Lectio Divina Domingo XXX del T. O. (Mt 22,34-40)

VERDAD – LECTURA imagenes-abrazos-tiernos4

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él les dijo: ««Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Esto dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas».

Volvemos a encontrarnos con un nuevo debate entre Jesús y los fariseos. Después de la polémica tenida con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos. Los fariseos, de nuevo, se reúnen para deliberar y deciden ponerle una trampa a Jesús. En esta ocasión, por medio de uno de ellos, experto en la Ley, el cual le interpela acerca de ¿cuál es el primer mandamiento de la Ley, Un tema frecuentemente discutido entre los entendido en ella, los cuales intentaban averiguar si existía algún mandamiento que englobase a los demás, es decir, que observándolo se observara toda la Ley. Respuesta harto complicada, si tenemos en cuenta que, los escribas habían contabilizado 613 normas que debían cumplirse para se un buen judío: 248 normas positivas, es decir de qué cosas se debían hacer y 365 negativas, cosas que no se podían hacer. Ante tanta regla, era comprensible, que se preocuparán por determinar cuáles tenían más importancia y cuáles menos.

Jesús ante dicha pregunta responde claramente con una cita totalmente conocida por cualquier judío piadoso, se trata del Shemá, que se recitaba por la mañana y por la tarde: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Dt 6,5).

Pero, ¿qué significa amar a Dios? No es un simple sentimiento, no es una simple emoción, no es un simple quedar extasiado o embobado con Dios. Es un acto, es acción, es movimiento… Las tres facultades del hombre, «corazón, alma y mente», es decir su capacidad afectiva, su capacidad de relación con Dios y su capacidad intelectual deben ponerse en juego. En otras palabras, la persona entera es la que debe amar a Dios. Amar a Dios, significa dedicar toda nuestra vida a Él. Toda la Ley puede resumirse en este mandamiento.

Ahora bien, aunque no ha sido preguntado, Jesús da un paso más y les dice: «Y el segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo». También, aquí encontramos una cita de la Ley, concretamente, Lev 19,18. Cita contenida dentro de una serie de preceptos que regula la relación con los demás. Pero, ¿quién es, en realidad, mi prójimo? Para los judíos, mi prójimo es únicamente el israelita. Aunque en otros ambientes, como el del judaísmo de origen griego, se da a este término un sentido más universal, será Jesús de Nazaret quien verdaderamente defenderá y fundamentará el ser cristiano en esto; ama a tu prójimo como te amas a ti mismo. Primero has de amarte a tí, y después derramar ese amor hacia tu prójimo. Hemos de lograr compaginar armoniosamente nuestros propios derechos con los derechos de los demás, aunque ese otro no nos caiga bien, o nos esté fastidiando. Esto sería yendo a la letra del mandamiento, si vamos al espíritu nos damos cuenta que amar al prójimo para el discípulo de Jesús significa incluso renunciar a mis derechos en favor del otro, aunque este sea mi «enemigo», aunque el cristiano debería desechar esta palabra de su vocabularios, pues para nosotros todos los hombres son nuestros hermanos, también el que me hostiga, me mira mal o incluso me hace daño.

Nadie ha dicho que ser cristiano fuera fácil, lo más fácil es cumplir una serie de normas que regulen nuestra convivencia en la que se respeten los derechos de unos y de otros. Pero el ser cristiano, es algo más; es llegar a renunciar a la propia vida, incluso a favor de quien me incomoda o me hace daño. Eso sólo sabe hacerlo, plenamente, un discípulo de Jesús de Nazaret. Aunque en este punto, la mayoría de las veces, también nosotros fallemos.

La combinación de estos dos mandamientos no se encuentra en ninguna otra fuente de la antigüedad que no sea el Nuevo Testamento, por eso podemos concluir que, ésta enseñanza propia de Jesús de Nazaret, de Jesucristo, de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, por tanto de Dios, que nos ha dejado a los cristianos como legado, para que lo acojamos, lo realicemos y mostremos con ella en qué consiste el Reino de Dios

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Respondo sinceramente, y sabiendo que estoy en la presencia de Dios, ¿Cuál es para mí el mandamiento principal de la ley? ¿Es verdaderamente el amor de Dios y a los hermanos?
  • ¿A quién o quienes, de verdad, considero mi prójimo?
  • ¿Cómo acojo en mi vida el mandamiento del amor? ¿Amo sinceramente a quien incluso me fastidia, me molesta, me hace daño?

VIDA – ORACIÓN

Señor, hazme un reflejo de tu bondad.

Que en cada prójimo vea a un hermano.

Que su dolor sea el mío.

Dame el don para suavizar sus penas y compartir su espíritu.

Que yo pueda infundirle valor y esperanza,

llevándole un mensaje de amor y confianza en Ti.

Haz que todas mis tareas

las emprenda con decisión, abnegación y perseverancia.

Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

(http//jesustesana.blogspot.com.es )

Minientrada

VERDAD – LECTURADenario__Tiberio

Han sido reiterados los enfrentamientos que Jesús ha tenido con los fariseos en el transcurso del evangelio. Además cada vez tiene más seguidores que van creyendo en su palabra y, que al menos, le consideran un profeta. Por supuesto, que los fariseos y maestros de la ley no creen esto, es más, resulta ser una persona molesta, pues pone en evidencia la hipocresía con la que actúan muchos de los integrantes de estos grupos. Es necesario deshacerse de él. ¿Pero cómo? ¿De qué acusarlo? Para que sea juzgado y encontrado culpable es necesario tener algún motivo, pillarlo en un delito flagrante. Por eso deben estudiar bien su plan de acción. Es necesario quitarlo de en medio. En esta ocasión, ponen toda la carne en el asador, se alían incluso con los herodianos, que nos es que fueran por así decir «santos de su devoción», ya que estos son los partidarios de Herodes Antipas, el cual era un verdadero colaboracionista con el poder romano.
Los fariseos no van ellos mismos a enfrentarse con Jesús, sino que junto con los herodianos envían a sus discípulos (¿tanto miedo le tenían a Jesús?). Se acercan al Maestro, así lo reconocen ellos mismos, pero no con buenas intenciones. Su intención es hacerle caer en una trampa mediante una pregunta: «¿Es lícito pagar el impuesto al césar o no?»
La pregunta tiene su miga, pues todas las provincias del Imperio están obligadas a pagar el impuesto al césar. Ahora bien, aceptar esto era reconocer la soberanía extranjera sobre la nación judía. Incitar a no pagar el impuesto puede acarrearle a Jesús muchos problemas, pues le pueden acusar de sedicioso. Recordemos que desde la revuelta de Judás el Galileo en el año 6 d.C. negarse a pagar el tributo o inducir a ello es un delito grave. Por tanto, Jesús está entre la espada y la pared.
Sin embargo, Jesús no se arredra. Le devuelve la pelota. La respuesta la tienen ellos. Le dice: «Enseñadme la moneda del tributo». Es decir un denario romano. El tenerlo ellos es su poder es signo inequívoco de que pagan dicho tributo. ¿A qué viene la pregunta si ellos tienen clara la respuesta? Jesús da un paso más, porque la cuestión no está en pagar o no el tributo. Jesús, jamas se opondrá a que cumplamos con nuestros deberes sociales, aunque a veces tengamos que hacer frente a leyes injustas, pero ese es otro capítulo, que aquí no nos ocupa. Hemos de ir más allá, del simple pagar el tributo o no. Les pregunta acerca de la esfinge y la leyenda de la moneda. El denario de Tiberio en aquella época en la parte de la cara estaba representada la imagen del emperador y en el reverso podía leerse la inscripción: Tiberio César Augusto Hijo del Divino Augusto. La respuesta es clara: del césar. Pues si esa moneda lleva la esfinge del césar, lleva su nombre, está acuñada por él… Devolvédsela al césar. Además si ya pagan el impuesto correspondiente, ¿a qué viene preguntarle a Jesús?
Lo verdaderamente importante del pasaje viene a continuación: «Dad a Dios lo que es de Dios». Dad a Dios lo que le pertenece. Pero… ¡si nadie a preguntado a este respecto! Nadie, pero esto es lo verdaderamente importante. Dad a Dios lo que es suyo. Y a Dios pertenece todo el orbe y sus habitantes (Sal 24). La obediencia a Dios está por encima de cualquier otra ley. Hemos de ser fieles a la Alianza, hemos de hacer su voluntad, hemos de amarle con todo nuestro ser y hemos de acoger a su enviado Jesucristo.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Los mismos fariseos y herodianos reconocen a Jesús como maestro, ¿Y yo le considero como el único Maestro de mi vida?
  • ¿Qué significa para mí hacer la voluntad de Dios? ¿Qué «deberes» conlleva? ¿Amo a Dios con todo mi ser y acojo a Jesús en mi persona y en mi vida?

 

VIDA – ORACIÓN

Oramos con el Beato Santiago Alberione:

Te amo, Jesús, mi vida,
mi alegría y fuente de todo bien.
Quiero amarte cada día más,
a ti y a los hombres redimidos con tu sangre.

Tú eres la vid y yo el sarmiento:
quiero estar siempre unido a ti
para dar fruto abundante.

Tú eres la fuente:
dame gracia cada vez más abundante
para mi santificación.

Tú eres la cabeza; yo uno de tus miembros:
comunícame tu Espíritu Santo
con todos sus dones.

Venga a nosotros tu reino por María.
Conforta y salva a mis hermanos los hombres.
Acoge en tu reino a los difuntos.
Multiplica y santifica
a los que has llamado a difundir la Buena Noticia.

Lectio Divina del Domingo XXIX del T. O. (Mt 22,15-21)

Lectio Divina del Domingo XXVIII del T.O. (Mt 22,1-14)

VERDAD – LECTURABANQUETE11

El mensaje de la parábola es, aparentemente, bastante claro. Un rey envía a sus criados a llamar a los invitados a la boda de su hijo. Pero estos no quieren asistir a la boda. Por segunda vez vuelve a enviar a otros criados a insistir en la invitación a la boda de su hijo. Nuevamente, no sólo no les hacen caso, sino que además algunos de ellos marchan a «sus asuntos» y otros maltratan y matan a los criados. El rey se irrita y envía a sus tropas a destruir la ciudad de estos «malvados». A renglón seguido, viendo que esos invitados no eran dignos, pero está preparado el banquete, vuelve a enviar a sus criados a buscar comensales. Los criados salen a los caminos e invitan a todos los que encuentran. La sala del banquete se llena de invitados. Sin embargo, al entrar el rey a saludarlos se fija que hay una persona que no llevaba el traje adecuado para al boda. Lo recrimina pero él no responde. Por lo cual, es expulsado del banquete. Hasta aquí, si queremos, una lectura superficial o si queremos literal del relato. Pero, me gustaría profundizar algo más en el relato; primeramente, desde una lectura del contexto en el que escribe Mateo y segundo desde una lectura eclesial.
Recordemos, que Mateo escribe para una comunidad que, eminentemente, procede del judaísmo. Muchos de los lectores o «escuchadores» de esta parábola en la comunidad de Mateo conocen perfectamente la historia del Pueblo de Israel. Toda la historia de Israel ha sido una clara invitación al banquete de bodas mesiánica. Pero, ¿qué ocurre? Que los criados enviados para invitar a dicha boda han sido rechazados, es más han sido maltratados e, incluso, asesinados. No podemos menos, que ver aquí, una clara alusión a los profetas; es más, en tiempos de Jesús, incluso a Juan, el bautista. ¿Qué hace entonces el rey? Envía destruir la ciudad de los invitados, posible alusión a la destrucción de Jerusalén del año 70, y envía a más criados a que salgan a los caminos a invitar a todos los que encuentren, buenos y malos, porque el banquete está preparado. Me detengo un instante, en esta expresión buenos y malos. Traigamos a nuestra memoria la parábola del trigo y la cizaña; ambos crecen juntos hasta la siega. Todos están invitados al banquete, y ninguno de nosotros tiene porqué excluir a nadie; esta función le compete al dueño del campo, en este caso al rey. El cual, percibe como uno de los invitados no lleva puesto el traje adecuado, no lleva traje de boda. En las bodas, en época de Jesús, en ningún sitio estaba prescrito que uno debía vestir un traje especial; bastaba un vestido limpio, luego volveremos sobre ello. Este personaje es expulsado del banquete. Hasta aquí, si queremos, la lectura desde el contexto en el que escribe Mateo.
Profundicemos un poco más, desde una lectura eclesial o si preferimos desde una lectura cristiana actual del texto. Dios ha ido revelándose a la humanidad durante siglos y siglos. Ha ido invitando, en distintos momentos de la historia, al banquete de bodas de su hijo, el novio. La Iglesia es a su vez, la novia y la invitada a la boda. Al igual que los invitados de la parábola podemos aceptar o rechazar la invitación, es más podemos, incluso, maltratar y matar a los enviados, a los criados, a aquellos que anuncian la Buena Nueva. Es cosa nuestra y nos atendremos a las consecuencias, no porque el rey así lo haya querido, sino porque nosotros lo hemos querido y provocado. Somos nosotros los que no queremos saber nada del rey, su banquete y su hijo, y nos vamos a nuestros asuntos; es más, cómo en muchos momentos de nuestra vida, la mayoría, estos criados-enviados son bastante pesados y nos molestan, por lo que optamos por quitarlos de en medio. Así es nuestra actuación en más de una ocasión. Y tenemos que asumir las consecuencias. No tiene porqué extrañarnos que el rey (Dios) envíe a sus mensajeros a invitar a otros que encuentre por los caminos (¿pecadores y prostitutas?).
Es posible, también, que cualquiera de nosotros seamos de los que hemos entrado en el banquete; a ello estamos llamados y además de una manera reiterada. Cuando estamos disfrutando de él o a punto de comenzar el mismo, entrará el rey (el Padre), saludará a cada uno de los comensales y reparará en uno que no lleva puesto el traje adecuado. Es decir, uno que no se ha convertido totalmente y con todo su ser al mensaje del Reino, uno que no ha querido cambiar de estilo de vida, uno que no ha querido asumir la actitudes vitales de Jesús y que además lo ha hecho de manera consciente e intencionada. Sí, quiere beneficiarse del banquete, pero sin arriesgar nada, sin poner nada de su parte; quiere banquetear en el Reino pero seguir llevando la misma vida que hasta ahora; quiere que Dios cumpla su parte del pacto pero él poderla incumplir siempre que le convenga; quiere ser beneficiario de los dones de Dios pero sin amar a Dios.
Desde este punto de vista, hemos de ver además y entender, la última frase de este pasaje: «son muchos los llamados, pero pocos los escogidos». Mas que en sentido cuantitativo, creo que esta expresión habría que leerla en sentido cualitativo, y me explico. Las llamadas por parte de Dios son infinitas, siempre está llamando a entrar en el banquete, y nos está llamando a toda la humanidad, sin distinción alguna, lo hace reiteradamente, en todo momento y cada lugar. Sin embargo, la elección está en nuestra manos, nosotros podemos voluntariamente participar o no en el banquete de bodas. Eso sí, debemos llevar el traje adecuado, debemos vivir como invitados a la boda, no podemos «nadar y guardar la ropa». Hemos de vivir en continua conversión, teniendo presente las actitudes vitales de Jesús y dejando que el Espíritu nos modele según el modelo que es el Hijo. Así seremos uno de esos comensales a los que el rey saludará, se sentará con él, comerán y conversarán como amigos durante el banquete. No es Dios el que escoge, Dios llama, la elección es cosa nuestra.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios te está invitando continuamente a entrar en el banquete del Reino. ¿Cuál es tu repuesta ante esta invitación? ¿También tú tienes otros negocios que atender o incluso, de alguna manera matas a los criados que él te envía?
  • ¿Qué siente al ser invitado a la boda? ¿Está dispuesto a asistir al banquete? Si estás dispuesto, tienes que llevar puesto el traje adecuado, ¿qué debes hacer para despojarte de tus viejos vestidos y vestir el traje nuevo? ¿De qué prendas debes despojarte y qué prendas debes adquirir? ¿A qué tienes que renunciar para entrar en el banquete?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por estar llamándote continuamente a participar en el banquete del Reino junto a todos nuestros hermanos.
  • Pide al Señor que te ayude a despojarte de tus viejos vestido y a vestirte con el traje nuevo de la boda del Reino.
  • Alaba a Dios por todos los beneficios que a diario te regala, todo proviene de Dios.

Lectio Divina del Domingo XXVII del T.O. (Mt 21,33-43)

VERDAD – LECTURAviñadores

Oramos hoy con la llamada Parábola de los viñadores homicidas, la cual junto a la llamada parábola del sembrador aparece en los tres evangelios sinópticos.
Esta parábola comienza con una clara referencia o relectura de un pasaje del profeta Isaías (Is 5,1s). El oyente de esta parábola, en la época de Jesús, no podía menos que recordar el citado texto. Y entendía claramente, cómo al hablar Jesús acerca de la viña, la referencia a la viña como imagen del pueblo de Israel y que el dueño de esa viña no es otro que Yahveh. Además, de manera magistral, Jesús no hace otra cosa, sino relatar la propia historia de salvación del Pueblo elegido.
La comunidad de Mateo, mayoritariamente de origen judío, tuvo que ver claramente esta referencia y descubrir que los herederos de esta viña es la comunidad cristiana: ¿será ellos mismos viñadores homicidas o viñadores fieles?
De lo que sí estamos seguros es de que la comunidad de Mateo, y nosotros como miembros de la Iglesia, somos herederos de la viña. La viña, el Reino de Dios, ha sido arrebatada al pueblo judío y entregada al nuevo Pueblo de Dios: la Iglesia.
Pero, ¿cuál ha sido la causa? Para que demos frutos en el tiempo oportuno. Hemos de implicarnos totalmente en la acogida del Reino y en su predicación.
La Iglesia es la continuidad del Pueblo de Israel y por lo tanto, heredera de sus promesas. Aunque para ello hemos de adherirnos plenamente a Jesús y continuar su misión salvadora, en plana comunión con nuestros hermanos.
Además, hemos de estar atentos para mantenernos en continua conversión y en apertura para acoger la Palabra de Dios y propagarla, y de esta manera dar frutos. El peligro de no dar fruto a su debido tiempo está también presente en la actualidad.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Me siento verdaderamente viñador y cuidador de la viña del Señor?
  • ¿Cómo es mi vivencia comunitaria del cuidado de la viña?
  • ¿Acojo plenamente el Reino en mi vida y me implico en su transmisión y expansión?
  • ¿Acojo la Palabra dejando que me transforme y la anuncio a mi alrededor?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por haberme llamado a trabajar en su viña.
  • Pido perdón a Dios por las veces en las que en lugar de ser un viñador fiel, soy un viñador homicida.
  • Me comprometo a intentar leer, apropiarme y transmitir la Palabra que para mí tiene que ser alimento cotidiano para mí que a su vez se irradia a mis hermanos.
  • ¿Fundamento mi vida en la roca firme que es Jesús?
  • Alabo a Dios por ser miembro de la Iglesia, heredero de las promesas del Pueblo elegido.

Lectio Divina del Domingo XXVI (Mt 21,28-32)

VERDAD – LECTURA

Nuevamente, oramos con un parábola. Concretamente con la llamada parábola de los dos hijos. Nos puede ayudar a tomar el pulso a nuestra decisión y dedicación al Reino.
Los destinatarios de la misma, si tenemos en cuenta que, Jesús está discutiendo con los sumos sacerdotes y los escribas en Mt 21,23.
En un primer momento, Jesús invita a trabajar en la viña. Recordamos que la viña, en la Biblia se refiere al Pueblo de Israel. Por tanto, en principio es una invitación a trabajar en favor de Israel. Aunque si damos un paso más en realidad, es una invitación a cumplir con la voluntad de Dios, es una invitación a anunciar el Reino de Dios.
Fijándonos en los personajes a los que está dirigida la parábola, podemos decir que los escribas y sumos sacerdotes son el hijo al que el padre invita a trabajar en la viña, le dicen que sí, pero al final no van a trabajar en la viña. Los otros, representados por el segundo hijo y a los que identificamos con posterioridad son los pecadores públicos y las prostitutas, los cuales en un primer momento se niegan a trabajar en la viña, debido a su pecado, pero posteriormente, reflexionan y se arrepienten, yendo a trabajar a la viña en un segundo momento, cambian de vida y comienzan a cumplir la voluntad de Dios.
No es el cumplimiento de la ley el termómetro que medirá el grado de adhesión a Dios, será la actitud que se toma ante el anuncio del Reino y la disposición y disponibilidad para anunciar el Reino.
Los que hasta ahora habían dicho «no», pecadores y prostitutas son los que ahora dicen «sí», se abren al anuncio de la Palabra, van a trabajar en la proclamación de la misma y dan fruto abundante. Por el contrario, los que, supuestamente, dijeron «sí» son los que no han creído en el anuncio del Reino y no han hecho nada, ni por acoger la Palabra, ni por difundirla. Además, ni siquiera se arrepienten de su comportamiento. Estos son los que se encuentran fuera del nuevo Pueblo de Dios, de la Iglesia, y no los pecadores y prostitutas; sencillamente porque son incapaces de acoger a Jesús y su Palabra.
CAMINO – MEDITACIÓN

  • Hoy esta parábola está dirigida a mí y, por ello, es importante que la actualice a mi situación actual.
  • ¿Qué pasaje, versículo, palabra o frase me toca especialmente el corazón?
  • ¿Qué querrá Dios decirme en este momento concreto con ello?
  • ¿Cómo acojo la invitación de Dios para trabajar en su viña?
  • Si en algún momento, he dicho o digo no a la invitación de Dios, ¿estoy dispuesto/a a arrepentirme y cambiar de actitud y de vida?
  • ¿Digo sí a Dios asumiendo todas las consecuencias o se lo estoy diciendo con «la boca chica»?
  • ¿Qué acciones concretas estoy realizando para acoger y anunciar el Reino?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por haberme llamado a colaborar en la construcción del Reino y a anunciar su Palabra de vida.
  • Le pido perdón por las veces que no he sido coherente con mi ser cristiano, por las veces que no he sido constructor y anunciador del Reino.
  • Alabo a Dios porque Él siempre me acoge, me perdona y me acompaña en el camino de mi vida.

Lectio Divina del Domingo XXV del T. O. (Mt 20,1-16)

VERDAD – LECTURA

Antes de exponer una explicación de la parábola, me voy a detener en lo que podría ser el contexto histórico en el que la parábola fue pronunciada.

Muy probablemente esta parábola la debió dirigir Jesús a los fariseos y maestros de la ley, los cuales se habían opuesto abiertamente no sólo a su doctrina, sino también a su modo de comportarse. Sobre todo le criticaban por su actuación ante los pecadores, a los que no sólo acogía sino que los aceptaba como amigos y seguidores. Los fariseos rechazaban a los pecadores como impuros, y por tanto enemigos de Dios. Jesús, sin embargo, los invita a entrar en su viña.

La viña, según Is 5,7 representa a Israel. Por lo que, ser llamado a trabajar en la viña significa ser llamado a formar parte del Pueblo elegido.

Desde el punto de vista de los fariseos y maestros de la ley esto es intolerable. Sin embargo, Jesús no ha venido a llamar únicamente a los justos, sino todos, incluidos los pecadores.

Desde el punto de vista de la comunidad de Mateo, los judíos, primeros llamados a formar parte del Reino de Dios y a trabajar en la viña, han observado cómo en la comunidad han ido entrando seguidores de Jesús de origen pagano, sobre los cuales también ha descendido el Espíritu Santo.

Los cristianos de origen judío no deben escandalizarse porque Dios quiera derramar su Espíritu sobre los paganos, llegados a última hora. No deben ofenderse ante la bondad de Dios, que quiere gratificar a todos de la misma manera. Dios llama cuando quiere y lo verdaderamente importante no es el cuándo, sino el responder a la llamada. La paga al final es igual para todos y no tiene nada que ver con los méritos, títulos o acciones de cada uno. La bondad de Dios es gratuita.

Con este contexto histórico como marco, vamos a intentar profundiza un poco más en el significado de la parábola.

Nos encontramos con una escena de la vida cotidiana, que podría darse en cualquiera de nuestros pueblos de la España rural. Un hacendado, que sale a la plaza, en la que se encuentran los jornaleros para que vayan a trabajar a sus tierras; en este caso una viña.

Sale primero al alba. Contrata a los que cree necesitar y lega con ellos a un acuerdo de salario, concretamente un denario.

Vuelve a salir a diversas horas del día (a las nueve de la mañana, a mediodía, incluso a última hora de la tarde). Lo cual revela la urgencia que tenía el propietario en concluir el trabajo en su viña. A estos, que contrata posteriormente, simplemente, les promete dar lo que es justo.

Ya, ha logrado Mateo captar la atención del lector, y no sólo eso, sino que ha creado cierta expectación: ¿Qué será lo justo?

Llega el momento de pagar el salario, según lo establecido en Lev 19,13 y en Dt 24,14s no se debe retener el salario del jornalero hasta el día siguiente; por lo que, el dueño de la viña se dispone a pagarles a cada uno lo que le corresponde. Comienza por los últimos, lo cual cual puede sorprendernos, pero Mateo quiere llamarnos la atención acerca del comportamiento y la reacción de los primeros frente a la actuación del dueño de la viña.

Lo que a continuación ocurre, es para sorprender a cualquiera, los que han trabajado sólo una hora reciben el salario de una jornada completa de trabaja, lo cual es totalmente ilógico, a menos que los que han trabajado todo el día reciban más, puesto que han trabajado más. Pero la lógica de Dios no es la lógica humana. Los primeros reciben lo que habían acordado con el dueño de la viña: un denario, exactamente igual que los últimos. Ahora bien, si nos detenemos un instante a reflexionar, no se está cometiendo ninguna injusticia, los primeros han recibido lo que les correspondía, lo que habían pactado con el dueño de la viña. Dios trata a todos de la misma manera, Dios es generoso con todas sus criaturas. Cuando dejamos de lado la justicia de Dios, y pretendemos juzgar con los criterios humanos es cuando cometemos injusticia, es cuando tratamos a las personas de manera diferente, es cuando hacemos acepción de personas y damos el primer puesto al que más tiene, al que es más incluyente socialmente, al que tiene más títulos… Pero, ¿el criterio que estamos usando es el del amor? Porque ese es el criterio de Dios: el amor. Y el ama por igual y de la misma manera a todas sus criaturas. ¡Qué distinto sería nuestro mundo si el criterio que nos moviera a actuar fuese el amor!

No se le puede reprochar nada al dueño de la viña, puesto que ha mantenido lo pactado. La pregunta final late en el aire: ¿Acaso ves con malos ojos el que yo sea bueno? El relato no nos dice cómo respondieron los obreros. La respuesta hemos de darla cada uno de nosotros; teniendo en cuenta que el criterio de la retribución con Dios no funciona. La generosidad de Dios engloba e incluye a todos. Todos estamos llamados a trabajar en la viña del Señor, y no debemos esperar nada a cambio. Seguro que el «salario» es mucho más generoso que lo que nosotros podamos esperar.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Cuándo he sentido la llamada del Señor para trabajar en su viña? Me detengo por unos instantes a pasar por el corazón (meditar) ese momento.

  • ¿Qué sentimientos ha despertado en mí el recordar el momento de la llamada de Dios para trabajar por el Reino? ¿Qué significado tiene para mí?

  • ¿Cómo acojo a los demás llamados a trabajar en la viña del Señor? ¿Cómo trato a los demás? ¿Trato a todas las personas de la misma manera, sin fijarme en su raza, nacionalidad, condición social, etc? ¿En qué fijo mi atención cuando me encuentro con un hermano, una hermana?

  • ¿Cuál es mi respuesta ante la bondad de Dios?

VIDA – ORACIÓN

  • Presento al Señor mi vida, y lo alabo por la generosidad que muestra conmigo cada día.

  • Pido perdón a Dios por no responder con la debida generosidad a su bondad, sobre todo cuando ésta se derrama sobre mis hermanos.

  • Le pido perdón por las veces que no acojo a las personas como lo que son mis hermanos, pues uno es nuestro Padre, Dios.

  • Le doy gracias a Dios por haberme llamado a trabajar en su viña y poder compartir con otros los frutos del Reino.

Lectio Divina de la fiesta de la Exaltación de la Cruz (Jn 3,13-17)

VERDAD – LECTURA exaltacion_santa_cruz02

En este pasaje con el que oramos hoy, fiesta de la Exaltación de la santa Cruz, Jesús, en diálogo con Nicodemo, se nos muestra como el único capaz de revelarnos, de mostrarnos el verdadero rostro del Padre, puesto que es el único que ah estado junto a él desde toda la eternidad. A la gran mayoría de nosotros, así como a los grandes estudiosos, e incluso a los santos, Dios les va revelando sus secretos, nos va mostrando el «secreto» de Dios en la medida, y a medida, que vamos siendo capaces de «comprender». Sin embargo, ninguno de nosotros ha visto a Dios. Jesús, nuestro Maestro, sí. Él ha vivido y convivido junto al Padre, ambos han entrado en comunión desde el principio de los tiempos. Aunque en Dios no exista ni el principio, ni el fin, puesto que él mismo es el principio y el fin.

Por todo ello, Jesús nunca hablará del Padre a la manera que pueda hacerlo ningún hombre, por muy sabio que sea. Él ha experimentado el mismo ser del Padre. Él no es que pronuncie palabras acerca del Padre. Él es la Palabra.

Jesús se autodenomina a sí mismo como Hijo del hombre. Debemos remontarnos al profeta Daniel, para entender bien este término. El Hijo del hombre en la profecía de Daniel (Dan 7,13s), es aquel a quien Dios ha constituido Señor de la historia. Un Señor de la historia que ha de ser crucificado; he aquí la gran contradicción que Nicodemo y la gran mayoría de nosotros somos incapaces de comprender: ¿Cómo la persona más poderosa, aquel que ha sido constituido señor de todo, va a ser crucificado? ¿Cómo es posible que el rey de Israel, el Mesías, tenga que padecer una muerte de cruz considerada por sus compatriotas como señal de la maldición de Dios (Dt 21,22s)? ¿Cómo es esto posible? Escándalo para los judíos y disparate para los griegos. Ante tal acontecimiento, nos quedan dos posturas: o intentar razonarlo, intentar encontrar mil y una explicaciones, intentar justificarlo… o como María guardarlo en nuestro corazón.

Únicamente, desde la contemplación, podemos llegar a vislumbrar un poquito el gran misterio de la cruz. El misterio por el que Dios Padre envía a su propio Hijo, a dar la vida por la salvación del género humano.

Y hasta el momento en el que Jesús se nos revela como enviado del Padre, como Hijo unigénito de Dios, como Salvador, hasta ese momento, la Escritura ha ido ofreciendo un constante anticipo de tan extraordinario acontecimiento: la serpiente de bronce, levantada como estandarte en el desierto (Núm 21,4-9), la muerte del ser esperado de sus entrañas, del hijo de la gran descendencia, del hijo de la promesa: Isaac (Gén 22).

Para «entender» todo esto sólo existe un camino, volver a nacer de nuevo del agua y del espíritu, solo seremos capaces si entramos en comunión con el Maestro, sólo podremos comprenderlo si nos dejamos poco a poco conformar por el Espíritu al modelo que es Jesús. Algo que, seguramente, exigirá esfuerzo por nuestra parte, lo mismo que le ocurrió a Jesús, que «actuando como un hombre cualquiera, se rebajo hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz». Pero, tengamos en cuenta que, «por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el ‘nombre sobre todo nombre'; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre». Es decir, la cruz no tuvo la última palabra, la ultima palabra la tiene la vida, gracias a la Resurrección.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Cómo es mi vivencia del misterio de la cruz? ¿lo vivo con angustia, con dolor, es escandalo, estupidez…? ¿signo de salvación?

  • ¿Cómo es mi testimonio acerca del misterio de la cruz?

  • ¿Asumo que si me dejo transformar y conformar por el Espíritu según la forma de Jesús puedo acabar sufriendo su misma suerte?

  • ¿Vivo el misterio de la cruz desde el misterio de la Resurrección, aunque no llegue a comprenderlo en toda su intensidad?

VIDA – ORACIÓN

Hoy para el momento de la oración me gustaría evoca y que recitáramos o cantáramos, esta canción: Tuyo soy.

Yo no soy nada y del polvo nací

pero tu me amas y moriste por mi

ante la cruz solo puedo exclamar:

Tuyo soy, tuyo soy…

Toma mis manos, te pido

Toma mis manos, te amo

Toma mi vida, oh Padre tuyo soy (bis)


Cuando de rodillas te miro, Jesús,

veo tu grandeza y mi pequeñez

que puedo darte yo solo mi ser

Tuyo soy, tuyo soy…


Toma mis manos, te pido…

Grupos Bíblicos

Queridos amigos:JBS1

Ya el verano va tocando su fin y las vacaciones van concluyendo. Las tareas habituales del curso van dando comienzo. También los encuentros de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo se van poniendo en marcha.

El lunes 6 de octubre comienzan las reuniones del Grupo San Pablo que habitualmente se reúne en la Comunidad de los Paulinos en la C/ Progreso, 21 de Sevilla. El horario será de 18:00 a 20:00 hs.

El martes 7 de Octubre comienzan las reuniones del Grupo San Sebastián en la Parroquia de San Sebastián. C/ San Salvador, 1 de Sevilla. El horario será de 19:00 a 21:00 hs.

Abrimos una nueva andadura con un nuevo grupo que se reunirá los miércoles de 17:30 a 19:30 en la Librería San Pablo en la C/ Sierpes, 57. Este grupo comenzará el miércoles 8 de octubre.

Todo aquellos que estéis interesados en participar en alguno de los grupos poneos en contacto conmigo mediante el e-mail de la Escuela: bibliaycomunicacion@gmail.com

Esperamos continuar ofreciendo un buen servicio de animación bíblica para la formación de todos nosotros.

Dadle difusión a los Grupos para que toda persona que pueda estar interesada pueda acudir a formarse con nosotros.

Muchas gracias a todos. Os esperamos. Que Dios os bendiga. Un abrazo muy fraterno.

Hno. Pepe.

Lectio divina del Domingo XXIII del T.O. (Mt 18,15-20)

VERDAD – LECTURA abrazos-necesidad-amor-L-X89ZBa

El tema que nos ocupa hoy en el evangelio con el que vamos a orar es el de la corrección fraterna y la oración.

La comunidad se enfrenta con una cuestión práctica, ¿cómo debemos actuar con un hermano que ha pecado contra ella? La respuesta es clara, nada de airear los asuntos de la comunidad fuera de ella. Las dificultades han de resolverse dentro de la misma comunidad.

Cuando uno se da cuenta de que un hermano ha cometido alguna falta, lo que debe hacer es ayudarle a reconocer su error y acompañarlo en su camino hacia la conversión. De esta forma habrás salvado a tu hermano.

Pero, también, puede ocurrir que dicho hermano no haga caso. Nuestra primera reacción es mandarlo al garete y dejarlo hacer lo que quiera. Sin embargo, no debe actuar así el discípulo de Jesús. Sino que debe llamar a otro o otros dos hermanos de la comunidad para que intenten realizar lo que nosotros no hemos conseguido en el primer momento.

Únicamente en el caso de que fracasemos también con ese intento, se debe informar a la comunidad, la cual intentará recuperar al hermano.

Si el citado hermano, tampoco hace caso a la comunidad, es cuando se le debe considerar que está fuera de ella. Ya no pertenece a ésta, pero no porque así lo quiera, sino porque así lo ha elegido ese hermano. Teniendo en cuenta que eso será ratificado también en el cielo. Lo cual significa que la comunidad debe actuar en total comunión con Dios, y para ello no queda otra que orar. No hay otra manera de entrar en comunión con Dios. Aquí nos encontramos con el segundo tema que nos ocupa.

Jesús una vez más nos insiste en la certeza que debemos tener de ser escuchados. Debemos estar totalmente convencidos y persuadidos de que el Padre siempre escucha nuestra oración. Sabiendo que Jesús está siempre presente en la comunidad mientras ella se mantenga fiel al mandato del amor y a su seguimiento.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, palabra o frase me toca especialmente el corazón?

  • ¿Qué querrá Dios decirme en este momento concreto con ello?

  • ¿Cómo actúo ante los errores de los hermanos de mi comunidad?

  • ¿Cómo ejerzo la corrección fraterna?

  • ¿Suelo airear los problemas de mi comunidad, de la Iglesia delante de todo el mundo?

  • ¿Qué hago para subsanar las dificultades o los errores de la Iglesia?

  • Cuando oro, ¿confío en que el Padre ya me ha escuchado?

  • ¿Intento mantenerme en comunión con Jesús con la celebración de los sacramentos, la escucha asidua de su Palabra y el testimonio?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios porque siempre sale a mi encuentro y al encuentro de cada hombre en particular.

  • Le pido al Padre que me ayude a ser consciente de mis errores y sepa colaborar con mi hermano para que emprenda su propio camino de conversión.

  • Alabo a Dios porque siempre escucha mi oración.

Lecitio Divina Domingo XXII del T.O. (Mt 16,21-27)

VERDAD – LECTURA pedro-e-jesus1

El evangelio que nos ocupa podríamos dividirlo en dos partes diferenciadas que nos ayuden a una mejor comprensión del texto:

a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

b) La exigencia del seguimiento de Jesús.

a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Pasaje compartiendo con los otro dos sinópticos (Mc 8,31 – Lc 9,22). Comienza Jesús poniendo de relieve la obligación que tiene de ir a Jerusalén. Una obligación que debe cumplir pues esa y no otra es la voluntad del Padre. En su plan de salvación entra precisamente, el que su Hijo vaya a Jerusalén, sufra la pasión, muera y al tercer día resucite de entre los muertos. Plan salvador, obligación o deber que Jesús acepta voluntariamente. Jesús se abandona totalmente en las manos y en la total confianza al Padre, sin oponer resistencia alguna.

Jesús, como ser humano, poco a poco se había ido haciendo consciente de la situación en la que se encontraba. Era totalmente rechazado por las autoridades y por los que se consideraban depositarios de las verdades religiosas y, por tanto, salvíficas para el Pueblo; que debía pasar por una situación de muerte para después ser glorificado por el Padre. Y además esto era inminente: Juan había sido ejecutado, se había enemistado con los dirigentes religiosos de su pueblo, había quebrantado la Ley… Y a pesar de todo, decide continuar con sus misión. Está firmemente convencido y seguro de su misión que decide hacer partícipes a sus discípulos de esta obligación.

Sin embargo, sus discípulos están demasiado lejos de su perspectiva como para aceptar aquello, sin poner pega alguna. Es Pedro quien toma la iniciativa y, en este momento es «piedra de tropiezo» para Jesús en su camino. Es un obstáculo. Pero no sólo eso, se atreve incluso a increparle, a reprocharle por su actitud ante la misión que el Padre le tiene encomendada. No es Pedro, es el tentador que quiere disuadirlo de su misión. Lejos de tirar la toalla, Jesús reacciona con fuerza: ¡Ponte detrás de mí, Satanás! Dicho a Pedro, lo que quiere decir, es que vuelva al lugar que le corresponde como discípulo. Se ha de restablecer la relación entre el Maestro y el discípulo, al haberse dejado Pedro tentar por Satanás y pretender que ser más que su Maestro y hacerlo desistir de la misión. Sólo manteniéndose en su lugar, como discípulo, se puede llegar a comprender lo que el Padre le está pidiendo a Jesús. Y mantenerse en ese lugar tiene sus consecuencias y sus exigencias.

b) Las exigencias del seguimiento de Jesús

Al igual que Jesús, los discípulos también deben cumplir con su misión. Ellos han sido llamados al seguimiento y deben asumir todas las consecuencias que ello conlleva. No basta con haber recibido la llamada, el discípulo además ha de responder a ella.

El discípulo debe negarse a sí mismo. Es decir, ha de dejar de pensar de manera egoísta, ha de dejar de ser el centro, lo cual no quiere decir que uno tiene que dejar de ser como es, o de dejar de ser lo que es; simplemente ha de cambiar el orden de prioridades, ha de mantenerse abierto a la voluntad de Dios y al servicio de los hermanos. Ha de aprender a vivir entregando la vida, para volver a reencontrarse con ella, ha de caminar con esperanza, sabiendo que en el servicio y en la entrega está la plena felicidad. Porque el final no es un final de oscuridad y de muerte. El final es un final de esplendor y felicidad. Ayudar a otros, ponerte al servicio de los demás, defender la justicia, reducir el sufrimiento de los que nos rodean… ahí está la verdadera felicidad y el verdadero desarrollo personal. Entonces seremos verdaderamente felices.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase ha tocado mi corazón en este momento? ¿Que querrá Dios decirme con ello en las circunstancias concretas que estoy viviendo?

  • ¿Qué actitud adopto ante la misión que Dios me tiene encomendada?

  • ¿Estoy dispuesto/a a llevar a cabo esa misión asumiendo todas las consecuencias?

  • ¿Qué significado y que consecuencias tiene para mí el negarme a mí mismo?

  • ¿Asumo que la verdadera felicidad se encuentra en hacer la voluntad de Dios y ponerme al servicio de mis hermanos?

VIDA – ORACIÓN

Padre mío

Me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco.

Estoy dispuesto a todo,

Lo acepto todo,

Con tal que tu voluntad se haga en mí

Y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en tus manos.

Te la doy, Dios mío,

Con todo el amor de mi corazón.

Porque te amo

Y porque para mí amarte es darme, 

Entregarme en tus manos sin medida,

Con una infinita confianza, 

Porque tu eres mi Padre.