Lecitio Divina Domingo XXII del T.O. (Mt 16,21-27)

VERDAD – LECTURA pedro-e-jesus1

El evangelio que nos ocupa podríamos dividirlo en dos partes diferenciadas que nos ayuden a una mejor comprensión del texto:

a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

b) La exigencia del seguimiento de Jesús.

a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Pasaje compartiendo con los otro dos sinópticos (Mc 8,31 – Lc 9,22). Comienza Jesús poniendo de relieve la obligación que tiene de ir a Jerusalén. Una obligación que debe cumplir pues esa y no otra es la voluntad del Padre. En su plan de salvación entra precisamente, el que su Hijo vaya a Jerusalén, sufra la pasión, muera y al tercer día resucite de entre los muertos. Plan salvador, obligación o deber que Jesús acepta voluntariamente. Jesús se abandona totalmente en las manos y en la total confianza al Padre, sin oponer resistencia alguna.

Jesús, como ser humano, poco a poco se había ido haciendo consciente de la situación en la que se encontraba. Era totalmente rechazado por las autoridades y por los que se consideraban depositarios de las verdades religiosas y, por tanto, salvíficas para el Pueblo; que debía pasar por una situación de muerte para después ser glorificado por el Padre. Y además esto era inminente: Juan había sido ejecutado, se había enemistado con los dirigentes religiosos de su pueblo, había quebrantado la Ley… Y a pesar de todo, decide continuar con sus misión. Está firmemente convencido y seguro de su misión que decide hacer partícipes a sus discípulos de esta obligación.

Sin embargo, sus discípulos están demasiado lejos de su perspectiva como para aceptar aquello, sin poner pega alguna. Es Pedro quien toma la iniciativa y, en este momento es «piedra de tropiezo» para Jesús en su camino. Es un obstáculo. Pero no sólo eso, se atreve incluso a increparle, a reprocharle por su actitud ante la misión que el Padre le tiene encomendada. No es Pedro, es el tentador que quiere disuadirlo de su misión. Lejos de tirar la toalla, Jesús reacciona con fuerza: ¡Ponte detrás de mí, Satanás! Dicho a Pedro, lo que quiere decir, es que vuelva al lugar que le corresponde como discípulo. Se ha de restablecer la relación entre el Maestro y el discípulo, al haberse dejado Pedro tentar por Satanás y pretender que ser más que su Maestro y hacerlo desistir de la misión. Sólo manteniéndose en su lugar, como discípulo, se puede llegar a comprender lo que el Padre le está pidiendo a Jesús. Y mantenerse en ese lugar tiene sus consecuencias y sus exigencias.

b) Las exigencias del seguimiento de Jesús

Al igual que Jesús, los discípulos también deben cumplir con su misión. Ellos han sido llamados al seguimiento y deben asumir todas las consecuencias que ello conlleva. No basta con haber recibido la llamada, el discípulo además ha de responder a ella.

El discípulo debe negarse a sí mismo. Es decir, ha de dejar de pensar de manera egoísta, ha de dejar de ser el centro, lo cual no quiere decir que uno tiene que dejar de ser como es, o de dejar de ser lo que es; simplemente ha de cambiar el orden de prioridades, ha de mantenerse abierto a la voluntad de Dios y al servicio de los hermanos. Ha de aprender a vivir entregando la vida, para volver a reencontrarse con ella, ha de caminar con esperanza, sabiendo que en el servicio y en la entrega está la plena felicidad. Porque el final no es un final de oscuridad y de muerte. El final es un final de esplendor y felicidad. Ayudar a otros, ponerte al servicio de los demás, defender la justicia, reducir el sufrimiento de los que nos rodean… ahí está la verdadera felicidad y el verdadero desarrollo personal. Entonces seremos verdaderamente felices.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase ha tocado mi corazón en este momento? ¿Que querrá Dios decirme con ello en las circunstancias concretas que estoy viviendo?

  • ¿Qué actitud adopto ante la misión que Dios me tiene encomendada?

  • ¿Estoy dispuesto/a a llevar a cabo esa misión asumiendo todas las consecuencias?

  • ¿Qué significado y que consecuencias tiene para mí el negarme a mí mismo?

  • ¿Asumo que la verdadera felicidad se encuentra en hacer la voluntad de Dios y ponerme al servicio de mis hermanos?

VIDA – ORACIÓN

Padre mío

Me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco.

Estoy dispuesto a todo,

Lo acepto todo,

Con tal que tu voluntad se haga en mí

Y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en tus manos.

Te la doy, Dios mío,

Con todo el amor de mi corazón.

Porque te amo

Y porque para mí amarte es darme, 

Entregarme en tus manos sin medida,

Con una infinita confianza, 

Porque tu eres mi Padre.

Lectio Divina domingo XXI del T.O. (Mt 16,13-20)

VERDAD – LECTURA llaves

En el evangelio con el que oramos hoy, nos encontramos con dos preguntas clave acerca de la identidad de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» «¿Quién decís que soy yo?»

Nos situamos en Cesarea de Filipo, una ciudad pagana del norte en la frontera de Israel. Allí es donde Jesús lanza sus dos preguntas. Ante la cuestión: «¿Quién dice la gente que es el Hijo de Hombre?», hemos de aclarar precisamente el significado de ese título: «Hijo del Hombre». En el pensamiento del Pueblo Judío resonaba esa figura mesiánica que debía de venir al final de los tiempos para restaurar la armonía en medio de su pueblo. Pero por la respuesta que dan los discípulos podemos concluir que nadie identificaba a Jesús con ese Hijo del Hombre, nadie pensaba que habían empezado los últimos tiempos. El Pueblo identificaba al Hijo del Hombre con Juan el bautista, con el profeta Jeremías, con el profeta Elías o con algún otro profeta que debía volver, pero, en ningún caso con Jesús de Nazaret. La gente seguía esperando. Para ellos Jesús no era el que ha de venir.

Menos mal que, al parecer los discípulos no pensaban de la misma manera. Para ellos el Hijo del hombre es el mismo Jesús. Al menos eso es lo que podemos deducir de la confesión de Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Es decir, Jesús es el enviado del Padre, el Hijo de Dios. Los discípulos han escuchado las palabras del Maestro y parece ser que entiende el alcance de las misma. Identificando a Jesús como aquel que ha de venir y que es el Hijo de Dios. Pero, estas palabras no nacen de la debilidad humana, de la carne o de la sangre, nacen de la fe; y la fe es un don del Padre.

Inmediatamente Jesús pasa del discurso acerca del Hijo del Hombre al discurso acerca de la Iglesia. Jesús e Iglesia van unidos. No se puede hablar de Jesús sin hablar de la Iglesia, ni de la Iglesia sin hablar de Jesús.

Gracias a la confesión hecha, Pedro se convierte en Piedra, en fundamento, no se convierte en piedra por su propia persona o iniciativa. Si no gracias al don del Padre de la fe.

La piedra sobre la que se apoya la Iglesia no es una piedra cualquiera, ella está apoyada sobre roca. La roca firme y sólida que da seguridad a la Iglesia. No por ella misma, sino por estar fundamentada en Jesucristo. Por eso, La Iglesia, representada por Pedro tiene poder para atar y desatar, para prohibir o permitir. Y esto no según el criterio humano, sino de acuerdo con lo que Jesús ha enseñado.

Jesús en todo momento está al lado de la Iglesia, camina con ella, continúa anunciando su Palabra y el Reino de Dios por medio de ella. Jesús está siempre presente en su Iglesia como cabeza de la misma, sirviéndose de todos sus miembros para la expansión y el anuncio del Reino.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Quién es Jesús para nuestros contemporáneos?

  • ¿Quién es Jesús para mí?

  • ¿Soy dócil al Espíritu para que el pueda transformarme en apóstol anunciador del Reino de los cielos?

  • ¿Cómo confieso y anuncio yo a Jesús entre aquellos que me rodean? ¿Doy testimonio de mi fe? ¿De qué modo?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por haberme regalado el don de la fe.

  • Me comprometo a conocer más y mejor a Jesús, dejándome modelar por el Espíritu Santo según el modelo que es Jesús.

  • Pido a Dios que me de fuerza para anunciar la Palabra de Jesús y el Reino en todo momento y circunstancia.

Lectio Divina XX domingo del T. O. (Mt 15,21-28)

VERDAD – LECTURAtlc-054

Continuamos con la misma temática del domingo pasado: la fe, aunque desde otra perspectiva.
El relato comienza haciéndonos notar que Jesús, después del enfrentamiento con los fariseos, se retira a las regiones de Tiro y Sidón. Jesús no abandona la misión, simplemente cambia el lugar en el que continuar su obra. Ahora se encuentra en zona pagana.
Allí, una cananea sale al encuentro de Jesús para pedirle que cure a su hija. Una madre sumida en el sufrimiento debido al padecimiento de su hija.
La mujer cananea representa a las poderosas ciudades paganas de Tiro y Sidón; ciudades ricas y poderosas. La mujer rompe con su pasado, se dirige hacia Jesús, un judío. Pero, también, Jesús tiene que romper con sus propias tradiciones judaicas.
La mujer le proclama como Hijo de David, le considera Mesías, le reconoce como Señor. Tiene fe en Jesús.
Jesús, sin embargo, no le presta la más mínima atención. Sus discípulos intervienen a su favor, pero únicamente, porque está molestando, quieren de alguna manera quitársela de encima. Jesús no da su brazo a torcer y explica la razón de ello a sus discípulos: «He sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Sin embargo, la mujer persevera en su fe, ante el aparente rechazo de Jesús: «¡Ayúdame!» Tiene la certeza total de que Jesús es capaz de salvar a su hija. Jesús aparentemente, vuelve a rechazarla. Lo lógico hubiese sido que aquella mujer abandonara el lugar, no sólo entristecida, sino llena de rabia. Sin embargo, persevera en su fe. Su amor de madre está por encima de cualquier dificultad o rechazo. Tal vez a presentido una posible cercanía de Jesús, al referirse a ella como perrillo, y no como perro, que era como llamaban los judíos a los paganos. Es capaz de abajarse, de humillarse. Jesús ante este hecho no puede quedar indiferente. La fe sencilla, autentica, sincera de aquella madre ha triunfado. Ha sabido perseverar en su fe, sin perder la esperanza. Es más, puede sentirse discípula, pues lo es. Ella forma parte del nuevo pueblo de Dios. Es suficiente la fe en Jesús, adherirse a su persona para pertenecer al círculo los amigos de Jesús.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué crees que quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo me comporto con aquellos que no pertenecen a mi círculo creyente? ¿Los acojo o por el contrario los rechazo, aunque sea de forma sutil?
  • ¿Cómo es mi confianza y mi fe en Jesús? ¿Ante las dificultades: abandono, o persevero al igual que la mujer cananea?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios porque siempre está a mi lado y me salva.
  • Pido por las dificultades de todas aquellas personas que conozco, con las que me encuentro en mi vida cotidiana.
  • Le pido a Dios que me conceda la gracia de la oración perseverante, sobre todo en los momentos de mayor dificultad.
  • Exclamo a Jesús, como aquel padre del muchacho poseído: «Señor, creo, pero aumenta mi fe».

Lectio Divina Domingo XIX del T.O. (Mat 14,22-33)

VERDAD – LECTURA Jesus_walking_on_water_

En el presente relato, Jesús comienza obligando a sus discípulos a embarcarse y despide a la multitud. Es posible, que la multitud haya querido proclamarlo rey. Y nos está dispuesto. Jesús, como hombre, siente la necesidad de encontrarse a solas con el Padre; necesita pararse, tomar distancia revisar la misión, para continuar adelante.

Mientras tanto, los discípulos se encuentran en medio del lago, siendo sacudida la barca por las olas, porque el viento era contrario. A los discípulos les parece que Jesús está ausente. Pero, Jesús nunca se aleja de ellos. Se acerca caminando sobre las aguas. Al verlo creen que es un fantasma. El miedo se apodera de ellos. Entonces, Jesús se da a conocer: «Yo soy». La misma frase con la que Dios se manifiesta a Moisés en el monte Horeb (Éx 3,14). Quiere darles confianza y la palabra de Jesús los tranquiliza.

Habiendo reconocido a Jesús, Pedro le pide caminar hacia él. Inmediatamente se da cuenta, que es imposible. No pone sus ojos en Jesús, sino que se deja vencer por el viento, se hunde. Ante la dificultad eleva una oración a Jesús: «¡Sálvame, Señor!». Jesús extiende su mano, lo agarra y le dice: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»

En un mundo agitado, sacudido por las dificultades, hemos de aprender a ir hacia Jesús, el cual siempre está con nosotros en nuestra barca. Y al subir, el viento se calma. El miedo es vencido por la fe. Pero, es necesario perseverar en ella. Nunca el mal podrá prevalecer sobre el bien.

Ante la acción de Jesús, sólo nos queda reconocer: «Realmente eres Hijo de Dios».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué crees que quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Qué idea tengo acerca de Jesús? ¿Qué significado tiene para mí Mesías? ¿Cómo le siento en lo más profundo de mi ser?

  • ¿Cuál es mi reacción en los momentos turbulentos, cuando me sacuden las dificultades?

  • ¿Qué me ocurre cuando siento la «ausencia de Dios»? ¿Cuál es mi reacción?

  • ¿Sé reconocer la presencia de Dios en mi vida y caminar hacia él sin dudar, a pesar de mi inseguridad?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por estar siempre presente en mi vida.

  • Hago un repaso de mi vida para hacerme consciente de mi comportamiento en los momentos de dificultad. Pongo todos esos momentos en las manos de Jesús.

  • Pido al Espíritu Santo que me asista en los momentos de oscuridad, de turbulencias, de dificultad.

  • Pido a Jesús la gracia de aumentar nuestra fe y de saberlo reconocer en los momentos difíciles.

Lectio Divina del Domingo XVIII del T. O. (Mt 14,13-21)

VERDAD – LECTURA 20110731

El autor del evangelio nos relata este pasaje después de la muerte de Juan el Bautista. Jesús se retira a un lugar tranquilo y solitario, va al desierto, lugar en el que también Juan convocaba a la gente para oír la Palabra. Al llegar a este lugar se encuentra con mucha gente y se compadeció de ella. Con ella, Jesús muestra la misericordia de Dios. Pero hemos de matizar que el sentido de compadecerse en griego y en hebreo es mucho más fuerte que nuestro vocablo castellano. Dicho término se refiere a un sentimiento tan fuerte que llega a afectar a las vísceras. Pero, ¿por qué se despiertan en Jesús estos sentimientos? Sencillo, porque el pueblo se encuentra como ovejas sin pastor. Viven errantes, están dispersos, vagan perdidos. La multitud está cansada y decaída; su dirigentes no se preocupan por ellos. Jesús los reúne, los acoge y los cura.

Este pasaje, junto con otros paralelos o que refieren un relato similar, es conocido como la «multiplicación de los panes». Sin embargo, al menos en el relato que nos ocupa, no encontramos ninguna referencia a este hecho; más bien, la idea principal es la de compartir. Pero vayamos por partes.

Los discípulos se acercan a Jesús para decirle que ya es tarde y que lo más conveniente es que despida a la multitud para que puedan comprar algunos alimentos. Jesús, por su parte, les ordena: «No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer.»

Con lo poco que tienen, los discípulos se ponen manos a la obra, manifestando la generosidad y la gratuidad.

Jesús manda a la multitud que se recueste sobre la hierba como ocurría en los grandes banquetes. Jesús invita a todos a su mesa. Una mesa en la que vamos a celebrar un banquete: el banquete eucarístico. Jesús preside la celebración: toma los panes y los peces, alza los ojos al cielo y los bendice, parte los panes y los da a los discípulos para que los den a la gente. Dios les ha regalado el don de la comunión, del hacer comunidad.

Con este pasaje comienza a cumplirse la idea de saciedad que lograremos en la venida definitiva del Reino. Se cumple una de las bienaventuranzas del sermón de la montaña: «Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados» (Mt 5,6).

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué crees que quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Estoy dispuesto/a a ir al «desierto» para escuchar la Palabra?

  • ¿Se me conmueven las entrañas, como a Jesús, ante las necesidades de las personas que me rodean?

  • ¿Qué siento al escuchar a Jesús decirme «dale tú de comer»?

  • ¿Soy consciente que el compartir y la comunión, el dar de comer, se refiere no sólo al pan o al alimento material?

  • ¿Cómo vivo el gran regalo de la eucaristía?

 

VIDA – ORACIÓN

Jesús Maestro, tú me dices: «Yo soy la vida»,

«el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna».

En los sacramentos del bautismo y la reconciliación,

me comunicas la vida y en la eucaristía la alimentas

haciéndote mi alimento.

Toma mi corazón, libéralo de las vanidades del mundo.

Ayúdame a ver las necesidades de mis hermanos

y compartir con ellos mis bienes.

Gracias, Señor, por hacerte mi alimentos

y despertar en mí la inquietud de compartirte

con los que me rodean.

Lectio Divina Domingo XVII del T.O. (Mt 13,44-52)

VERDAD – LECTURA images

Continuamos con las llamadas parábolas del Reino. No es un texto tan extenso como el del domingo anterior, pero al que conviene que también dividamos en distintas partes.

1.- Parábolas del tesoro y de la perla preciosa (13,44-46).

2.- La parábola de la red (13,47-50).

3.- Conclusión de la sección parabólica (13,51-52).

1.- Parábolas del tesoro y de la perla preciosa (13,44-46).

Encontramos una serie de paralelismos sumamente interesantes en estas dos parábolas: «El reino de los cielos se parece…» «encontrar…» «va…» «vende todo lo que tiene y compra».

Ambos personajes han encontrado algo tan precioso, tan importante que será capaz de cambiarles la vida.

El primer personaje es alguien que encuentra casi por casualidad, en un campo que presumiblemente no es suyo, un gran tesoro. La alegría es desbordante, tanto que vende todo lo que tiene y compra aquel campo para conseguir el tesoro.

El segundo personaje es un mercader que posiblemente, tiene una buena propiedad, un emporio, recordemos que el término utilizado en griego para referirse a él es: emporw. Un día, encuentra una perla de gran valor. Al que el personaje anterior, va, vende lo que tiene y la compra.

Ambos podemos decir, que «se liaron la manta a la cabeza», y se deshicieron de todo lo que tenían para poder conseguir aquel tesoro, aquella perla.

Pues bien, el reino de los cielos es semejante a ese tesoro o a esa perla. Quien se encuentra con la Palabra y es capaz de hacerse consciente de su gran valía, hace todo lo posible para conseguirlo.

Como diría san Pablo: «todo lo tengo por pérdida ante el sublime conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien he sacrificado todas las cosas, y las tengo por basura con tal de ganar a Cristo y encontrarme con él» (Fil 3,8s).

2.- La parábola de la red (13,47-50)

Podemos encontrar una cierta semejanza con la parábola de la cizaña con la que orábamos el domingo pasado, también aquí la separación será el día final.

Lo mismo que en la parábola de la cizaña, en el día final el mal será extirpado totalmente del mundo. Ahora tenemos que convivir con él, pero venciéndolo poco a poco a base de bien. Lo importante es que nosotros, desde ahora, como discípulos del Jesús, combatamos el mal. El mal nunca tendrá la última palabra.

3.- Conclusión de la sección parabólica (13,51-52)

Ahora, Jesús se dirige a sus discípulos, aquellos a quienes se les ha dado la gracia de conocer y entender los misterios del Reino (13,11). Únicamente, quien forma parte de los discípulos de Jesús pueden entender plenamente su Palabra, únicamente quien ha acogido la Palabra en su corazón y se deja transformar día a día en otro Cristo por el Espíritu Santo.

Si este discípulo es un maestro de la ley, recordemos que la comunidad de Mateo que mayoritariamente de origen judío, tendrá la posibilidad de comparar la novedad que trae Jesús con las antiguas recogidas en el Antiguo Testamento.

Pero lo más importante es que todos tenemos la posibilidad de convertirnos, cambiar de vida y anunciar el Reino a todos los que nos rodean.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?

  • ¿Estoy en búsqueda del Reino, de la perla preciosa, lo mismo que el mercader?

  • En nuestra vida ordinaria, nosotros también nos encontramos con la Palabra que anuncia el Reino, ¿soy capaz de renunciar a todo lo que tengo para abrazar el Evangelio, para dejarme transformar por el Espíritu?

  • ¿Estoy dispuesto a combatir el mal a fuerza de bien? ¿De qué manera?

  • ¿Acojo la Palabra y dejo que ella me vaya transformando día a día?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios porque gratuitamente nos regala el tesoro más preciado, la perla de más valor: el Reino.

  • Pido perdón a Dios por las ocasiones en que no me encuentro en actitud de búsqueda del tesoro escondido, de la perla de gran valor…

  • Alabo a Dios por haberme dado el privilegio de ser discípulo de Jesús y entender todo esto dentro de mis posibilidades.

Dios se comunica, el hombre responde

Dios se da a conocer al hombre por medio del diálogo que mantiene con él. Poco a poco le ha ido comunicando su Palabra al hombre en lo que llamamos la Historia de la Salvación, en ella Dios habiblia dejado oír su voz. Por lo que el cristianismo no es una religión de palabra escrita, es la religión de la Palabra de Dios que se nos transmite por medio del Verbo encarnado y vivo.

En nuestra sección Cursos Bíblicos, puedes descargarte el PDF de este interesante tema en el que mostramos la relación existente entre el proceso comunicativo y la forma en que la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación “San Pablo” suele explicar la introducción a la Sagrada Escritura en sus cursos de formación. Disfrutadlo y compartidlo.

Lectio Divina del Domingo XVI del T.O. (Mt 13,24-43)

 

VERDAD – LECTURA

Un nuevo y extensísimo texto, en el que se nos narra principalmente la llamada parábola de la cizaña, además de la del grano de mostaza y la de la levadura. Podríamos denominar a esta Lectio como las parábolas del Reino. Ante la extensión del texto, lo vamos a dividir en partes.

1.- La parábola de la cizaña (13,24-30).

2.- La parábola del grano de mostaza (13,31-32).

3.- La parábola de la levadura (13,33).

4.- Conclusión – bisagra (13,34-36).

5.- Explicación de la parábola de la cizaña (13,37-43).

1.- La parábola de la cizaña (13,24-30).

La buena semilla sembrada por el agricultor se convertirá en trigo, sin embargo el enemigo del dueño del campo quiere arruinarle la cosecha y junto a aquella buena semilla, éste ha sembrado cizaña. La buena semilla es la palabra del Reino, la cual crecerá junto a la cizaña. Esta mala hierba puede distinguirse perfectamente del trigo una vez que han formado espigas y no antes. Si se intentará arrancar antes, parte del trigo podría perderse. Lo mismo ocurre con la Palabra sembrada en nuestro corazón, el enemigo también siembra cizaña. Para que no nos perdamos ninguno de los llamados por Jesús a su seguimiento y a configurarnos con él, arranca la cizaña, Jesús la aplaza hasta el final de los tiempos. Una explicación más detallada podemos ofrecer cuando comentemos la explicación de la parábola. Ahora puede bastar con lo hasta aquí expresado.

2.- La parábola del grano de mostaza (13,31-32).

Jesús continúa narrándoles otra parábola: el grano de mostaza. Es increíble como de una semilla microscópica pueda nacer una planta casi tan grande como un árbol. Lo mismo ocurre con la Palabra de Dios. Existe una fuerza extraordinaria en esa pequeñísima semilla, lo mismo que existe en la palabra de Dios. La Palabra es capaz de extenderse a todos los confines de la tierra, aunque quien la la siembra es insignificante, nosotros que somos quienes difundimos la Palabra. Pero el Espíritu Santo será capaz de fecundarla y convertirla en un frondoso árbol.

 3.- La parábola de la levadura (13,33).

A continuación Jesús, les cuenta la parábola de la levadura. Cualquiera que haya visto amasar pan, tendrá clara esta parábola. Sin embargo, hemos de llamar la atención acerca de una de las expresiones que nos encontramos en ella. Me refiero a las tres medidas de harina. Con ella Jesús está aludiendo a tres pasajes concretos de la Escritura:

a) Gén 18,6: Abrahán prepara una comida para los tres huéspedes que lo visitan en su casa.

b) Jue 6,19: Gedeón ofrece al ángel un cabrito y una torta hecha con una medida de harina.

c) 1Sam 1,24: Ana, la madre de Samuel, lo lleva al templo y ofrece un novillo, una medida de harina y un odre de vino.

En cada uno de estos pasajes se está hablando de una comida que se hace en la presencia de Dios. La mujer de la parábola también está preparando un banquete, el banquete del Reino.

Tres pequeñas pizcas que pueden realizar una gran acción. Lo mismo que la levadura actúa prácticamente sin hacerse notar, la Palabra actúa de la misma manera y hace fermentar todo lo que se encuentra a su alrededor, es capaz de fermentar y transformar el mundo entero. Al final de los tiempos todo estará empapado del Reino.

4.- Conclusión – bisagra (13,34-36).

Concluye esta sección de parábolas con la frase: «les contó muchas parábolas». Pero además nos explica que le hablaba en parábolas y que no les decía nada sin parábolas. Es decir, Jesús explica los misterios del Reino por medio de parábolas. Solo por medio de imágenes es posible explicar esos misterios. Y esto para que se cumpla lo dicho por los profetas, aunque en realidad la cita está tomada del salmo 78,2. Jesús ha venido a llevar a cumplimiento la Ley y los Profetas.

A reglón seguido, Jesús vuelve a la casa y será allí, en la intimidad dónde les explique la parábola de la cizaña.

5.- Explicación de la parábola de parábola de la cizaña (13,37-43).

El sembrador de la semilla buena es el mismo Jesús, el campo es el mundo, la semilla buena son los discípulos, la cizaña son los hijos del maligno.

Cuando llegue el final de los tiempos se recogerá el trigo y la cizaña y, esta última será quemada en el fuego. Sin embargo hasta que esto llegue, trigo y cizaña han de convivir juntos. Los hijos del Reino tienen que convivir con los hijos del maligno, configurándose cada vez más a Jesús, y transformando este mundo en nuestro día a día.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?

  • ¿Cómo acojo la Palabra y la pongo en practica?

  • En mi vida, ¿prevalece el trigo o la cizaña?

  • ¿Cómo difundo la Palabra entre las personas que me rodean?

VIDA – ORACIÓN

Salmo de la Palabra (Salmo 118)

105Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
106lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
107¡estoy tan afligido!

Señor, dame vida según tu promesa.

108Acepta, Señor, los votos que pronuncio,

enséñame tus mandatos;
109mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
110los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

111Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
112inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

 

Lectio Divina del domingo XV del Tiempo Ordinario

VERDAD – LECTURA (Mt 13,1-23)

Nos encontramos hoy para orar un extensísimo texto en el que se nos narra la conocida parábola del sembrador. Para facilitar la lectura, la comprensión y por supuesto la oración vamos a dividir el texto en varias partes.
1.- Introducción al discurso parabólico (13,1-3a).
2.- La parábola del sembrador (13,3b-9).
3.- El por qué Jesús habla en parábolas (13,10-17).
4.- Explicación de la parábola del sembrador (13,18-23).

1.- Introducción al discurso parabólico (13,1-3a).
Nos encontramos fuera de la casa, recordemos se encontraba en ella desde Mt 9,28. Jesús se separa de la multitud. El hecho de presentarlo subido en la barca parece responder al deseo de Mateo de presentarlo como Maestro. La multitud escucha lo que Jesús enseña. Sólo los discípulos en un segundo momento se acercarán a él (13,10), para recibir una explicación más precisa acerca de la parábola. Son ellos, los que siguen a Jesús quieres pueden profundizar en ella. Jesús se puso a hablar en parábolas que para ser comprendidas en su justa medida necesitan, en la mayoría de las ocasiones, de una explicación.

2.- La parábola del sembrador (13,3b-9).
El título de la parábola viene dado por el mismo Jesús (13,18.). Con ello muestra un especial interés por las semillas que el agricultor siembra con vistas a la cosecha futura.
Hemos de tener en cuenta que, en la época de Jesús, no existían los grandes latifundios que podemos encontrar en algunos lugares de España. Al contrario, eran pequeñas extensiones de terreno, delimitadas por senderos rodeados en muchas ocasiones por piedras o zarzas. Por lo que, es explicable que algunas semillas cayeran entre ellas; y, por lo tanto, se perdieran.
El contexto en el que Jesús narra esta parábola es bien concreto. Se encontraba predicando la llegada del Reino por medio de su palabra, que debía ser escuchada y puesta en práctica. No es la primera vez que se compara la palabra de Dios con la semilla, ya lo hizo el profeta Isaías (Is 55,10s).
Una vez que el agricultor a concluido su trabajo de siembra es necesario esperar a la cosecha. La cual será diversa dependiendo del lugar en el que hayan caído las semillas. Algunas darán fruto, pero otras se perderán.
Jesús concluye con un desafío hacia sus interlocutores: «¡El que tenga oídos para oír que oiga!» (13,9). Es decir los que quieran escuchar y cumplir mi palabra que lo hagan.

3.- El porqué Jesús habla en parábolas (13,10-17).
La pregunta de los discípulos es lógica: «¿Por qué les hablas en parábolas?» (13,10). Refiriéndose a los que están fuera del círculo de los discípulos de Jesús. Estos acogen su palabra y la intentan poner en práctica, los otros, sobre todo los dirigentes de Israel, le rechazan. Los dirigentes de Israel miran y no ven, oyen pero no escuchan ni quieren entender, haciendo alusión al profeta Isaías (Is 6,9ss). Y con esta actitud corren el riesgo de perder incluso lo que puedan llegar a entender.
Mediante las parábolas, Jesús puede dejarse entender mejor por aquellos que lo escuchan, éstas pueden ayudar a una comprensión más clara del mensaje del Reino, pero hay que estar abiertos a acoger dicho mensaje y dispuesto a ponerlo en práctica. Jesús no pone frente a nuestra propia vida, mediante ejemplos sencillos, para que podamos entender mejor lo que en ella nos ocurre, pero hemos de abrir la mente y el corazón para dejarnos atrapar por el mensaje de Jesús. En términos de comunicación podríamos decir que tenemos que estar dispuestos a apartar el ruido de nuestro proceso comunicativo, cuando el emisor nos está enviando un mensaje que podemos decodificar perfectamente pues entendemos su código.
Dichosos, bienaventurados, felices son aquellos que acogen en su corazón y en su vida la palabra de Jesús.

4.- Explicación de la parábola del sembrador (13,18-23).
Ahora Jesús quiere que sus discípulos entiendan verdaderamente el significado de la parábola que acaba de contar.
La palabra del reino es anunciada para todos, pero algunos no la quieren entender.
A todos se nos da la oportunidad de conocer el Reino, pero los que tienen el corazón endurecido se dejan arrebatar la palabra por el maligno. Estos son los que rechazan de plano a Jesús.
Pero, también nos puede ocurrir que acojamos la palabra, como «buenos discípulos», con alegría, tenemos la posibilidad de recoger el fruto de la misma, pero cuando llegan los momentos de dificultad la claudicamos. Creemos en Jesús y en su palabra mientras la vida nos sonríe, pero cuando llegan las contrariedades preferimos arrojar la toalla y no dar la cara. No estamos dispuestos a seguirle por el camino hacia la cruz.
Otros también la acogemos, pero las preocupaciones diarias, nuestro deseo de tener más y más, ahogan la palabra.
Solo aquel que sea capaz de identificarse plenamente con la palabra, que se deje transformar por ella, que la escucha, la acoge, la comprende y la pone en práctica es verdadero discípulo y puede llegar a identificarse totalmente con el Maestro.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es mi actitud cuando se me anuncia la Palabra, cuando la leo?
  • ¿Con qué situación me encuentro más identificado?
  • ¿Escucho, acojo, comprendo e intento poner en practica en mi vida cotidiana la Palabra de Jesús?

VIDA – ORACIÓN

  • Pido perdón a Dios por las veces que mantengo mis oído sordos ante el anuncio de su palabra.
  • Pido al Espíritu Santo que me asista y ablande mi corazón, transformando en un corazón de carne que sea capaz de acoger la Palabra.
  • Pido a Jesús fuerza para poner en práctica su Palabra.
  • Doy gracias al Padre, por haberme escogido y regalarme la Palabra de Jesús cada día.

Unos dias de desierto

Desierto2Una espuerta de pan, algunos dátiles, agua, la Biblia. Un día de camino: una gruta. Un sacerdote celebra la santa misa, y después se marcha, dejando en la gruta, sobre un altar de piedras, la eucaristía. Así, durante una semana, quedaremos solos con la eucaristía expuesta día y noche.

Silencio en el desierto, silencio en la gruta, silencio en la Eucaristía. No hay oración tan difícil como la adoración de la Eucaristía. En ella la naturaleza se rebela con todas sus fuerzas.

Ponerse ante lo que tiene el aspecto de pan y decir: “Ahí está Cristo vivo y verdadero”, es pura fe.

Pero nada alimenta más que la fe pura; y la oración de la fe es la verdadera oración.

Es el encuentro con Dios más allá de de la sensibilidad, más allá de la fantasía, más allá de la naturaleza.

Y es éste el primer aspecto del despojamiento. Mientras que mi oración permanezca anclada en el gusto, serán fáciles los altibajos; las depresiones seguirán a los entusiasmos efímeros. Será suficiente un dolor de muelas par liquidar todo el fervor religioso debido a un poco de esteticismo o a una emoción sentimental.

“Tienes que despojar tu oración”, me dijo el maestro de novicios. “Tienes que simplificar, desintelectualizar. Ponte ante Jesús como un pobre: sin ideas, pero con fe viva. Permanece inmóvil en un acto de amor delante del Padre. No trates de alcanzar a Dios con la inteligencia: no lo conseguirás nunca; alcánzalo con el amor: esto es posible”.

La batalla no es fácil [...]. Después de algunas horas -o de algunos días- de esta gimnasia, el cuerpo se calma. Al ver que la voluntad rehúsa el placer sensible, ya no lo busca; se hace pasivo. Los sentidos se adormecen. el comer poco, el velar mucho y el orar con humilde insistencia hacen de la casa del alma una morada silenciosa, pacificada. Los sentidos duermen [...]. Entonces la oración se convierte en algo serio, aunque doloroso y árido. Tan serio que ya no se puede pasar sin ella.

Carlos Carretto, Cartas del Desierto, Ediciones Paulinas, Madrid 1974.