Verdadero seguimiento de Jesús – Lectio divina del domingo XXII del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 16,21-27

Nos encontramos en Cesarea de Filipo, inmediatamente después de la llamada profesión de fe de Pedro, en la cual éste ha reconocido y proclamado a Jesús como Hijo de Dios. Justamente, a continuación, el evangelista nos relata la narración con la que hoy vamos a orar. Para facilitar la acogida, asimilación y puesta en práctica del texto, me parece interesante que lo dividamos en dos partes:

             a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

             b) La exigencia del seguimiento de Jesús.

a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Jesús comienza, poniendo de relieve la obligación que tiene de ir a Jerusalén. Una obligación que debe cumplir, pues esa y no otra es la voluntad del Padre. En su plan de salvación entra, precisamente, el que su Hijo vaya a Jerusalén, sufra la pasión, muera y al tercer día resucite de entre los muertos. Plan salvador, obligación o deber ,que Jesús acepta voluntariamente. Jesús se abandona totalmente en las manos y en la total confianza al Padre, sin oponer resistencia alguna.

Jesús, como ser humano, poco a poco, se había ido haciendo consciente de la situación en la que se encontraba: era totalmente rechazado por las autoridades y por los que se consideraban depositarios de las verdades religiosas y, por tanto, salvíficas para el pueblo. Él sabía que era necesario pasar por una situación de muerte, para después ser glorificado por el Padre. Además por lo que podemos deducir por el contexto del evangelio, este acontecimiento era inminente: Juan había sido ejecutado, Jesús se había enemistado con los dirigentes religiosos de su pueblo, había quebrantado la Ley… Sin embargo, a pesar de todo esto, decide continuar con sus misión. Está firmemente convencido y seguro de la misma. Tal es así, que decide hacer partícipes a sus discípulos de la misión que el Padre le ha encomendado.

Sin embargo, sus discípulos están demasiado lejos de su perspectiva como para aceptar aquello, sin poner pega alguna. Es Pedro quien toma la iniciativa y, en este momento es «piedra de tropiezo» para Jesús en su camino. Es un obstáculo. Pero no sólo eso, se atreve incluso a increparle, a reprocharle por su actitud ante la misión que el Padre le ha confiado.

Jesús reacciona con fuerza: ¡Ponte detrás de mí, Satanás! Esta fuerte expresión dicha a Pedro tiene por objeto hacerle volver al lugar que le corresponde como discípulo. La finalidad, no es otra, sino la de restablecer la relación entre el Maestro y el discípulo, poniendo a Pedro en su sitio, manteniéndolo en su lugar. Sólo desde la posición de discípulo, de seguidor de Jesús, será Pedro capaz de comprender, aunque sea mínimamente, lo que el Padre está pidiendo a Jesús.

Y mantenerse en el lugar del discípulo tendrá sus consecuencias y sus exigencias. Veámoslas a continuación.

b) Las exigencias del seguimiento de Jesús

La primera consecuencia del seguimiento de Jesús, del discipulado, es que, al igual que Jesús, los discípulos también deben cumplir con su misión. Ellos han sido llamados al seguimiento y deben asumir todas las implicaciones que ello conlleva. No basta con haber recibido la llamada; el discípulo, además, ha de responder a ella, acoger el compromiso que eso supone y ponerla en práctica.

El discípulo tiene que negarse a sí mismo. Lo cual significa, dejar de pensar de manera egoísta, dejar de ser el centro; aunque esto no quiere decir, que uno tiene que dejar de ser como es, o de dejar de ser lo que es o tener una baja autoestima. Jesús lo que está pidiéndonos a todos, los discípulos de entonces y los de ahora, es, simplemente, cambiar el orden de nuestras prioridades; Jesús nos pide que nos mantengamos abiertos a la voluntad de Dios y al servicio de los demás. El verdadero discípulo ha de aprender a vivir entregando la vida, para volver a reencontrarse con ella, ha de aprender a caminar con esperanza, sabiendo que en el servicio y en la entrega a nuestros hermanos más necesitados está la plena felicidad. Ayudar a otros, ponerte al servicio de los demás, defender la justicia, reducir el sufrimiento de los que te rodean… ahí está la verdadera felicidad y el verdadero desarrollo personal.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase te ha tocado el corazón en este momento? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en las circunstancias concretas que actualmente estás viviendo?
  • ¿Qué actitud adoptas ante la misión que Dios te tiene encomendada?
  • ¿Estás dispuesto a llevar a cabo esa misión asumiendo todas las consecuencias?
  • ¿Qué significado y qué consecuencias tiene para ti el negarte a ti mismo desde la perspectiva que hemos visto más arriba?
  • ¿Asumes que la verdadera felicidad se encuentra en hacer la voluntad de Dios y ponerte al servicio de tus hermanos?

VIDA – ORACIÓN

Padre mío

Me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco.

Estoy dispuesto a todo,

Lo acepto todo,

Con tal que tu voluntad se haga en mí

Y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en tus manos.

Te la doy, Dios mío,

Con todo el amor de mi corazón.

Porque te amo

Y porque para mí amarte es darme, 

Entregarme en tus manos sin medida,

Con una infinita confianza, 

Porque tú eres mi Padre.

(Inspirado en Carlos de Foucauld)

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