“Yo soy el Pan Vivo”.Lectio Divina de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 6,51-58

Nos encontramos en este domingo, en el que celebramos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, con un “discurso” pronunciado por  Jesús en la sinagoga de Cafarnaún (Jn 6,59). Anteriormente a esto, el autor del Cuarto Evangelio nos ha narrado como los judíos, refiriéndose claramente a los dirigentes del Pueblo de Israel, murmuraban contra él, por haber afirmado: “Yo soy el pan bajado del cielo” (Jn 6,41). Lo cual había desatado una cierta controversia. Lo primero, porque ellos conocen bien los orígenes Jesús; ¿cómo puede, entonces, decir que ha bajado del cielo? Pero aún hay más, está claramente blasfemando; del cielo solo procede Dios; los judíos pensaría que aquel “insensato” se estaba autoproclamando como Dios. Pero es más quiere darse en alimento, algo totalmente imposible, incluso para nuestra mentalidad. ¿Cómo puede una persona convertirse en alimento para otra? Vayamos por parte.

Si quisiera aclarar, que por muchas explicaciones acerca de este fragmento del evangelio de Juan que yo pueda daros, no voy a desvelar nada nuevo, ni voy a disipar las dudas que podamos tener acerca de la Eucaristía, de la transustanciación, o del misterio eucarístico. Nos encontramos precisamente ante un misterio. Lo cual no tiene nada que ver con algo secreto o algo reservado únicamente a iniciados; tiene más bien que ver con algo que es incomprensible para nuestra mente, algo imposible de entender para nuestra capacidad intelectual por muy superdotado que uno pueda llegar a ser. Todo esto tienen más bien que ver con la experiencia. La eucaristía hemos de experimentarla, hemos de vivirla. Sin hacer la experiencia de ponerse delante del Santísimo, en total apertura, sin prejuicios, con todo nuestro ser, es imposible poder siquiera llegar a vislumbrar un poquito de este misterio. Por eso, invito a toda aquella persona que lea esta entrada del blog a que haga experiencia de la eucaristía, de la adoración eucarística y de estar a solas, como diría Santa Teresa de Jesús, con aquel que sabemos nos ama. Sabiendo que, hacer experiencia, en la mayoría de los casos, requiere además tiempo.

Y dicho esto, ahora sí, vamos a comentar la lectura que hoy nos regala la liturgia. La primera afirmación de Jesús: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo”. Con ello quiere decir a sus contemporáneos y a nosotros que escuchamos hoy la Palabra, que él procede del Padre, el cual es fuente de vida plena y verdadera. Y de la misma manera que lo es el Padre, lo es Jesús. Sí, Jesús es principio, origen, fundamento y desarrollo de una vida que puede llegar a ser plena y verdadera. Para ello será imprescindible entrar en comunión con él, en unión íntima, en relación estrecha; es imprescindible asimilar el Espíritu manifestado en la realidad humana de Jesús. De esta manera el ser humano “vivirá para siempre” (Jn 6,51); es decir, tendrá vida eterna. Una vida muy distinta, posiblemente, a nuestra vida física y actual; pero, al fin y al cabo, vida y vida en plenitud.

Para los judíos, y probablemente para muchos de nosotros, estas palabras de Jesús eran  y son inconcebibles, absurdas, intolerables: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”. Posiblemente, pensarían en alguna cuestión extraña de canibalismo. Sin embargo, Jesús no hablaba en sentido literal o en términos absolutos, que era como lo habían entendido ellos; por eso, no llegan a entender el significado verdadero de comer su carne. Jesús, en realidad está hablando de entrar en comunión plena con él; entrar en unión intima, de apropiarse de las actitudes vitales de Jesús, de sus valores, de su modo de vivir. Es más, los judíos no fueron capaces de acoger que Dios quisiera entrar en relación o en unión plena con el ser humano.

Comer la carne de Jesús y beber su sangre es aceptar a Jesús como nuestro punto de partida y de llegada, como nuestra referencia esencial, indispensable y necesaria para llegar al Padre y alcanzar así la vida eterna. Comer su carne y beber su sangre es hacer propio su amor incondicional y extremo. Un amor que le llevó incluso a entregar la vida por la salvación del género humano. Un amor que le llevo a liberarnos definitivamente de las ataduras de la muerte. Un amor que no espero nada a cambio, que lo hizo entregarse gratuita e incondicionalmente para que todos nosotros tengamos una vida plena y definitiva.

Y el discípulo de Jesús ha de ser capaz de unirse a él, de identificarse con él; ha de ser capaz de dejarse modelar por el Espíritu para llegar a ser otro Jesús en sus actitudes vitales y amar a los demás como él ama.

El pan y el vino que, en cada eucaristía, se nos ofrece como alimento es Jesús mismo. Estas especies nos dan la fuerza necesaria para que las actitudes vitales de Jesús se conviertan en las nuestras y, de este modo lograremos que nuestro modo de vivir cambien radicalmente. La asimilación del estilo de vida de Jesús y de su entrega acontece comiendo su carne y bebiendo su sangre, acontece en cada eucaristía.

Únicamente, entrando en comunión plena y vital con Jesús, comiendo su carne y bebiendo su sangre, podremos hacer propia la vida que Jesús nos propone. Es la única manera de entrar en unión intima, profunda e inseparable  con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo acoges el don de la vida plena, que Jesús te ofrece en cada eucaristía?
  • ¿Cómo vives, en  tu vida cotidiana, la asimilación del cuerpo y la sangre de Jesucristo?
  • ¿Al asimilar el cuerpo y la sangre de Jesucristo, eres consciente de que poco a poco se tiene que producir en tu vida un cambio radical?
  • En la celebración eucarística, te alimentas de la doble mesa de la Palabra y la Eucaristía, ¿eres consciente de ello? ¿son ambas importantes para ti?¿cómo vives esos momentos?
  • ¿Eres consciente, que comer la carne de Jesús y beber su sangre, te deben llevar a un compromiso mayor en favor de tus hermanos, especialmente los más necesitados? ¿Eres consciente, que estas siendo llamado a ser también transmisor de vida?

VIDA – ORACIÓN

Te doy gracias, Maestro, Vida verdadera y plena,

por haberme hecho el gran regalo de quedarte junto a mí en la Eucaristía,

y salir a mi encuentro, a pesar de mi inconstancia, mi fragilidad y mi debilidad.

En unión con María te ofrezco al Padre:

contigo, por ti y en ti,

sea por siempre la alabanza, la acción de gracias y la súplica

por la paz de los hombres.

Ilumina mi mente,

hazme discípulo fiel de la Iglesia;

que viva de fe; que comprenda tu palabra;

que sea un auténtico apóstol, propagador de tu amor.

Ayúdanos, Maestro Bueno, a todos los cristianos,

para que la Buena Nueva, que proclama la misericordia y el amor de Dios Padre,

llegue hasta los últimos confines del mundo.

Un comentario el ““Yo soy el Pan Vivo”.Lectio Divina de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo A

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