Recuperar la visión Lectio Divina del IV domingo de Cuaresma (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO Jn 9,1-41

Nos encontramos hoy con un relato de curación. El que lo llamemos relato no quiere decir que, Jesús durante su vida terrena no realizara curaciones de determinadas enfermedades. Pero, sí que nos permite afirmar que este pasaje evangélico probablemente hace más referencia a la ceguera espiritual que a la corporal.

La curación de este ciego, por cierto que es el único que aparece en el evangelio de Juan, se nos propone, más bien, como un itinerario de crecimiento en la fe, como el camino que recorre la persona que confía totalmente en Jesús, que aprende poco a poco a vivir del él y con él, a amarle incondicionalmente. El ciego de nuestro relato va pasando progresivamente desde la increencia o, si preferimos, desde la creencia en el judaísmo a la adhesión plena a Jesús. Vayamos por partes.

El ciego se encuentra en Jerusalén, cerca del Templo. Es decir, es una persona muy cercana al judaísmo y a las prácticas judías. Jesús va caminando y lo ve. Ve la incapacidad de aquel hombre ve la precariedad radical en la que se encuentra, ve su fragilidad, su debilidad, sus miedos… al igual que Yahveh vio la aflicción de su Pueblo (Éx 3,7). En una situación similar han dejado los dirigentes de Israel a sus propios hermanos. Un Pueblo incapaz de valerse por sí mismo, incapaz de caminar con libertad, incapaz, siquiera, de ser personas.

La creencia popular relacionaba las enfermedades congénitas con el pecado personal o familiar. Pero el evangelista está pensando en algo más profundo, está pensando en una enfermedad existencial que padece el pueblo fiel.

Para realizar la curación, Jesús elabora con su propia saliva, junto con tierra, barro. Tenemos aquí una clara alusión a la creación del hombre (Gén 2,7). Con ese barro, Jesús unge los ojos del ciego. Pero no es suficiente, éste ha de ir a lavarse al piscina de Siloé (Enviado). Piscina de la que se tomaba el agua en la fiesta de los Tabernáculos, como símbolo de la dinastía davídica. No pretende una ruptura radical con la tradición del Antiguo Testamento, sino una adhesión progresiva a la persona de Jesús, el Enviado del Padre. Una vez realizado el gesto, vuelve viendo, vuelve abierto a la Luz, abierto a la revelación de Jesús.

La gente del pueblo al ver el signo de Jesús dudan incluso de que se tratase de la misma persona. Y es que, aquel que había sido ciego desde su nacimiento es ahora una persona nueva; es una persona nacida del Espíritu; es el mismo, pero transformado en un seguidor de Jesús.

Lo llevan ante los fariseos. Y a éstos, lo único que les preocupa, esque para la realización de esta curación se ha incumplido la ley, las normas prescritas para el descanso sabático. No les importa la persona, les importan las reglas. Si Jesús ha violado la ley del sábado no puede ser un hombre de Dios. Sin embargo, para nuestro protagonista, el ciego de nacimiento, Jesús es un profeta, un enviado de Dios.

No es posible. Lo más probable es que se trate de otra persona que se le parece y estamos ante un impostor; ese es el pensamiento de las autoridades judías. Por eso llaman a sus padres; los cuales afirman que efectivamente se trata de su hijo, pero temerosos de ser expulsados de la religión judía, se desentiende de todo.

Vuelven a llamar al ciego. Quieren que él mismo acuse a Jesús de haber quebrantado la ley del sábado. Pero él no está dispuesto. Le piden nuevamente que explique lo sucedido. Responde irónicamente: «¿Es que queréis también vosotros haceros discípulos suyos?» (Jn 9,27b). La reacción no se hace esperar, le menosprecian. Pero para el ciego, nadie es capaz de realizar el prodigio obrado en él, sin tener a Dios de su parte. Para los fariseos está todo claro, es un hombre todo empecatado, lleno de pecado; está fuera del judaísmo.

Entre el ciego y Jesús se produce un nuevo encuentro. Aquel que ha sido capaz de dar testimonio de Jesús, no está solo. Jesús le sale al camino. Y entre los dos se entabla un diálogo: «¿Crees en el Hijo del hombre?» (Jn,9,35b). ¿Crees en aquel que es la persona plena? ¿Crees en aquel que es el Hombre? ¿Crees en aquel que expresa la plenitud del ser humano?

¿Quién es ese? El que estás viendo, el que se te está revelando. Creo. Pero, el ciego no sólo cree. Ante el misterio, adora, se postra. Proclama su fe en Jesús. Aquel ciego de nacimiento ya no se encuentra en tinieblas, ha llegado a la luz. Se ha abierto a la persona de Jesús y se ha dejado transformar por él. Este hombre ha tenido la experiencia del amor gratuito de Dios, de una relación personal con Jesús que le ha comunicado una nueva vida.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Dónde y cuándo te has encontrado con Jesús? Haz un repaso de tu vida.
  • ¿Estás dispuesto/a a abrirte a la Luz del Resucitado?
  • ¿Has iniciado un camino de conversión para adherirte más a la figura de Jesús?
  • ¿Estás dispuesto/a a acoger la Luz que Jesús quiere traer a tu vida?

VIDA – ORACIÓN

  • Pide a Jesús que te ayude a abrirte a la Luz del Espíritu.
  • Acoge en lo más profundo de tu ser la Luz del Resucitado.
  • Da gracias a Dios por haberte revelado su amor y su misericordia.
  • Anuncia a todos los que te rodean el gran regalo que Jesús te ha hecho de convertirte en una persona nueva, en una persona plena.

Un comentario el “Recuperar la visión Lectio Divina del IV domingo de Cuaresma (Ciclo A)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s