Lecitio Divina Domingo XXII del T.O. (Mt 16,21-27)

VERDAD – LECTURA pedro-e-jesus1

El evangelio que nos ocupa podríamos dividirlo en dos partes diferenciadas que nos ayuden a una mejor comprensión del texto:

a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

b) La exigencia del seguimiento de Jesús.

a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Pasaje compartiendo con los otro dos sinópticos (Mc 8,31 – Lc 9,22). Comienza Jesús poniendo de relieve la obligación que tiene de ir a Jerusalén. Una obligación que debe cumplir pues esa y no otra es la voluntad del Padre. En su plan de salvación entra precisamente, el que su Hijo vaya a Jerusalén, sufra la pasión, muera y al tercer día resucite de entre los muertos. Plan salvador, obligación o deber que Jesús acepta voluntariamente. Jesús se abandona totalmente en las manos y en la total confianza al Padre, sin oponer resistencia alguna.

Jesús, como ser humano, poco a poco se había ido haciendo consciente de la situación en la que se encontraba. Era totalmente rechazado por las autoridades y por los que se consideraban depositarios de las verdades religiosas y, por tanto, salvíficas para el Pueblo; que debía pasar por una situación de muerte para después ser glorificado por el Padre. Y además esto era inminente: Juan había sido ejecutado, se había enemistado con los dirigentes religiosos de su pueblo, había quebrantado la Ley… Y a pesar de todo, decide continuar con sus misión. Está firmemente convencido y seguro de su misión que decide hacer partícipes a sus discípulos de esta obligación.

Sin embargo, sus discípulos están demasiado lejos de su perspectiva como para aceptar aquello, sin poner pega alguna. Es Pedro quien toma la iniciativa y, en este momento es «piedra de tropiezo» para Jesús en su camino. Es un obstáculo. Pero no sólo eso, se atreve incluso a increparle, a reprocharle por su actitud ante la misión que el Padre le tiene encomendada. No es Pedro, es el tentador que quiere disuadirlo de su misión. Lejos de tirar la toalla, Jesús reacciona con fuerza: ¡Ponte detrás de mí, Satanás! Dicho a Pedro, lo que quiere decir, es que vuelva al lugar que le corresponde como discípulo. Se ha de restablecer la relación entre el Maestro y el discípulo, al haberse dejado Pedro tentar por Satanás y pretender que ser más que su Maestro y hacerlo desistir de la misión. Sólo manteniéndose en su lugar, como discípulo, se puede llegar a comprender lo que el Padre le está pidiendo a Jesús. Y mantenerse en ese lugar tiene sus consecuencias y sus exigencias.

b) Las exigencias del seguimiento de Jesús

Al igual que Jesús, los discípulos también deben cumplir con su misión. Ellos han sido llamados al seguimiento y deben asumir todas las consecuencias que ello conlleva. No basta con haber recibido la llamada, el discípulo además ha de responder a ella.

El discípulo debe negarse a sí mismo. Es decir, ha de dejar de pensar de manera egoísta, ha de dejar de ser el centro, lo cual no quiere decir que uno tiene que dejar de ser como es, o de dejar de ser lo que es; simplemente ha de cambiar el orden de prioridades, ha de mantenerse abierto a la voluntad de Dios y al servicio de los hermanos. Ha de aprender a vivir entregando la vida, para volver a reencontrarse con ella, ha de caminar con esperanza, sabiendo que en el servicio y en la entrega está la plena felicidad. Porque el final no es un final de oscuridad y de muerte. El final es un final de esplendor y felicidad. Ayudar a otros, ponerte al servicio de los demás, defender la justicia, reducir el sufrimiento de los que nos rodean… ahí está la verdadera felicidad y el verdadero desarrollo personal. Entonces seremos verdaderamente felices.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase ha tocado mi corazón en este momento? ¿Que querrá Dios decirme con ello en las circunstancias concretas que estoy viviendo?

  • ¿Qué actitud adopto ante la misión que Dios me tiene encomendada?

  • ¿Estoy dispuesto/a a llevar a cabo esa misión asumiendo todas las consecuencias?

  • ¿Qué significado y que consecuencias tiene para mí el negarme a mí mismo?

  • ¿Asumo que la verdadera felicidad se encuentra en hacer la voluntad de Dios y ponerme al servicio de mis hermanos?

VIDA – ORACIÓN

Padre mío

Me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco.

Estoy dispuesto a todo,

Lo acepto todo,

Con tal que tu voluntad se haga en mí

Y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en tus manos.

Te la doy, Dios mío,

Con todo el amor de mi corazón.

Porque te amo

Y porque para mí amarte es darme, 

Entregarme en tus manos sin medida,

Con una infinita confianza, 

Porque tu eres mi Padre.

Lectio Divina domingo XXI del T.O. (Mt 16,13-20)

VERDAD – LECTURA llaves

En el evangelio con el que oramos hoy, nos encontramos con dos preguntas clave acerca de la identidad de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» «¿Quién decís que soy yo?»

Nos situamos en Cesarea de Filipo, una ciudad pagana del norte en la frontera de Israel. Allí es donde Jesús lanza sus dos preguntas. Ante la cuestión: «¿Quién dice la gente que es el Hijo de Hombre?», hemos de aclarar precisamente el significado de ese título: «Hijo del Hombre». En el pensamiento del Pueblo Judío resonaba esa figura mesiánica que debía de venir al final de los tiempos para restaurar la armonía en medio de su pueblo. Pero por la respuesta que dan los discípulos podemos concluir que nadie identificaba a Jesús con ese Hijo del Hombre, nadie pensaba que habían empezado los últimos tiempos. El Pueblo identificaba al Hijo del Hombre con Juan el bautista, con el profeta Jeremías, con el profeta Elías o con algún otro profeta que debía volver, pero, en ningún caso con Jesús de Nazaret. La gente seguía esperando. Para ellos Jesús no era el que ha de venir.

Menos mal que, al parecer los discípulos no pensaban de la misma manera. Para ellos el Hijo del hombre es el mismo Jesús. Al menos eso es lo que podemos deducir de la confesión de Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Es decir, Jesús es el enviado del Padre, el Hijo de Dios. Los discípulos han escuchado las palabras del Maestro y parece ser que entiende el alcance de las misma. Identificando a Jesús como aquel que ha de venir y que es el Hijo de Dios. Pero, estas palabras no nacen de la debilidad humana, de la carne o de la sangre, nacen de la fe; y la fe es un don del Padre.

Inmediatamente Jesús pasa del discurso acerca del Hijo del Hombre al discurso acerca de la Iglesia. Jesús e Iglesia van unidos. No se puede hablar de Jesús sin hablar de la Iglesia, ni de la Iglesia sin hablar de Jesús.

Gracias a la confesión hecha, Pedro se convierte en Piedra, en fundamento, no se convierte en piedra por su propia persona o iniciativa. Si no gracias al don del Padre de la fe.

La piedra sobre la que se apoya la Iglesia no es una piedra cualquiera, ella está apoyada sobre roca. La roca firme y sólida que da seguridad a la Iglesia. No por ella misma, sino por estar fundamentada en Jesucristo. Por eso, La Iglesia, representada por Pedro tiene poder para atar y desatar, para prohibir o permitir. Y esto no según el criterio humano, sino de acuerdo con lo que Jesús ha enseñado.

Jesús en todo momento está al lado de la Iglesia, camina con ella, continúa anunciando su Palabra y el Reino de Dios por medio de ella. Jesús está siempre presente en su Iglesia como cabeza de la misma, sirviéndose de todos sus miembros para la expansión y el anuncio del Reino.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Quién es Jesús para nuestros contemporáneos?

  • ¿Quién es Jesús para mí?

  • ¿Soy dócil al Espíritu para que el pueda transformarme en apóstol anunciador del Reino de los cielos?

  • ¿Cómo confieso y anuncio yo a Jesús entre aquellos que me rodean? ¿Doy testimonio de mi fe? ¿De qué modo?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por haberme regalado el don de la fe.

  • Me comprometo a conocer más y mejor a Jesús, dejándome modelar por el Espíritu Santo según el modelo que es Jesús.

  • Pido a Dios que me de fuerza para anunciar la Palabra de Jesús y el Reino en todo momento y circunstancia.

Lectio Divina XX domingo del T. O. (Mt 15,21-28)

VERDAD – LECTURAtlc-054

Continuamos con la misma temática del domingo pasado: la fe, aunque desde otra perspectiva.
El relato comienza haciéndonos notar que Jesús, después del enfrentamiento con los fariseos, se retira a las regiones de Tiro y Sidón. Jesús no abandona la misión, simplemente cambia el lugar en el que continuar su obra. Ahora se encuentra en zona pagana.
Allí, una cananea sale al encuentro de Jesús para pedirle que cure a su hija. Una madre sumida en el sufrimiento debido al padecimiento de su hija.
La mujer cananea representa a las poderosas ciudades paganas de Tiro y Sidón; ciudades ricas y poderosas. La mujer rompe con su pasado, se dirige hacia Jesús, un judío. Pero, también, Jesús tiene que romper con sus propias tradiciones judaicas.
La mujer le proclama como Hijo de David, le considera Mesías, le reconoce como Señor. Tiene fe en Jesús.
Jesús, sin embargo, no le presta la más mínima atención. Sus discípulos intervienen a su favor, pero únicamente, porque está molestando, quieren de alguna manera quitársela de encima. Jesús no da su brazo a torcer y explica la razón de ello a sus discípulos: «He sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Sin embargo, la mujer persevera en su fe, ante el aparente rechazo de Jesús: «¡Ayúdame!» Tiene la certeza total de que Jesús es capaz de salvar a su hija. Jesús aparentemente, vuelve a rechazarla. Lo lógico hubiese sido que aquella mujer abandonara el lugar, no sólo entristecida, sino llena de rabia. Sin embargo, persevera en su fe. Su amor de madre está por encima de cualquier dificultad o rechazo. Tal vez a presentido una posible cercanía de Jesús, al referirse a ella como perrillo, y no como perro, que era como llamaban los judíos a los paganos. Es capaz de abajarse, de humillarse. Jesús ante este hecho no puede quedar indiferente. La fe sencilla, autentica, sincera de aquella madre ha triunfado. Ha sabido perseverar en su fe, sin perder la esperanza. Es más, puede sentirse discípula, pues lo es. Ella forma parte del nuevo pueblo de Dios. Es suficiente la fe en Jesús, adherirse a su persona para pertenecer al círculo los amigos de Jesús.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué crees que quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo me comporto con aquellos que no pertenecen a mi círculo creyente? ¿Los acojo o por el contrario los rechazo, aunque sea de forma sutil?
  • ¿Cómo es mi confianza y mi fe en Jesús? ¿Ante las dificultades: abandono, o persevero al igual que la mujer cananea?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios porque siempre está a mi lado y me salva.
  • Pido por las dificultades de todas aquellas personas que conozco, con las que me encuentro en mi vida cotidiana.
  • Le pido a Dios que me conceda la gracia de la oración perseverante, sobre todo en los momentos de mayor dificultad.
  • Exclamo a Jesús, como aquel padre del muchacho poseído: «Señor, creo, pero aumenta mi fe».

Lectio Divina Domingo XIX del T.O. (Mat 14,22-33)

VERDAD – LECTURA Jesus_walking_on_water_

En el presente relato, Jesús comienza obligando a sus discípulos a embarcarse y despide a la multitud. Es posible, que la multitud haya querido proclamarlo rey. Y nos está dispuesto. Jesús, como hombre, siente la necesidad de encontrarse a solas con el Padre; necesita pararse, tomar distancia revisar la misión, para continuar adelante.

Mientras tanto, los discípulos se encuentran en medio del lago, siendo sacudida la barca por las olas, porque el viento era contrario. A los discípulos les parece que Jesús está ausente. Pero, Jesús nunca se aleja de ellos. Se acerca caminando sobre las aguas. Al verlo creen que es un fantasma. El miedo se apodera de ellos. Entonces, Jesús se da a conocer: «Yo soy». La misma frase con la que Dios se manifiesta a Moisés en el monte Horeb (Éx 3,14). Quiere darles confianza y la palabra de Jesús los tranquiliza.

Habiendo reconocido a Jesús, Pedro le pide caminar hacia él. Inmediatamente se da cuenta, que es imposible. No pone sus ojos en Jesús, sino que se deja vencer por el viento, se hunde. Ante la dificultad eleva una oración a Jesús: «¡Sálvame, Señor!». Jesús extiende su mano, lo agarra y le dice: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»

En un mundo agitado, sacudido por las dificultades, hemos de aprender a ir hacia Jesús, el cual siempre está con nosotros en nuestra barca. Y al subir, el viento se calma. El miedo es vencido por la fe. Pero, es necesario perseverar en ella. Nunca el mal podrá prevalecer sobre el bien.

Ante la acción de Jesús, sólo nos queda reconocer: «Realmente eres Hijo de Dios».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué crees que quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Qué idea tengo acerca de Jesús? ¿Qué significado tiene para mí Mesías? ¿Cómo le siento en lo más profundo de mi ser?

  • ¿Cuál es mi reacción en los momentos turbulentos, cuando me sacuden las dificultades?

  • ¿Qué me ocurre cuando siento la «ausencia de Dios»? ¿Cuál es mi reacción?

  • ¿Sé reconocer la presencia de Dios en mi vida y caminar hacia él sin dudar, a pesar de mi inseguridad?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por estar siempre presente en mi vida.

  • Hago un repaso de mi vida para hacerme consciente de mi comportamiento en los momentos de dificultad. Pongo todos esos momentos en las manos de Jesús.

  • Pido al Espíritu Santo que me asista en los momentos de oscuridad, de turbulencias, de dificultad.

  • Pido a Jesús la gracia de aumentar nuestra fe y de saberlo reconocer en los momentos difíciles.

Lectio Divina del Domingo XVIII del T. O. (Mt 14,13-21)

VERDAD – LECTURA 20110731

El autor del evangelio nos relata este pasaje después de la muerte de Juan el Bautista. Jesús se retira a un lugar tranquilo y solitario, va al desierto, lugar en el que también Juan convocaba a la gente para oír la Palabra. Al llegar a este lugar se encuentra con mucha gente y se compadeció de ella. Con ella, Jesús muestra la misericordia de Dios. Pero hemos de matizar que el sentido de compadecerse en griego y en hebreo es mucho más fuerte que nuestro vocablo castellano. Dicho término se refiere a un sentimiento tan fuerte que llega a afectar a las vísceras. Pero, ¿por qué se despiertan en Jesús estos sentimientos? Sencillo, porque el pueblo se encuentra como ovejas sin pastor. Viven errantes, están dispersos, vagan perdidos. La multitud está cansada y decaída; su dirigentes no se preocupan por ellos. Jesús los reúne, los acoge y los cura.

Este pasaje, junto con otros paralelos o que refieren un relato similar, es conocido como la «multiplicación de los panes». Sin embargo, al menos en el relato que nos ocupa, no encontramos ninguna referencia a este hecho; más bien, la idea principal es la de compartir. Pero vayamos por partes.

Los discípulos se acercan a Jesús para decirle que ya es tarde y que lo más conveniente es que despida a la multitud para que puedan comprar algunos alimentos. Jesús, por su parte, les ordena: «No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer.»

Con lo poco que tienen, los discípulos se ponen manos a la obra, manifestando la generosidad y la gratuidad.

Jesús manda a la multitud que se recueste sobre la hierba como ocurría en los grandes banquetes. Jesús invita a todos a su mesa. Una mesa en la que vamos a celebrar un banquete: el banquete eucarístico. Jesús preside la celebración: toma los panes y los peces, alza los ojos al cielo y los bendice, parte los panes y los da a los discípulos para que los den a la gente. Dios les ha regalado el don de la comunión, del hacer comunidad.

Con este pasaje comienza a cumplirse la idea de saciedad que lograremos en la venida definitiva del Reino. Se cumple una de las bienaventuranzas del sermón de la montaña: «Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados» (Mt 5,6).

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué crees que quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Estoy dispuesto/a a ir al «desierto» para escuchar la Palabra?

  • ¿Se me conmueven las entrañas, como a Jesús, ante las necesidades de las personas que me rodean?

  • ¿Qué siento al escuchar a Jesús decirme «dale tú de comer»?

  • ¿Soy consciente que el compartir y la comunión, el dar de comer, se refiere no sólo al pan o al alimento material?

  • ¿Cómo vivo el gran regalo de la eucaristía?

 

VIDA – ORACIÓN

Jesús Maestro, tú me dices: «Yo soy la vida»,

«el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna».

En los sacramentos del bautismo y la reconciliación,

me comunicas la vida y en la eucaristía la alimentas

haciéndote mi alimento.

Toma mi corazón, libéralo de las vanidades del mundo.

Ayúdame a ver las necesidades de mis hermanos

y compartir con ellos mis bienes.

Gracias, Señor, por hacerte mi alimentos

y despertar en mí la inquietud de compartirte

con los que me rodean.