In memoriam, Cardenal Carlo Maria Martini

« Los amigos y las amigas de la Biblia me han acompañado toda la vida. […] ¿Cómo podemos llegar a ser amigos de Jesús? En la respuesta a esa pregunta veo el único motivo que puede llevar a un joven cristiano a poner toda su vida en disposición de Dios. Ni la obligación, ni la presión, ni siquiera una situación de emergencia o necesidad pueden llevar a una decisión semejante, sino sólo el amor, un amor como el que recibió el discípulo Juan de Jesús» (De libro Coloquios nocturnos en Jerusalén).

Son palabras del Cardenal Carlo M. Martini. Palabras, a mi parecer, llenas de sabiduría, y que a la vez denotan la experiencia que este gran hombre hizo de Jesús de Nazaret. Una experiencia que le llevó a ser servidor de su Palabra durante toda su vida.

El Cardenal Martini nació 15 de febrero de 1927. Sacerdote, Jesuita, Biblista. Durante muchos años fue rector de la Pontificia Universidad Gregoriana y se dedicó con gran empeño a enseñar Biblia. Hasta que en 1979 fue consagrado obispo de la Archidiócesis de Milán. Durante su vida, no sólo destacó como pastor de su rebaño o como profesor de Biblia, además se convirtió en «Animador Bíblico» y ejemplo para todos aquellos que de una u otra manera pretendemos acercar la Palabra a nuestros contemporáneos. En el año 2000 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Desde el año 2002 estuvo viviendo en Jerusalén, desde donde se mantuvo en contacto con la humanidad, mientras el parkinson se lo permitió. En 2008 tuvo que regresar a Italia, a la casa de estudios de los Jesuitas en Gallarate. Allí, el pasado 31 de agosto nos dejo, volvió a la casa del Padre, a su casa.

Amado y respetado por todos los que alguna vez se encontraron con aquellos ojos azules penetrantes, y que sabían escudriñar el corazón de las personas. Al corazón de los jóvenes, supo llegar de tal manera que la Catedral de Milán se llenaba con ellos para escuchar la Palabra durante la Lectio Divina que dirigía los jueves. Hombre profundamente espiritual, maestro de oración y estudioso de la Palabra, sobre todo de aquellos papiros y códices que contienen el texto en griego de los evangelios. Un verdadero profeta de los tiempos modernos que quería llevar a todos la Palabra de Jesús Resucitado.

Para todos aquellos que nos dedicamos a la animación bíblica, y como no para todos los que integramos la Escuela de Animación Biblica y Comunicación «San Pablo», sin duda, que Carlo Maria Martini fue un maestro. No un profesor, sino un maestro, aquel que sabía enseñar a partir de la experiencia y de lo que él mismo estaba viviendo a partir de la Lectio Divina. Y nos enseñó sobre todo a ser místicos en el siglo XXI. No se puede predicar la Palabra, no podemos acercarla a nuestros contemporáneos, si quiera con el poder de la red de redes, si antes no hemos hecho experiencia del Resucitado, si antes no le hemos escuchado su Palabra en lo más profundo de nuestro ser.

Hace apenas tres meses se encontró con el Papa Benedicto XVI, en Milán. Éste le dijo: «Ya ve, Eminencia, también yo vengo con bastón». El Cardenal Martini, ya no podía hablar… Sin embargo, le regalo una amplia sonrisa. Pero a los pocos días, escribió: «Seguiré rezando por él y por la Iglesia en estos momentos difíciles». Eso esperamos que estés haciendo desde el cielo, querido Cardenal Martini.

Ha sido portada de la mayoría de la prensa. Sin embargo, algunos titulares me entristecieron. ¿Por qué hemos de poner calificativos a las personas? ¿Por qué seguimos en la Iglesia diciendo, como en la época de Pablo, yo soy de Pedro, yo soy de Pablo, yo soy de Apolo…? ¿Quién murió por nosotros? Todos nosotros somos de Cristo, y hasta que no acojamos las diferencias como una riqueza seguiremos estando separados y poniendo etiquetas a los demás. El Cardenal Martini supo acoger a todos y pocas veces les puso etiquetas. Fue crítico, sí, no me cabe duda, pero desde el amor y la fidelidad a la Iglesia a pesar de lo que algunos digan. Tal es así que el propio Benedicto XVI en en el comunicado que enviaba con motivo de su fallecimiento se refería a él como «querido hermano que ha servido generosamente al Evangelio y a la Iglesia». Creo que es el mejor calificativo que le podemos colocar a este preeminente hombre de fe y de Iglesia.

Solo me queda decirte, querido Cardenal Carlo Maria Martini descansa en paz.

Si quieres conocerle mejor, hace apenas cuatro años salió a la luz el que podemos decir que fue su testamento. Me refiero al libro Coloquios nocturnos en Jerusalén. Libro entrevista en el que descubrió su corazón en conversaciones con su compañero y hermano de congregación Georg Sporschill.