Lectio Divina de la fiesta de la Exaltación de la Cruz (Jn 3,13-17)

VERDAD – LECTURA exaltacion_santa_cruz02

En este pasaje con el que oramos hoy, fiesta de la Exaltación de la santa Cruz, Jesús, en diálogo con Nicodemo, se nos muestra como el único capaz de revelarnos, de mostrarnos el verdadero rostro del Padre, puesto que es el único que ah estado junto a él desde toda la eternidad. A la gran mayoría de nosotros, así como a los grandes estudiosos, e incluso a los santos, Dios les va revelando sus secretos, nos va mostrando el «secreto» de Dios en la medida, y a medida, que vamos siendo capaces de «comprender». Sin embargo, ninguno de nosotros ha visto a Dios. Jesús, nuestro Maestro, sí. Él ha vivido y convivido junto al Padre, ambos han entrado en comunión desde el principio de los tiempos. Aunque en Dios no exista ni el principio, ni el fin, puesto que él mismo es el principio y el fin.

Por todo ello, Jesús nunca hablará del Padre a la manera que pueda hacerlo ningún hombre, por muy sabio que sea. Él ha experimentado el mismo ser del Padre. Él no es que pronuncie palabras acerca del Padre. Él es la Palabra.

Jesús se autodenomina a sí mismo como Hijo del hombre. Debemos remontarnos al profeta Daniel, para entender bien este término. El Hijo del hombre en la profecía de Daniel (Dan 7,13s), es aquel a quien Dios ha constituido Señor de la historia. Un Señor de la historia que ha de ser crucificado; he aquí la gran contradicción que Nicodemo y la gran mayoría de nosotros somos incapaces de comprender: ¿Cómo la persona más poderosa, aquel que ha sido constituido señor de todo, va a ser crucificado? ¿Cómo es posible que el rey de Israel, el Mesías, tenga que padecer una muerte de cruz considerada por sus compatriotas como señal de la maldición de Dios (Dt 21,22s)? ¿Cómo es esto posible? Escándalo para los judíos y disparate para los griegos. Ante tal acontecimiento, nos quedan dos posturas: o intentar razonarlo, intentar encontrar mil y una explicaciones, intentar justificarlo… o como María guardarlo en nuestro corazón.

Únicamente, desde la contemplación, podemos llegar a vislumbrar un poquito el gran misterio de la cruz. El misterio por el que Dios Padre envía a su propio Hijo, a dar la vida por la salvación del género humano.

Y hasta el momento en el que Jesús se nos revela como enviado del Padre, como Hijo unigénito de Dios, como Salvador, hasta ese momento, la Escritura ha ido ofreciendo un constante anticipo de tan extraordinario acontecimiento: la serpiente de bronce, levantada como estandarte en el desierto (Núm 21,4-9), la muerte del ser esperado de sus entrañas, del hijo de la gran descendencia, del hijo de la promesa: Isaac (Gén 22).

Para «entender» todo esto sólo existe un camino, volver a nacer de nuevo del agua y del espíritu, solo seremos capaces si entramos en comunión con el Maestro, sólo podremos comprenderlo si nos dejamos poco a poco conformar por el Espíritu al modelo que es Jesús. Algo que, seguramente, exigirá esfuerzo por nuestra parte, lo mismo que le ocurrió a Jesús, que «actuando como un hombre cualquiera, se rebajo hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz». Pero, tengamos en cuenta que, «por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el ‘nombre sobre todo nombre’; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre». Es decir, la cruz no tuvo la última palabra, la ultima palabra la tiene la vida, gracias a la Resurrección.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Cómo es mi vivencia del misterio de la cruz? ¿lo vivo con angustia, con dolor, es escandalo, estupidez…? ¿signo de salvación?

  • ¿Cómo es mi testimonio acerca del misterio de la cruz?

  • ¿Asumo que si me dejo transformar y conformar por el Espíritu según la forma de Jesús puedo acabar sufriendo su misma suerte?

  • ¿Vivo el misterio de la cruz desde el misterio de la Resurrección, aunque no llegue a comprenderlo en toda su intensidad?

VIDA – ORACIÓN

Hoy para el momento de la oración me gustaría evoca y que recitáramos o cantáramos, esta canción: Tuyo soy.

Yo no soy nada y del polvo nací

pero tu me amas y moriste por mi

ante la cruz solo puedo exclamar:

Tuyo soy, tuyo soy…

Toma mis manos, te pido

Toma mis manos, te amo

Toma mi vida, oh Padre tuyo soy (bis)


Cuando de rodillas te miro, Jesús,

veo tu grandeza y mi pequeñez

que puedo darte yo solo mi ser

Tuyo soy, tuyo soy…


Toma mis manos, te pido…

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