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VERDAD – LECTURA

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto levantaos, alzad vuestra cabeza, se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día, porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre”.
Comenzamos un nuevo año litúrgico, en el que las lecturas del evangelio dominical van a ser tomadas del evangelio de Lucas. Concretamente hoy, se nos ofrece para nuestra oración, un fragmento del llamado discurso escatológico. En el cual se nos refieren los acontecimientos que ocurrirán en la segunda venida de Jesucristo. Son acontecimientos narrados en un género literario llamado apocalíptico y que no deben ser tomados al pie de la letra. Son texto que sobre todo nos invitan a la vigilancia, a estar atentos porque Jesús está presente en medio de nosotros y, en más de una ocasión, no somos conscientes de su presencia. El objetivo de este tipo de escritos sobre todo es el de comunicar esperanza a los seguidores de Jesús en momentos duros, de dificultad, persecución, pruebas… Para ello se sirve de una serie de símbolos, metáforas, visiones dramáticas, comparaciones, etc. cuyo significado, en la mayoría de las ocasiones, hay que interpretar adecuadamente. Vamos a tratar de explicar el pasaje evangélico que hoy nos ofrece la liturgia, sobre todo, para que sea fructífero a todos nosotros y nos sirva para comprometernos en la construcción del Reino a nuestro alrededor y en nuestra vida.
Comienza, Jesús, relatando una serie de señales que aparecerán en el cielo, el día de su vuelta gloriosa. Muchos de los contemporáneos de Lucas se encuentran angustiados a la espera de la segunda venida de Jesús, la cual creen que será inminente. El mensaje es claramente de esperanza, en ningún momento debemos angustiarnos, esas señales debe ser signo de alegría porque se acerca nuestra liberación de todas las ataduras que nos esclavizan, aunque en primer término nos parezcan señales catastróficas.
En un futuro, sin especificar, si cercano o lejano, próximo o remoto, inmediato o distante, aparecerán una serie de signos cósmicos que nos estarán anunciando el inminente triunfo definitivo del Reino de Dios. Nosotros observaremos dichas señales de la naturaleza, las cuales no nos permiten saber el día, ni la hora. Pues, continuamente, está ocurriendo, muchos de estos acontecimientos, por lo cual no podemos hacer cábalas acerca del momento en que la llegada del reinado de Dios se hará presente en nuestras vidas. Pero lo importante no es esto, lo verdaderamente importante es: ¿De qué modo estoy esperando yo el Reino de Dios? ¿Cuál es mi actitud diaria con respecto a la venida triunfal de Jesús? ¿Estoy esperando con angustia, agobio, intranquilidad? ¿o, por el contrario aguardo con esperanza los acontecimientos? Lo importante, es que el resplandor del Hijo de Dios será la visión más luminosa. El Hijo del hombre vendrá con gran poder y majestad, se manifestará toda su gloria, en una nube, signo de la presencia de Dios en la literatura bíblica.
Ante esta venida, no debemos tener miedo. Hemos de acogerla con esperanza, hemos de alzar nuestra cabeza, no escondernos, porque se acerca nuestra liberación. La persecución, los peligros, los agobios, la muerte, el pecado no tienen la última palabra, la última palabra es la del amor, la comprensión, la misericordia que nos trae Jesús y que serán definitivas en su segunda venida.
Como sabemos todo esto, nuestra actitud no puede ser pasiva. Hemos de permanecer vigilantes y en oración para que estos tiempos difíciles, en los que todavía el Reino no está totalmente presente en nuestras vida, se nos haga más fácil de vivir. Como ya sabemos que Dios nos ofrece y regala la salvación, y que en un momento u otro, el Reino se hará presente en totalidad, pues disfrutemos de la buena vida, incluso a costa de nosotros mismos y de los demás. No hagamos nada por cambiar nuestro mundo, ni por ser mejores personas, para qué, si tarde o temprano llega el Reino. Esa no es la actitud, nosotros hemos de estar continuamente intentando transformar el mundo en el que vivimos. Un mundo en el que reine la justicia, el amor, la misericordia, la acogida de nuestros hermanos, la palabra amable, el consuelo… y en el que nosotros, también crezcamos, en autoestima, en valoración de nosotros mismo, en respeto, en ser mejores cada día y en servir para que nuestro mundo sea cada vez más habitable. La fuerza para podernos mantener en esta actitud sólo podemos encontrarla en la oración. De ahí la invitación de Jesús a la vigilancia y a la oración para permanecer de pie ante el Hijo del hombre, cuando venga en todo su honor y majestad. Permaneciendo de pie, como actitud y posición de hombre libre y sin miedo, de quien se siente que está delante de su Padre y no delante de un juez inmisericorde que lo único que busca es tu condena. Dios Padre siempre tratará de estar a favor del ser humano e intentando por todos los medios entrar en comunión con él. Pero, también nosotros hemos de poner de nuestra parte y corresponder a este amor de Dios, intentando crear un mundo más humano y más cristiano, en el que la ley principal sea la del amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Eres consciente de la presencia de Jesús en los acontecimientos diarios de tu vida? ¿Intentas estar atento a dichos acontecimientos para descubrir su presencia entre nosotros?
  • ¿Cómo vives los momentos de dificultad, de prueba? ¿Con angustia, con desazón, intranquilidad, pesadumbre? ¿O por el contrario con esperanza, confianza, ilusión, optimismo?
  • ¿Cómo estás esperando la llegada del Reino de Dios? ¿Intentas transformar las estructuras de injusticia que aparecen a mi alrededor? ¿Intentas vivir acogiendo a los otros, intentándoles llevar una palabra de aliento, una sonrisa, un gesto amable, consuelo? ¿Intentas, por medio de tus acciones, hacer presente el Reino de Dios en nuestro mundo?
  • Para poder llevar a cabo la transformación de nuestro mundo es necesaria la oración para que ella sea el motor que nos impulse. ¿Dedicas momentos concretos para encontrarte con Jesús en su Palabra, en la Eucaristía?

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale por su entrañable misericordia.
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en los acontecimientos diarios de nuestra vida.
  • Pide al Espíritu Santo que derrame sus dones sobre todas la personas comunicándoles el don de la esperanza.

Con esperanza. Lectio Divina I Domingo de Adeviento (Lc 21,25-28.34-36)

¡Vive desde la esperanza! Lectio Divina del Domingo XXXIII del T.O. (Mc 13,24-32)

VERDAD – LECTURA 2464413_orig

24En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, 25las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. 26Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; 27enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. 28Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. 30Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. 31El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, 32aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre”.

 

Estamos llegando al final del año litúrgico y el lenguaje de los textos que se nos ofrecen son de un marcado carácter apocalíptico, con el lenguaje que le es propio en este caso. Pero, esto no debe asustarnos, ni tampoco interpretar los textos al pie de la letra. El estilo literario de este género tiene sus características propias y no conviene imaginarse cosas que no son. Y hay que tener en cuenta, que Marcos utiliza imágenes típicas de este tipo de literatura, como puede ser la alusión al Hijo del hombre, los fenómenos naturales extraordinarios, los resplandores, los ángeles… Una característica importantísima de este género literario es, que su uso por parte de los autores sagrados pretendía ofrecer a los creyentes de su época (año 70 aproximadamente) y, también a nosotros, una serie de claves para poder interpretar de algún modo la situación concreta en la que se encuentran. En el caso de la comunidad de Marcos una situación de persecución. Ante esta situación, la invitación, que nos hace el pasaje evangélico de hoy, es precisamente a vivir poniendo en marcha nuestra capacidad de superación y recuperación, aprovechando todos los recursos que tenemos a nuestro alcance para intentar cambiar la situación, afrontando la adversidad, o al menos viviendo esa situación, no desde la angustia, sino desde la esperanza.
Pero vayamos por partes, pasaje íntimamente unido a los versículos precedentes de este evangelio, después de esa gran angustia, haciendo referencia a los acontecimientos narrados en todo este capítulo 13; pero además lo que se nos narra hoy pone de manifiesto la historicidad de los mismos, en los que Dios está presente y actúa. Todos esos hecho no implican el final de los tiempos, ni la venida definitiva del Reino, ello ocurrirá cuando Dios se haga presente definitivamente en la vida de todos los seres humanos. Por lo que podemos deducir que nosotros no somos los protagonistas de la historia, el verdadero protagonista es Dios; un Dios que está presente en la vida de los hombres y que con mano amorosa acompaña a su pueblo.
Ante la venida del Hijo del hombre al final de los tiempos, todo parece caos y destrucción: El autor del evangelio nos lo quiere hacer notar por medio de un lenguaje y una serie de imágenes a las que los judíos estaban acostumbrados (Is 13,10; 34,4; Jl 2,10; Ez 31,19; Sal 114,7). La conclusión definitiva es que, a pesar de toda la tribulación, del caos, de la destrucción, Dios viene a salvar. El mensaje que quiere transmitirnos el evangelio de hoy es de esperanza. El Hijo de hombre vendrá sobre las nubes con gran poder y majestad; la nube es el signo de la presencia de Dios (Éx 13,15; 2Cro 5,13) y ese gran poder y majestad es signo de la resurrección de Jesús. Y reunirá a todos desde todos los extremos del orbe.
figtreephotoLa pregunta que nos asalta, probablemente a muchos de nosotros, es obvia: ¿Cuándo ocurrirá esto? La respuesta podemos encontrarla en la parábola de la higuera. Lo más importante no es el cuando, sino el modo en que Dios acompaña a la humanidad: estando presentes en su vida, Dios siempre está cerca. Sólo el Padre sabe el momento concreto de la historia, ¡qué importa el cuando! Lo más importante es que Dios nos acompaña, que él está cerca, que él está a las puertas… Sus palabras no pasarán. No vivamos angustiados por cuándo ocurrirán estos o aquellos acontecimientos, vivamos con la esperanza de que Dios siempre nos acompaña por el camino y nos ofrece la salvación, vivamos con la esperanza de que el Reino en su plenitud un día será realidad, vivamos con la esperanza de construir juntos el Reino poniendo cada uno su granito de arena, vivamos sabiendo que el sueño de Dios sobre cada uno de nosotros se cumple, vivamos esperando y experimentando el amor pleno de Dios y los hermanos… Vivamos sabiendo que el Señor viene cada día a nuestras vidas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Ante momentos de dificultad, tribulación, impedimentos, obstáculos, aprietos… ¿tienes capacidad de superación, recuperación, aprovechas los recursos que tienes a tu alcance? ¿Vives con esperanza?
  • ¿De qué manera crees que Dios se hace presente en tu vida? ¿Eres consciente de esto?
  • ¿Crees, verdaderamente, que Dios es el protagonista de la historia y que te va acompañando con su amor misericordioso?
  • ¿Te preocupas por el cuando ocurrirán estos acontecimientos? ¿Te das cuenta de que eso es lo menos importante? Lo más importante es vivir todos los acontecimientos de nuestra vida con esperanza y sabiendo que Jesús está presente en nuestras vidas.

VIDA – ORACIÓN

Señor, confiamos en Ti, nos abrimos a tu Palabra, caminamos de tu mano. No pasa nada. Desaparecerán muchos paisajes pero nos quedará siempre el cielo nuevo, a estrenar, para gozar de tu presencia y de tu amor. Amén. (Evangelio 2015 – Ciclo B, San Pablo)