Lectio Divina del II domingo de Adviento

VERDAD – LECTURA121203-pagola

Con un genérico y vago por aquellos días,comienza Mateo su relato. No existe ninguna conexión cronológica con lo precedente. Es muy posible que el autor nos quiera hacer comprender que aquello que nos está narrando verdaderamente es parte de la historia.

El primer personaje que aparece en esta sección llamada del anuncio del Reino es Juan: apareció Juan ¿No te da una cierta sensación de inmediatez, de instantaneidad, como cuando plasmas un paisaje en una fotografía? Aun hay más, nada tiene que ver el texto con lo precedente, y nada parece haber provocado o preparado el acontecimiento. Ocurre, simple y llanamente, porque Dios quiere que tenga lugar en esos días.

El lugar de la predicación del Reino: en el desierto. Lugar de la manifestación, del encuentro con Dios en toda la tradición bíblica. Sin embargo, ¿para qué predicar en un lugar donde no hay gente? Juan grita. Y grita para convocar a la gente en el desierto. Posiblemente ese sea el lugar en el que debemos prepararnos para la acogida de la Palabra antes de lanzarnos a predicar. Lugar de silencio y escucha. Allí en el desierto Juan invita a la conversión: abandonar nuestra vieja forma de vivir para volvernos a Dios.

El vestido de Juan nos recuerda el del profeta Elías: «Era un hombre velludo y con una correa de cuero ceñida a la cintura» (2Re 1,8). Su alimento el de los nómadas. Les quiere preparar para la llegada del Reino. Es el nuevo Elías.

Acuden hasta él desde todos los lugares: Jerusalén, Judea y el territorio adyacente del Jordán. ¿A cuánta gente podemos llegar nosotros para anunciar el Reino? La voz que grita en el desierto se ha hecho oír lejos y convoca de verdad a todos. Cuando llegan donde Juan confiesan sus pecados y se hacen bautizar. Por lo tanto el anuncio debe llevar a examinar la propia vida y al deseo de purificarnos para acercarnos más a Dios.

Hasta ahora todo parecía ir bien, sin embargo el tono de la predicación de Juan cambia radicalmente: «Raza de víboras». Al igual que Elías, Juan hace resonar su voz como el trueno. Fariseos que quieren aparecer como justos ante los demás pero que en realidad son parecidos a los sepulcros blanqueados y saduceos símbolos del poder que están siempre dispuestos a cualquier pacto.

Ya no es momento de ambigüedad. La Palabra de Dios nos lleva a la claridad y a la verdad. Es necesario que demos frutos concretos de conversión y no confiar en falsas seguridades. Es que somos hijos de Abraham. Eso ya no sirve.

Es el momento de acoger la Palabra, de rumiarla y decidirse a favor o en contra de ella.

Pero es el momento, también, de presentar al verdadero Mesías, que nos es Juan, sino Jesús de Nazaret. Aquel que bautizará con Espíritu Santo y fuego.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • Proclamando en el Desierto de Judea. En muchas ocasiones el lugar de la manifestación de Dios es el desierto: ¿Dónde se encuentra tu desierto? ¿Estás dispuesto/a a ir al desierto?

  • Todos nosotros somos, de alguna manera, en nuestra vida cotidiana, voz que clama en el desierto: ¿Quién es el objeto de tu predicación?

  • El hilo de oro que atraviesa toda la predicación de Juan podríamos decir que es la conversión. ¿qué significa para tí esta palabra? ¿qué es necesario cambiar en tu vida para poder preparar el camino del Señor?

  • El os bautizará con Espíritu Santo y fuego. ¿Estoy preparado/a para la venida del Señor? ¿Estoy dispuesto/a a acoger su bautismo?

VIDA – ORACIÓN

  • Pide al Padre que te de un verdadero espíritu de conversión y fuerzas para hacer cambios significativos en tu vida.

  • Recuerda las veces que has ido con Él al desierto y dale gracias por todo aquello que te ha regalado allí.

  • Pide que te de fuezas para seguir llevando el evangelio a todas las personas y lugares.

  • Intercede por la «raza de vívoras» que puedas encontrarte en tu camino.

  • Da gracias porque, por medio del Espíritu Santo, Él pone las palabras necesarias en tu boca para que puedas dar testimonio.

  • Deja que Él te bautize con Espíritu Santo y fuego, acógelo en tu corazón.

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