Las reglas de la comunicación aplicadas a Jesús

1-Jesus predicando en sinagogaLo prometido es deuda. ¿No? Bueno, pues aquí esta la nueva entrada. Vamos a aplicar las reglas de la comunicación que compartimos en una entrada anterior a Jesús. Sí, al de Nazaret. Para ello me vuelvo a servir del mismo libro de Tonino Lasconi, Anunciadlo con los medios.

Jesús sorprende

Conocía seguramente la regla para sorprender y la practicaba. Su manera de presentarse en público causaba sorpresa. Todos se preguntaban: “¿Quién es este?”, “¿Qué esto?”, “Jamás hemos visto cosa igual”. ¿Recordáis a Jesús en Nazaret? Después de haber leído, enrolló el libro, se lo dio al ayudante y se sentó, todos tenían sus ojos clavados en él. Y dijo: “Hoy se cumple ante vosotros esta Escritura” (Lc 4,21). ¡Ahí queda eso! ¿Podríamos imaginarnos algo más sorprendente? Los presentes se quedaron de piedra y, apenas consiguieron recobrar el aliento, lo sacaron de la sinagoga y lo llevaron hacia la cima del monte para despeñarlo.

Jesús dice una sola cosa

Y ¿qué es lo que dice? Vosotros me argumentaréis que todo su evangelio se resume en una frase muy breve: “Amaos unos a otros” (Jn 15,17). Todas sus acciones, sus signos, sus discursos, sus parábolas conducen a este mandamiento. Jesús no se dispersa, no abre paréntesis, no hace gala de su cultura, va derecho al grano. Esto es lo que significa ¡decir una sola cosa!

Jesús suscita emociones

No deja a nadie indiferente. La mujer grita entre la multitud: “¡Dichosa [sea] tu madre!” (Lc 11,27). Los fariseos y los escribas salen de la sinagoga llenos de rabia e intentan hacerlo callar. En los días… ordinarios, para hacer un milagro se hace rogar. En cambio, el sábado busca a alguien para curarlo, porque sabe que los fariseos se van a poner furiosos.

Jesús es sencillo, pero no vulgar

Su sencillez es desconcertante. Dice las cosas más altas con las palabras más sencillas, todos le entienden, y cuando topa con los que no quieren entender, con sus parábolas hace que no entiendan nada. leyendo la biblia, y especialmente los Evangelios, no he podido evitar pensar que Dios, para hablarnos a nosotros, ha elegido el camino más sencillo: los diálogos, las narraciones, las parábolas, las alegorías, los dichos… Nosotros para hablar con Dios recurrimos a discursos complicadísimos e incomprensibles, a razonamientos retorcidos, reservados a especialistas. Nosotros pretendemos explicar lo que es imposible de explicar.

A menudo he oído discursos banales, plagados de diminutivos (la Virgencita…), de superlativos (preciosísimo, santísimo, castísimo…)

Al leer el evangelio se tiene la impresión de escuchar el lenguaje de hoy. Cuando se escucha a ciertos hombres y mujeres de Iglesia, se tiene la impresión de vivir en el siglo XV. La parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37), por ejemplo es una joya de sencillez comunicativa: no explica, hace reflexionar.

Jesús es siempre original

a veces es dulce: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28); a veces lacónico y breve, como dando a entender: “¿Quién me ha constituido juez o mediador entre vosotros?” (Lc 12,14), “¿Por qué me llamas bueno? El único bueno es Dios” (Lc 18,19). A veces saca el tema a partir de lo que sucede ante sus ojos: “la viuda que echa unos céntimos en el arca del templo” (Mc 12,41-44), otras veces, de la crónica de sucesos: la matanza ordenada por Pilatos y las dieciocho personas que perecieron debajo de la torre de Siloé (Lc 13,4). cuando advierte que las palabras no bastan, crea una escena: “el niño puesto en medio del círculo de los apóstoles” (Mt 18,1-4), o realiza gestos enormemente sorprendentes: el lavatorio de los pies (Jn 13,1-17).

Jesús da valor a la marca

En el sentido de que no olvida nunca el motivo último de sus gestos y sus palabras: manifestar la voluntad del Padre. No se pierde nunca en autocelebraciones, no se alaba a sí mismo, no se pierde en detalles, no confunde lo importante con lo marginal. Va derecho a la meta.

Jesús rompe las normas

Aunque reacciona siempre frente a los escribas, los fariseos y los sumos sacerdotes, en cambio, delante de Herodes no dice una palabra. Tal vez fuera Jesús el que inspiró el dicho que tanto les gusta a los comunicadores: “Si basta una palabra, no pronuncies un discurso; si basta un gesto, no digas una palabra, si basta el silencio, no hagas un gesto”.

Jesús es un maestro, es el Maestro incluso en la comunicación.

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Un comentario el “Las reglas de la comunicación aplicadas a Jesús

  1. Buenas tardes
    Me gusta, he asistido a varios cursos para potenciar y poner en práctica la calidad de la comunicación, tenemos que saber comunicar con el mensaje con sencillez a los demás,
    Saludos y gracias

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