“A mi me recibe” Lectio Divina del Domingo XIII del Tiempo Ordinario (Mt 10,37-42)

VERDAD – LECTURA

37En aquel tiempo dio Jesús a sus apóstoles: “El que quiere al padre o a la madre por encima de mí, no es digno de mí; y el que quiere al hijo o a la hija por encima de mí, no es digno de mí; 38y el que no coge su cruz y sigue detrás de mí, no es digno de mí. 39El que encuentra su vida, la perderá; pero el que pierde su vida por mí, la encontrará.

40El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. 41El que recibe a un profeta a título de profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo a título de justo, recibirá recompensa de justo. 42Y el que dé a beber, aunque sea sólo un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser mi discípulo, os digo de verdad, no perderá su recompensa.”

 

Enmarcamos el texto que hoy nos ofrece la liturgia dentro del llamado Discurso de la Misión (Mt 10,1-42). En el cual se describe la manera en que los discípulos deben anunciar el Reino y las dificultades que dicha misión conlleva. Nuestro texto recoge una serie de recomendaciones que el Maestro les ofrece para iluminar la difícil situación en la que se encuentran sus seguidores en la segunda mitad del siglo I. Dificultades que provienen sobre todo de sus hermanos judíos que no entienden la Buena Nueva. La situación proviene de una fuerte tensión entre la sinagoga y la Iglesia naciente. Jesús quiere animar a sus discípulos, precisamente a no desanimarse, a no caer en el desaliento, a no desmoralizarse, ni desanimarse a pesar de persecución.

Quienes acogen a Jesús y llevan a la práctica sus enseñanzas se encuentran, en más de una ocasión, con que deben abrazar una elección radical, que les lleva incluso a poner patas arriba su propia escala de valores. Quien no sea capaz de invertir su propia escala de valores, poniendo en primer lugar a Jesús y la misión de anunciar el Reino no es digno de llamarse discípulo de Jesús.

El texto podemos dividirlo en dos partes: una primera en la que Jesús parece invitarnos a renunciar a nuestros seres queridos y a nuestra vida y una segunda parte en la que Jesús nos ofrece unas palabras de consuelo, de aliento, de fortaleza para aquellos que anunciamos el Reino de Dios.peter-2199862_640

En la primera parte en la que hemos dividido el texto nos encontramos con dos afirmaciones de Jesús: “El que quiere al padre o a la madre por encima de mí, no es digno de mí, y el que quiere al hijo o a la hija por encima de mí, no es digno de mí.” Pueden parecernos dura, pueden parecernos que va en contra del mandamiento de honrar al padre y a la madre (Ex 20,12), nos pueden parecer que van en contra de la ley natural. Sin embargo, nada más lejos de la intención de Jesús. La intención de Jesús más bien es la de dar un sentido pleno a ese amor. ¿Cómo amamos a nuestro padre y a nuestra madre? ¿Cómo amamos a nuestros hijos? ¿Lo hacemos de manera egoísta? ¿Lo hacemos atendiendo a nuestros intereses? ¿Los ponemos de parapeto para no cumplir con nuestras obligaciones? ¿Los convertimos en escusas para no seguir a Jesús de manera plena, para no adherirnos totalmente a Él? ¿Los utilizamos para no comprometernos con nuestros prójimos? ¿Los transformamos en muros que nos ayuden a no dar la mano a aquellos que lo necesitan? ¿Los manejamos de tal manera que nos excusen para no comprometernos y abrirnos a la comunidad eclesial y universal? Si amamos a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestra esposa, a nuestro esposo, a nuestros amigos en Cristo Jesús e invertimos la escala de valores desde el Reino, lograremos vivir en mayor plenitud nuestra entrega, donación, nuestra dedicación a nuestros padres, hijos, familiares y amigos. En el centro de nuestras relaciones hemos de poner a Jesús, de esa manera tendrán el verdadero sentido y la orientación justa. Jesús no nos pide renunciar a amar a nuestros seres queridos, sino a que los amemos con un amor similar al suyo, con un amor que se entrega, que se hace don, que se hace oblación.

Para llegar a alcanzar un amor de esas características hemos de estar dispuestos a dejarnos transformar por el Espíritu en otros cristos, hemos de acompañarlo y dejarnos acompañar por Él en el camino de nuestra vida cotidiana. Hemos de estar dispuesto como lo estuvo Jesús a entrega la vida por el Reino, a perder nuestra vida por los demás (Mt 10,38s). Es la única manera de vivir ésta en plenitud. Y viviendo la vida en plenitud no abandonamos, renunciamos o renegamos de nuestra familia, al contrario, la situamos en su verdadero lugar, porque la amamos desde Jesús y no desde nosotros mismos.

En la segunda parte del texto, como dijimos más arriba, nos encontramos con unas palabras de esperanza que Jesús dirige a todos aquellos que hemos escogido la senda de ser testigos de su amor.

pantokrator-1486277_640Jesús, el Padre, el Espíritu están siempre junto a aquel que anuncia la Buena Nueva. Podemos decir que son uno con él. De tal manera, que cuando son perseguidos, calumniados, señalados, no lo son ellos mismos, sino que los perseguidos, calumniados, señalados son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Además, en realidad, no son perseguidos por ellos mismos, son perseguidos por lo que son, son perseguidos por causa de Jesús, por causa del evangelio, son perseguidos porque aman de manera incondicional y desprendida. De la misma manera quien acoja a uno de ellos por el simple hecho de ser discípulo de Jesús, está acogiendo al mismo Jesús (Mt 10,40ss).

El seguidor de Jesús es profeta porque ayuda a los demás a vivir plenamente el evangelio, incluso denunciando lo que no está bien. El seguidor de Jesús es justo porque intenta vivir cada día la voluntad del Padre. El seguidor de Jesús es pequeño, porque es humilde, es dócil, se deja transformar, acompañar y ayudar.

Y no pensemos únicamente en nosotros mismos cuando nos acojan a nosotros por ser seguidores de Jesús; si no, también, en cómo acogemos nosotros a los demás.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Subraya las recomendaciones dadas por Jesús ¿Qué te dicen acerca de tu vida? Intenta vivirlas cada día.
  • ¿Cuál es mi escala de valores? ¿Qué valor es el que tengo puesto en primer lugar?
  • ¿Estás dispuesto/a a acoger la cruz, es decir la dificultad, el rechazo, la incomprensión por intentar vivir el Evangelio?
  • ¿De qué manera acojo a aquellos que anuncian el evangelio? ¿De qué manera acojo a los demás en mi vida?

 

VIDA – ORACIÓN

Salmo 45

2 Mi corazón rebosa de palabras bellas, voy a recitar mis versos en honor del rey, mi lengua es como la pluma de un escritor experto.

3 Eres el más hermoso de los hombres, la gracia corre por tus labios, porque Dios te ha bendecido para siempre.

4 Ciñe la espada al flanco, oh poderoso, ella es tu brillo y tu esplendor;

5 avanza victorioso para defender la verdad y la justicia, y hazañas gloriosas realice tu derecha.

6 Caen a tus pies los pueblos, tus flechas puntiagudas se clavan en el corazón de tus enemigos.

7 Tu trono, oh Dios, dura eternamente; el cetro de tu reino es cetro de justicia.

8 Amas la justicia y odias la iniquidad, por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría con preferencia a tus compañeros.

9 Mirra, áloe y acacia rezuman tus vestidos, en el salón de los marfiles música de arpas te recrea.

10 Hijas de reyes hay entre tus elegidas; a tu derecha, una reina adornada con el oro más fino.

11 Escucha, hija mía, atiende, mira, olvida tu pueblo y tu familia:

12 el rey se ha enamorado de tu belleza, él es tu señor, ríndele pleitesía.

13 La hija de Tiro llega con presentes, los ricos del pueblo te rinden vasallaje.

14 Majestuosa está en el interior la hija del rey, engalanada con tejidos de oro;

15 vestida de brocados es llevada hacia el rey, sus damas de honor la siguen y acompañan;

16 en gozoso cortejo entran en la mansión del rey.

17 En lugar de tus padres tendrás hijos, a los que harás príncipes por toda la tierra.

18 Yo haré que tu nombre se recuerde por todas las edades y los pueblos te alaben por los siglos de los siglos.

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2 comentarios el ““A mi me recibe” Lectio Divina del Domingo XIII del Tiempo Ordinario (Mt 10,37-42)

  1. Me encanta es muy lindo rezar con todo listo muchas gracias. Te hago una pregunta el curso de Biblia lo puedes dar de este modo yo ya lo hice pero hace muchos años y me gustaría recordar todo lo que estudié tengo 71 años y cuando hice el curso de tres años para ser maestra de catequesis en el primer años estudiamos la Biblia mis notas finales fueron un 8. En ese tiempo tendría 32 años o menos no te lo doy con seguridad porque le preste la carpeta al párroco, con todo lo que trabaje en Argentina y no la encuentra para entregármela y es una pena tenía diplomas certificados de dónde di catequesis otros de un Congreso Nacional en el que ayudé a organizarlo y participe, Otro de la Gran Misión Nacional organicé la zona dónde estaba la Capilla de las Hermanas Pías D, del D, M ,
    En fin tenía en esa carpeta todo lo que trabajé he hice durante varios años hasta que me vine a España te agradezco con todo cariño no se si me recuerdas en el primer retiro dónde tú saliste bailando de Sevillana
    Con todo cariño me despido Rosa Mirta Fonseca Longo

  2. Querida Rosa: ¡Claro que te recuerdo! Eres una de mis hermanas del Santa Familia. El curso de Biblia sulo darlo presencial aquí en una parroquia de Sevilla. No obstante, en la sección Cursos Bíblicos puedes encontrar algunos materiales de los que imparto. Intentaré seguir subiendo materiales para que os podáis beneficiar de ellos. ¿Vale? Un abrazote muy fraterno.

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