caso, sino que además algunos de ellos marchan a «sus asuntos» y otros maltratan y matan a los criados. El rey se irrita y envía a sus tropas a destruir la ciudad de estos «malvados».

A renglón seguido, viendo que esos invitados no eran dignos; pero, el banquete está preparado, vuelve a enviar a sus criados a buscar comensales. Los cuales salen a los caminos e invitan a todos los que encuentran. La sala del banquete se llena de invitados.

Sin embargo, al entrar el rey a saludarlos se fija que hay una persona que no llevaba el traje adecuado para la boda. Lo recrimina pero él no responde. Por lo cual, es expulsado del banquete.

Hasta aquí, si queremos, una lectura superficial o si queremos literal del relato. Pero, me gustaría profundizar algo más en el mismo; primeramente, desde una lectura del contexto en el que escribe Mateo y luego desde una lectura eclesial.

Recordemos, que Mateo escribe para una comunidad que, eminentemente, procede del judaísmo. Muchos de los lectores o «escuchadores» de esta parábola en la comunidad de Mateo conocen perfectamente la historia del Pueblo de Israel. Toda la historia de Israel ha sido una clara invitación al banquete de bodas mesiánica. Pero, ¿qué ocurre? Que los criados enviados para invitar a dicha boda han sido rechazados, es más han sido maltratados e, incluso, asesinados. No podemos menos, que ver aquí, una clara alusión a los profetas; es más, en tiempos de Jesús, incluso a Juan, el bautista.

¿Qué hace entonces el rey? Envía destruir la ciudad de los invitados, posible alusión a la destrucción de Jerusalén del año 70, y envía a más criados a que salgan a los caminos a invitar a todos los que encuentren, buenos y malos, porque el banquete está preparado. Me detengo un instante, en esta expresión buenos y malos. Traigamos a nuestra memoria la parábola del trigo y la cizaña; ambos crecen juntos hasta la siega. Todos están invitados al banquete, y ninguno de nosotros tiene porqué excluir a nadie; esta función le compete al dueño del campo, en este caso al rey. El cual, percibe como uno de los invitados no lleva puesto el traje adecuado, no lleva traje de boda. En las bodas, en época de Jesús, en ningún sitio estaba prescrito que uno debía vestir un traje especial; bastaba un vestido limpio, luego volveremos sobre ello. Este personaje es expulsado del banquete. Hasta aquí, si queremos, la lectura desde el contexto en el que escribe Mateo.

Profundicemos un poco más, desde una lectura eclesial o si preferimos desde una lectura cristiana actual del texto. Dios ha ido revelándose a la humanidad durante siglos y siglos. Ha ido invitando, en distintos momentos de la historia, al banquete de bodas de su hijo, el novio.

La Iglesia es a su vez, la novia y la invitada a la boda. Al igual que los invitados de la parábola podemos aceptar o rechazar la invitación, es más podemos, incluso, maltratar y matar a los enviados, a los criados, a aquellos que anuncian la Buena Nueva. Es cosa nuestra y nos atendremos a las consecuencias, no porque el rey así lo haya querido, sino porque nosotros lo hemos querido y provocado. Somos nosotros los que no queremos saber nada del rey, su banquete y su hijo, y nos vamos a nuestros asuntos; es más, cómo en muchos momentos de nuestra vida, la mayoría, estos criados-enviados son bastante pesados y nos molestan, optamos por quitarlos de en medio. Así es nuestra actuación en más de una ocasión. Y tenemos que asumir las consecuencias. No tiene porqué extrañarnos que el rey (Dios) envíe a sus mensajeros a invitar a otros que encuentre por los caminos (¿pecadores y prostitutas?).

Es posible, también, que cualquiera de nosotros seamos de los que hemos entrado en el banquete; a ello estamos llamados y además de una manera reiterada. Cuando estamos disfrutando de él o a punto de comenzar el mismo, entrará el rey (el Padre), saludará a cada uno de los comensales y reparará en uno que no lleva puesto el traje adecuado. Es decir, uno que no se ha convertido totalmente y con todo su ser al mensaje del Reino, uno que no ha querido cambiar de estilo de vida, uno que no ha querido asumir la actitudes vitales de Jesús y que además lo ha hecho de manera consciente e intencionada. Sí, quiere beneficiarse del banquete, pero sin arriesgar nada, sin poner nada de su parte; quiere banquetear en el Reino pero seguir llevando la misma vida que hasta ahora; quiere que Dios cumpla su parte del pacto pero él poderla incumplir siempre que le convenga; quiere ser beneficiario de los dones de Dios pero sin amar a Dios.

Desde este punto de vista, hemos de ver además y entender, la última frase de este pasaje: «son muchos los llamados, pero pocos los escogidos». Mas que en sentido cuantitativo, creo que esta expresión habría que leerla en sentido cualitativo, y me explico. Las llamadas por parte de Dios son infinitas, siempre está llamando a entrar en el banquete, y nos está llamando a toda la humanidad, sin distinción alguna, lo hace reiteradamente, en todo momento y cada lugar. Sin embargo, la elección está en nuestra manos, nosotros podemos voluntariamente participar o no en el banquete de bodas. Eso sí, debemos llevar el traje adecuado, debemos vivir como invitados a la boda, no podemos «nadar y guardar la ropa». Hemos de vivir en continua conversión, teniendo presente las actitudes vitales de Jesús y dejando que el Espíritu nos modele según el modelo que es el Hijo. Así seremos uno de esos comensales a los que el rey saludará, se sentará con él, comerán y conversarán como amigos durante el banquete. No es Dios el que escoge, Dios llama, la elección es cosa nuestra.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios te está invitando continuamente a entrar en el banquete del Reino. ¿Cuál es tu repuesta ante esta invitación? ¿También tú tienes otros negocios que atender o incluso, de alguna manera matas a los criados que él te envía?
  • ¿Qué siente al ser invitado a la boda? ¿Está dispuesto a asistir al banquete?
  • Si estás dispuesto, tienes que llevar puesto el traje adecuado, ¿qué debes hacer para despojarte de tus viejos vestidos y vestir el traje nuevo? ¿De qué prendas debes despojarte y qué prendas debes adquirir? ¿A qué tienes que renunciar para entrar en el banquete?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por estar llamándote continuamente a participar en el banquete del Reino junto a todos nuestros hermanos.
  • Pide al Señor que te ayude a despojarte de tus viejos vestido y a vestirte con el traje nuevo de la boda del Reino.
  • Alaba a Dios por todos los beneficios que a diario te regala, todo proviene de Dios.

IMPORTANTE: Esta Lectio Divina puedes encontrarla, también, en audio, el próximo domingo en el muro del perfil de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es

Lo matamos y nos quedamos con la herencia. Lectio Divina del Domingo XXVII del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 21,33-43

Cada uno de nosotros conoce perfectamente las cosas que hay en su casa. Por eso, cuando recibimos la visita de alguien de fuera, lo primero que hacemos es decirle dónde están las distintas estancias, por si necesitan algo. O, cuando dejamos nuestra casa para que vivan otros, les explicamos dónde están las cosas.

En el evangelio de hoy, Jesús presenta una parábola a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, a los “presbíteros”. Ellos son quienes ofrecían los sacrificios a Dios. En la parábola, Jesús les habla del propietario de un terreno que planta una viña, la rodea con una cerca, cava en ella un lagar, construye la casa del guarda, la arrenda a unos labradores y se va de viaje. Pero cuando llega el tiempo de la vendimia, manda a sus sirvientes a recoger la parte del fruto que le correspondía. La respuesta de los labradores fue, por dos veces seguidas, maltratarlos y matarlos para no darle al dueño lo que era suyo.

El dueño de la viña no desiste y le manda a su hijo, creyendo que así le respetarían. Sin embargo, los labradores, hacen con el hijo lo mismo que hicieron con los criados, creyendo que así, al matar al descendiente, se quedarían con la herencia del señor.

A continuación, Jesús pregunta a los ancianos y sumos sacerdotes: «cuando vuelva el dueño de la viña, qué hará con aquellos labradores?». Ellos responden con la “ley del Talión”. Les hará lo mismo. Los matará y entregará su viña a otros labradores «que le entreguen los frutos a su tiempo».

Ahora llega el momento en que Jesús les explica la parábola que no han entendido: «se os quitará el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos»; porque el Reino de Dios es para todos pero ellos lo han rechazado, no han dado los frutos que el Señor desea. Por eso lo compara con «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Has dejado alguna vez tu casa para que vivan otros?
  • ¿Cómo la has encontrado a tu vuelta?
  • ¿Con qué personaje del evangelio te identificas más? ¿Los labradores, el dueño de la viña, el hijo, los sumos sacerdotes, los ancianos?
  • ¿Quién es para ti ese dueño de la viña?
  • ¿Quién es para ti el hijo?
  • ¿Quienes son los criados de la primera y la segunda vez?
  • ¿Has rechazado a alguien o a algo pensado que no tenía valor y te has equivocado?
  • ¿Cómo acoges el Reino de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Cuántas veces Señor, desde el origen, los hombres hemos querido ser dioses. Nos enviaste a los patriarcas, a los profetas, a tu Hijo y aún así, nos resistimos. ¿Hasta cuándo, Señor, seguiremos siendo tercos y duros de corazón? Aumenta nuestra fe, danos entrañas de misericordia, un corazón capaz de amar y acoger a Ti, a tu Palabra y a aquellos que Tú nos envías. Así sea.