“Id y haced discípulos a todos los pueblos”. Lectio Divina del Domingo VII de Pascua – Ciclo A. Solemnidad de la Ascensión del Señor.

Esta semana, os ofrecemos la Lectio Divina preparada por nuestra colaboradora, Yolanda Muñoz Estepa, de Valencia. Le damos las gracias por su generosidad.

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mateo 28,16-20

Ha llegado la hora en la que el Hijo del Hombre vuelve de nuevo al Padre, como nos viene anunciando en estos últimos días. Estamos celebrando el día de la Ascensión. Y como estamos en el ciclo A, leemos el final del evangelio según san Mateo. El contexto se repite un domingo más: Jesús se despide de los once. Esta despedida tiene lugar en el monte que Jesús había indicado.

Pero si la semana pasada los discípulos aparecían turbados, hoy, los discípulos se postran. Es la actitud que adquieren porque saben que aquel que tienen delante de ellos no es un cualquiera, sino que es Dios y ante Dios, sólo cabe la adoración y la reverencia, aunque sigue diciendo el versículo 17 que «algunos dudaron» y es que no todos comprendían lo que Jesús les quería decir.

Jesús «acercándose a ellos» les dice: «Se me ha dado poder en el cielo y en la tierra» (v.18). ¡Qué grande es la pedagogía del Maestro! Es Jesús quien se acerca a ellos. Y porque ya ha resucitado, se muestra glorioso, con poder en el cielo y en la tierra.

A continuación vienen dos verbos en imperativo: «id y haced» que nos indican mandato. Un mandato que ya había cumplido Jesús, porque Él vino a hacer la voluntad del Padre y que ahora tienen que continuar los once. Se trata de hacer «discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», porque el bautismo nos vincula no sólo con Cristo, sino con toda la obra de la salvación que surge en el seno de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu. Esta es la tarea que tiene la primitiva comunidad. Una tarea universal, porque les envía «a todos los pueblos», a quienes tienen que enseñarles a guardar lo que Jesús les ha mandado.

Una tarea misionera en la que los discípulos no están solos porque Jesús les hace una promesa:«sabed que yo estoy con vosotros todos los días». Y como donde está el Hijo están también el Padre y el Espíritu Santo, tenemos la certeza de que a pesar de su vuelta al Padre, los once no quedaron solos. Estaban habitados por el Espíritu que ilumina y fortalece, que impulsa, que guía, que orienta, que defiende y transforma, y acompaña a los once «hasta el final de los tiempos».

Imagen de Thomas B. en Pixabay

CAMINO-MEDITACIÓN

  • ¿Qué te ha llamado más la atención del texto? ¿Una palabra, una frase? ¿Por qué esa y no otra?
  • Jesús no les priva a los once de la duda. ¿Has dudado alguna vez de    Jesús?
  • Aunque la duda te embargue en alguna ocasión, ¿te has acercado a Él para contárselo?
  • ¿Has sentido alguna vez que Jesús es quien se acerca a ti? ¿Cuándo y  cómo lo has notado?
  • ¿Has intentado alguna vez hacer discípulos de Jesús? ¿Cómo ha sido tu  experiencia? ¿Te has sentido solo?
  • ¿Eres consciente que el Espíritu Santo te acompaña hasta el último día? ¿Cómo te preparas para acogerlo?

VIDA-ORACIÓN

  • Acércate al Señor, como Él se acercó a los once. Cuéntale todas tus     dudas, tus miedos, las cosas que no entiendes, las que te preocupan.
  •  Dale las gracias porque Él se acerca a ti, porque te ama, porque se ocupa de tus cosas.
  • Escucha cómo te pide que vayas a hacer discípulos a todo el mundo, comenzando siempre por los más cercanos.
  • Ponte en sus manos y pídele al Espíritu Santo que inunde tu corazón y lo transforme.

Yolanda Muñoz Estepa

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