“Dar a Dios lo que es de Dios” Lectio Divina del domingo XXIX del Tiempo Ordinario (Mt 22,15-22)

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VERDAD – LECTURA

15Los fariseos se fueron a estudiar la manera de acusar a Jesús por algo que dijera. 16Así que le enviaron algunos de sus propios seguidores, junto con otros que pertenecían al partido de Herodes para que le dijeran: «Maestro, sabemos que eres sincero, que enseñas de verdad el camino de Dios y que no te importa nada el qué dirán, porque no tienes respetos humanos. 17Dinos tu parecer: «¿Es lícito pagar el impuesto al césar o no?». 18Jesús, conociendo su malicia, dijo: 19«Enseñadme la moneda del tributo». Ellos le presentaron un denario. 20Jesús les dijo: «¿De quién es la efigie y esta inscripción?». 21Respondieron: «Del césar». Él les dijo: «Pues dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios». 22Al oírlo se asombraron, lo dejaron y se fueron.

 

Han sido reiterados los enfrentamientos, que Jesús ha tenido con los fariseos en el transcurso del evangelio. A pesar de ello, cada vez tiene más seguidores, que van creyendo en su palabra y, que al menos, le consideran un profeta. Por supuesto, los fariseos y maestros de la ley no creen esto; es más, para ellos resulta ser una persona molesta, pues pone en evidencia la hipocresía con la que actúan muchos de los integrantes de estos grupos. Es necesario deshacerse de él. ¿Pero cómo? ¿De qué acusarlo? Para que sea juzgado y encontrado culpable es necesario tener algún motivo, pillarlo en un delito flagrante. Por eso, deben estudiar bien su plan de acción. Es necesario quitarlo de en medio. En esta ocasión, ponen toda la carne en el asador, se alían incluso con los herodianos, que nos es que fueran, por así decir, «santos de su devoción», ya que estos son los partidarios de Herodes Antipas, el cual era un verdadero colaboracionista con el poder romano.

Los fariseos no van ellos mismos a enfrentarse con Jesús; envían a sus discípulos (¿tanto miedo le tenían a Jesús?). Se acercan al Maestro, así lo reconocen ellos mismos, pero no con buenas intenciones. Su intención es hacerle caer en una trampa mediante una pregunta, no buscan dialogar, sino encontrar un motivo para acusarlo: «¿Es lícito pagar el impuesto al césar o no?»

La pregunta tiene su miga, pues todas las provincias del Imperio están obligadas a pagar el impuesto al emperador. Ahora bien, aceptar esto era reconocer la soberanía extranjera sobre la nación judía. Además incitar a no pagar el impuesto puede acarrearle a Jesús muchos problemas, pues le pueden acusar de sedicioso. Recordemos que, desde la revuelta de Judás el Galileo en el año 6 d.C., negarse a pagar el tributo o inducir a ello es un delito considerado grave. Por tanto, Jesús está entre la espada y la pared.denario__tiberio1

Sin embargo, Jesús no se arredra. Les devuelve la pelota. La respuesta la tienen ellos. Les dice: «Enseñadme la moneda del tributo». Dicha moneda era un denario romano. El hecho de que ellos tuvieran esa moneda en su poder es signo inequívoco de que pagan dicho tributo. ¿A qué viene, entonces, la pregunta si ellos tienen clara la respuesta? Pero, Jesús da un paso más, porque la cuestión no está en pagar o no el tributo. Jesús, jamás se opondrá a que cumplamos con nuestros deberes sociales, aunque a veces tengamos que hacer frente a leyes injustas, pero ese es otro capítulo, que aquí no nos ocupa. Hemos de ir más allá, del simple pagar el tributo o no. Jesús, les pregunta acerca de la esfinge y la leyenda de la moneda. El denario de Tiberio en aquella época, en la parte de la cara tenía representada la imagen del emperador y en el reverso podía leerse la inscripción: Tiberio César Augusto Hijo del Divino Augusto. La respuesta es clara: del césar. Pues si esa moneda lleva la esfinge del césar, lleva su nombre, está acuñada por él… devolvédsela al césar. Además si ya pagan el impuesto correspondiente, ¿a qué viene preguntarle a Jesús?

Lo verdaderamente importante del pasaje viene a continuación: «Dad a Dios lo que es de Dios». Dad a Dios lo que le pertenece. Pero… ¡si nadie ha preguntado a este respecto! Nadie, pero esto es lo verdaderamente importante. Dad a Dios lo que es suyo. Y a Dios pertenece todo el orbe y sus habitantes (Sal 24). La obediencia a Dios está por encima de cualquier otra ley. Hemos de ser fieles a la Alianza, hemos de hacer su voluntad, hemos de amarle con todo nuestro ser y hemos de acoger a su enviado Jesucristo.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Los mismos fariseos y herodianos reconocen a Jesús como maestro, ¿Y yo le considero como el único Maestro de mi vida?
  • ¿Qué significa para mí hacer la voluntad de Dios? ¿Qué «deberes» conlleva? ¿Amo a Dios con todo mi ser y acojo a Jesús en mi persona y en mi vida?

 

VIDA – ORACIÓN

Oramos con el Beato Santiago Alberione:

Te amo, Jesús, mi vida,

mi alegría y fuente de todo bien.

Quiero amarte cada día más,

a ti y a los hombres redimidos con tu sangre.

 

Tú eres la vid y yo el sarmiento:

quiero estar siempre unido a ti

para dar fruto abundante.

 

Tú eres la fuente:

dame gracia cada vez más abundante

para mi santificación.

 

Tú eres la cabeza; yo uno de tus miembros:

comunícame tu Espíritu Santo

con todos sus dones.

 

Venga a nosotros tu reino por María.

Conforta y salva a mis hermanos los hombres.

Acoge en tu reino a los difuntos.

Multiplica y santifica

a los que has llamado a difundir la Buena Noticia.

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