El poder del infierno no la derrotará. Lectio Divina del Domingo XXI del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 16,13-21

El evangelio de esta semana, nos centra en Cesarea de Filipo, ciudad de la Transjordania, situada a los pies del monte Hermón, sobre el mar de Galeliea. Allí estaban Jesús y sus discípulos.

Jesús les pregunta: «¿Quién dice la gente que es el Hijo de hombre?». Para el Antiguo Testamento, ser “hijo del hombre”, era ser hijo de Adán. En Dan 7,13, será quien derribe las fuerzas del mal. Y el que es capaz de vencer las fuerzas del mal, es Cristo. Por eso, para el Nuevo Testamento, será Jesucristo “el Hijo del hombre”.

Los judíos veían “algo” en Jesús que lo hacía distinto de los demás, por eso, cuando hablaban de Jesús, pensaban que sería Juan el Bautista, Elías, Jeremías o uno de los profetas. La gente dudaba, no tenía claro quién era. Pero a Jesús, no le importaba lo que los demás dijeran. Quería saber qué decían “los suyos”, los discípulos. Y les pregunta: «¿Quién decís que soy yo?».

Simón Pedro le dice: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Con esta respuesta, Simón, afirma que Jesús, además de ser hombre, es Dios.

Jesús le responde: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». La fe no es producto de la imaginación humana, sino un don de Dios.

Y añade Jesús: «Tú eres Pedro. Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». La fe edifica la Iglesia. Dios la fundamenta «y el poder del infierno no la derrotará». Pedro es el vicario de Cristo. Y en él, este poder, se hace extenso para todos los que vienen detrás de él.

Los discípulos ahora saben, por la fe, que Jesús es el Mesías. Pero Jesús les manda que no se lo digan a nadie, porque la fe es un don, pero es experiencia. Es el contacto con Jesús, la relación que tenemos con Él, la que nos hace reconocerlo; y eso es algo personal, único. Cada uno, hemos de vivir esa experiencia. 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Qué dice la gente sobre Jesús?
  • ¿Qué dicen de Jesús aquellos que tenemos más cercanos?
  • ¿Te has preguntado alguna vez quién es Jesús para ti?
  • ¿Crees que la Iglesia tendrá final?
  • ¿Has pensado alguna vez que todo esto de la fe, de la Iglesia, de Pedro, es una invención humana?
  • ¿Cómo vives el vicariato de Pedro?
  • ¿Crees que Pedro y sus seguidores tienen el poder de atar y desatar?
  • ¿Cómo vives el sacramento de la reconciliación?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, por el don de la fe. Gracias porque siendo hombre, como nosotros, eres Dios. Y gracias, porque siendo Dios, te preocupas del hombre.

Perdóname porque muchas veces me paro a criticar a la Iglesia sin fundamento, sin conocerla, porque sólo voy a misa los domingos y me creo que, con eso, ya soy el mejor de los católicos.

Ayúdame, Señor, a saborear tu amor en cada Eucaristía, a gustar de Ti, que te haces presente en cada sacramento. Quiero conocerte, pasar un rato a tu lado cada día, mirarte y hablarte, como se le habla a un amigo.

Creo, Señor, pero aumenta mi fe. Así sea. 

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