Lectio Divina Domingo XIV del T. O.

VERDAD – LECTURA 

Podríamos denominar al evangelio con el que hoy vamos a orar como «Himno de alegría». En él se glorifica al Padre por las acciones que realiza en favor de los hombres, especialmente en favor de los sencillos y los pobres.

Hemos de tener en cuenta los versículos anteriores de este capítulo en los que nos encontramos con la incredulidad de sus contemporáneos.

Después de esto, Jesús exulta de gozo alabando y glorificando al Padre, porque ha revelado a los pequeños, a los sencillos, a los pobres los secretos del Reino. Pero, no porque sean merecedores de ellos; esta revelación es un regalo, un don del Padre.

A continuación, Jesús manifiesta como a él se la ha concedido por parte del Padre todo poder, pues quien mejor conoce le conoce es Jesús y viceversa. Hemos de matizar que el significado de conocer en hebreo expresa una comprensión desde el amor, un conocimiento en profundidad desde el amor y plenamente.

Inmediatamente Jesús invita a sus interlocutores a ir hacia él para recibir su enseñanza. Una enseñanza que es yugo ligero y carga ligera, no como la Ley defendida por los fariseos y maestros de la ley. Sobre todo son los sencillos, los pobres, los sencillos, los que temen a Yahveh, los anawin del Antiguo Testamento, aquellos que esperan únicamente en el Señor… ellos son quienes están invitados a escuchar a Jesús y recibir su descanso. Pero la escucha no consiste únicamente oír sus enseñanzas, además hay que ponerlas en práctica. Vivir el ser manso y humilde de corazón.

Ir a Jesús, seguirle, hacer de su enseñanza lo más importante de la misma vida, dejarse modelar por el Espíritu según el modelo Jesús, dejarse configurar cada vez más a él es fuente de paz, de alegría, de descanso. Porque la enseñanza de Jesús es un yugo suave y una carga ligera, muy al contrario de los fardos pesados que los escribas y fariseos hacen cargar a los «pequeños» con su gran cantidad de preceptos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿soy consciente de la gran cantidad de dones, regalos y gracias que el Padre me concede cada día?

  • ¿Me siento pequeño, pobre, humilde, sencillo, abandonado en las manos de Dios en mi vida cotidiana?

  • ¿Estoy atento/a a la enseñanza de Jesús mi Maestro? ¿Cómo escucho la enseñanza de Jesús, de qué forma? ¿Acojo su Palabra?

  • Pero como hemos visto escuchar a Jesús nos es sólo escucharle, ¿intento poner en práctica la enseñanza de Jesús?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por todos los dones que Dios me otorga cada día.

  • Dejo a Jesús que me diga «Venid a mí…» Permito que mis sentimientos afloren y mantengo un intimo diálogo con él.

  • Me comprometo, con la ayuda de Dios, no sólo a escuchar la Palabra de Jesús, sino a ponerla por obra.