Lectio Divina Domingo XIX del Tiempo Ordinario (Jn 6,41-51)

VERDAD – LECTURA goyo

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”, y decían: “¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?” Jesús tomó la palabra y les dijo: “No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ese ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

En este pasaje del evangelio nos encontramos con que los judíos critican a Jesús por afirmar que era el pan bajado del cielo, el pan de la vida (6,35), pues únicamente han percibido su parte humana. Y es precisamente, en esa condición humana donde se encuentra la vida que él nos ofrece y regala. Entregando libremente su vida, puede darla a la humanidad. La muerte de jesús se convertirá en fuente de vida por medio de la resurrección. De la misma forma nosotros podemos convertirnos en fuente de vida.
Habiendo percibido únicamente su parte humana, como apuntábamos más arriba, para los judío es imposible que un hombre pueda tener la condición divina. Para ellos, el misterio de la encarnación es una imposibilidad. No es posible que Dios se encarne. Además ellos le conocen muy bien, conocen a su padre, conocen a su familia, saben de su procedencia… Está usurpando el puesto de Dios, se está poniendo en el lugar de Dios. Es imposible que Dios se acerque de esa manera al hombre. Jesús está atentando contra el primer y segundo mandamientos de la ley de Dios.
Ante tal cerrazón es inútil discutir acerca del tema. Sobre todo, porque de quien más alejados están es precisamente de ese Dios en el cual dicen que creen. No han descubierto a Dios como Padre, no se han dejado alcanzar por la bondad de Dios, no se han abierto al amor de Dios, encarnado en Jesús de Nazaret. Están encerrados en sus propias normas y leyes que lo único que provocan es esclavitud y obligaciones. La presencia de Dios, del Padre en la tierra es Jesús.
Con respecto al tema de la resurrección, hemos de decir que estaba admitida por la corriente farisea como un premio por la observancia de la ley. Jesús, claramente, advertirá que lo que salva no es la observancia de la ley, la resurrección no es premio de un mayor o menor cumplimiento de las normas o la leyes. La resurrección es fruto de nuestra adhesión a la persona de Jesús, únicamente dejándonos transformar por el Espíritu Santo y acogiendo la vida y la enseñaza de Jesús alcanzaremos la resurrección. Una resurrección que será comunicada por Jesús en el “ultimo día”, en el día de la entrega libre de su vida.
Jesús universaliza la salvación: “todos serán discípulos de Dios”, todoimages1 el que escucha al Padre y aprende acerca de Jesús alcanzará la resurrección. Y no porque nadie haya visto al Padre. A Dios es imposible que lo veamos, pero no es imposible experimentar su amor. El amor de Dios lo experimentamos en el amor que entregamos a otras personas y que acogemos de ellas, especialmente de los más pobres y necesitados de nuestra sociedad. Aquel que sea capaz de dar y recibir amor, aquel que sea sensible a las necesidades de los demás y se deje ayudar por los demás, aquel que entregue su vida por los demás será “merecedor” de la resurrección. Al Padre sólo podemos acceder por medio de Jesús y de nuestra transformación, en la medida de lo posible, en otros Cristos.
Quien crea en Jesús, quien viva la vida de Jesús, quien asuma y ponga en práctica las actitudes vitales de Jesús ese posee la vida eterna.
El pan de vida es Jesús, nuestro alimento es Jesús, nuestra savia vital es Jesús. Ningún otro maná será capaz de saciarnos. Al igual que el maná no llevó al Pueblo a la Tierra prometida, la Ley tampoco era capaz de nutrir y alimentar el apetito que la humanidad tenia de Dios. Es Jesús quien sacia nuestro hambre y nuestra sed de Dios. Comiendo el alimento verdadero que es Jesús tendremos vida eterna.
CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• Para nosotros en muchas ocasiones también es escandaloso y difícil de creer que Jesús sea nuestro alimento en su presencia eucarística ¿cómo vives estos momentos?
• Jesús nos hizo el gran regalo de su presencia real en la eucaristía, ¿cómo acoges y vives este regalo?
• ¿Intentas poco a poco adherirte, acoger y vivir las actitudes vitales de Jesús?
• ¿Te dejas transformar por el Espíritu Santo en verdadero discípulo de Jesús?
• Para ser verdadero discípulo de Jesús y para conocerlo es imprescindible que tengamos momentos de encuentro con Él ¿dedicas algo de tu tiempo para estar con Jesús, sobre todo visitándolo en el sagrario?
ORACIÓN – VIDA

• Te adoro Dios mío y te amo de todo corazón por el misterio de la Encarnación de tu Hijo.
• Padre, te doy gracias por amor que cada día derramas sobre toda la humanidad. Te doy gracias Jesús, por haberte querido quedar entre nosotros, de una manera real, en la eucaristía.
• Me ofrezco a ti, Jesús, para ser tu discípulo, para llevarte a todos mis hermanos y ofrecerles tu amor, sobre todo a mis hermanos más pobres y necesitados.
• Ayúdame, Jesús, a ser un discípulo fiel y a dejarme transformar por el Espíritu Santo en otro Cristo.

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