“No se puede amar a Dios sin amar al prójimo” Lectio divina del domingo XXXI del T.O. – Ciclo B (Mc 12, 28-44)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio Mc 12,28-44

 En aquel tiempo, uno de los escribas, que le había oído y viendo que había respondido muy bien, se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el mandamiento más importante de todos?” Respondió Jesús: “El más importante es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas. El segundo es: Amaras a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos”. El escriba replicó: “Muy bien, Maestro; sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él. Y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús viendo que había respondido sensatamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 

Jesús se encuentra ya en Jerusalén. En los primeros días de su estancia ya ha tenido alguna que otra controversia con los dirigentes judíos: primero expulsando a los comerciantes y vendedores del Templo; luego, con los fariseos respecto a si es lícito o no pagar impuestos; a continuación, con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos.

En el pasaje con el que hoy oramos, nos encontramos con un escriba, es decir un especialista en la interpretación de la Escritura, alguien que se dedicaba precisamente a enseñar la Ley e interpretar la manera en que ésta debía aplicarse en situaciones concretas. Dicho escriba, después de ver cómo había Jesús respondido a unos y a otros, le pregunta acerca del mandamiento más importante de la Ley.

A nosotros puede parecernos una pregunta sin importancia. Sin embargo, en la época de Jesús no lo es tanto. Los judíos debían cumplir con 613 mandamientos: 365 prohibiciones (una por cada día del año) y 248 normas; es verdad que los rabinos distinguían entre graves y leves, pero exigían el cumplimiento de todos y cada uno de ellos.

cross-3254876_640Jesús responde con la Ley misma. Primero citando Dt 6,4, el shema, un versículo que los judíos recitaban a diario tres veces al día, por la mañana, a mediodía y por la tarde. Actualmente, todavía se lleva ese texto, junto al de Ex 13,1-10 y Dt 11,13-21, en un estuve atado con cintas de cuero alrededor del brazo izquierdo (el más cercano al corazón) y de la cabeza, es el tefilín, lo que nosotros conocemos como filacteria: “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas.” Después cita Lev 19,18: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo.”

Para un cristiano ambos mandamientos van de la mano. Pero unir estos dos mandamientos no se lo ha sacado Jesús de la manga; los profetas ya se lo habían recordado al Pueblo de Israel en más de una ocasión, de nada sirven los sacrificios y holocaustos, si uno se olvida del prójimo.

Pero, ¿quién es mi prójimo? ¿mi pariente, mi vecino, otro cristiano…? Para Jesús el prójimo es cualquier ser humano, sea de la raza que sea, profese la religión que profese, provenga de donde provenga, todo ser humano es prójimo del seguidor de Jesús, especialmente el más necesitado, el más débil, el más abatido, el más descorazonado, el más desanimado… Y, además, amarlo como a uno mismo. De esta homeless-844213_640manera no estaremos lejos del reino de Dios como aquel escriba. Pero, amando así ¿soy verdadero discípulo de Jesús? Pues, yo creo que el seguidor de Jesús debe amar al prójimo no sólo como a sí mismo, sino a la manera de Jesús: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado. No hay amor más grande que el de aquel que es capaz de dar la vida por sus amigos” (Jn 15,12s). Y los amigos de Jesús son toda la humanidad, por toda ella dio la vida y a toda ella vino a traer la salvación.

Yo concluiría con las palabras que Jesús pronunció después de la parábola del buen samaritano: “Anda, ve, pues, y haz tu lo mismo” (Lc 10,37b).

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • La cita de Dt 6,4 con la que Jesús responde al escriba comienza: Escucha, Israel. ¿Están tus oídos atentos a la voz de Dios? ¿Escuchas atentamente su palabra? ¿Estás con tu corazón, tu mente, tu alma, tus fuerzas físicas preparado para escuchar la Palabra?
  • ¿Verdaderamente amas a Dios por encima de cualquier otra cosa? ¿Lo amas con todas las consecuencias?
  • ¿Cómo es tu amor hacia el prójimo? ¿Amas a todos tus hermanos sin distinción, especialmente a los más débiles y necesitados? ¿Los amas al estilo de Jesús? ¿Sin esperar nada a cambio y entregándote totalmente a ellos?
  • ¿Existe algo en tu vida que te impide amar a Dios con todo tu ser y al prójimo al estilo de Jesús? ¿Alguna actitud, alguna conducta, alguna postura que debes desterrar de tu vida?

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VIDA – ORACIÓN

  • Alaba a Dios por ser Él quien te amó primero.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte como tienes que amar a los demás.
  • Pide perdón por las veces que no has amado a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas… y al prójimo al estilo de Jesús.
  • Abandónate totalmente en el Espíritu Santo para que Él inspire tus actos de amor.
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