Lectio Divina del Domingo XVIII del T. O. (Mt 14,13-21)

VERDAD – LECTURA 20110731

El autor del evangelio nos relata este pasaje después de la muerte de Juan el Bautista. Jesús se retira a un lugar tranquilo y solitario, va al desierto, lugar en el que también Juan convocaba a la gente para oír la Palabra. Al llegar a este lugar se encuentra con mucha gente y se compadeció de ella. Con ella, Jesús muestra la misericordia de Dios. Pero hemos de matizar que el sentido de compadecerse en griego y en hebreo es mucho más fuerte que nuestro vocablo castellano. Dicho término se refiere a un sentimiento tan fuerte que llega a afectar a las vísceras. Pero, ¿por qué se despiertan en Jesús estos sentimientos? Sencillo, porque el pueblo se encuentra como ovejas sin pastor. Viven errantes, están dispersos, vagan perdidos. La multitud está cansada y decaída; su dirigentes no se preocupan por ellos. Jesús los reúne, los acoge y los cura.

Este pasaje, junto con otros paralelos o que refieren un relato similar, es conocido como la «multiplicación de los panes». Sin embargo, al menos en el relato que nos ocupa, no encontramos ninguna referencia a este hecho; más bien, la idea principal es la de compartir. Pero vayamos por partes.

Los discípulos se acercan a Jesús para decirle que ya es tarde y que lo más conveniente es que despida a la multitud para que puedan comprar algunos alimentos. Jesús, por su parte, les ordena: «No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer.»

Con lo poco que tienen, los discípulos se ponen manos a la obra, manifestando la generosidad y la gratuidad.

Jesús manda a la multitud que se recueste sobre la hierba como ocurría en los grandes banquetes. Jesús invita a todos a su mesa. Una mesa en la que vamos a celebrar un banquete: el banquete eucarístico. Jesús preside la celebración: toma los panes y los peces, alza los ojos al cielo y los bendice, parte los panes y los da a los discípulos para que los den a la gente. Dios les ha regalado el don de la comunión, del hacer comunidad.

Con este pasaje comienza a cumplirse la idea de saciedad que lograremos en la venida definitiva del Reino. Se cumple una de las bienaventuranzas del sermón de la montaña: «Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados» (Mt 5,6).

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué crees que quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Estoy dispuesto/a a ir al «desierto» para escuchar la Palabra?

  • ¿Se me conmueven las entrañas, como a Jesús, ante las necesidades de las personas que me rodean?

  • ¿Qué siento al escuchar a Jesús decirme «dale tú de comer»?

  • ¿Soy consciente que el compartir y la comunión, el dar de comer, se refiere no sólo al pan o al alimento material?

  • ¿Cómo vivo el gran regalo de la eucaristía?

 

VIDA – ORACIÓN

Jesús Maestro, tú me dices: «Yo soy la vida»,

«el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna».

En los sacramentos del bautismo y la reconciliación,

me comunicas la vida y en la eucaristía la alimentas

haciéndote mi alimento.

Toma mi corazón, libéralo de las vanidades del mundo.

Ayúdame a ver las necesidades de mis hermanos

y compartir con ellos mis bienes.

Gracias, Señor, por hacerte mi alimentos

y despertar en mí la inquietud de compartirte

con los que me rodean.

Lectio Divina Domingo XVII del T.O. (Mt 13,44-52)

VERDAD – LECTURA images

Continuamos con las llamadas parábolas del Reino. No es un texto tan extenso como el del domingo anterior, pero al que conviene que también dividamos en distintas partes.

1.- Parábolas del tesoro y de la perla preciosa (13,44-46).

2.- La parábola de la red (13,47-50).

3.- Conclusión de la sección parabólica (13,51-52).

1.- Parábolas del tesoro y de la perla preciosa (13,44-46).

Encontramos una serie de paralelismos sumamente interesantes en estas dos parábolas: «El reino de los cielos se parece…» «encontrar…» «va…» «vende todo lo que tiene y compra».

Ambos personajes han encontrado algo tan precioso, tan importante que será capaz de cambiarles la vida.

El primer personaje es alguien que encuentra casi por casualidad, en un campo que presumiblemente no es suyo, un gran tesoro. La alegría es desbordante, tanto que vende todo lo que tiene y compra aquel campo para conseguir el tesoro.

El segundo personaje es un mercader que posiblemente, tiene una buena propiedad, un emporio, recordemos que el término utilizado en griego para referirse a él es: emporw. Un día, encuentra una perla de gran valor. Al que el personaje anterior, va, vende lo que tiene y la compra.

Ambos podemos decir, que «se liaron la manta a la cabeza», y se deshicieron de todo lo que tenían para poder conseguir aquel tesoro, aquella perla.

Pues bien, el reino de los cielos es semejante a ese tesoro o a esa perla. Quien se encuentra con la Palabra y es capaz de hacerse consciente de su gran valía, hace todo lo posible para conseguirlo.

Como diría san Pablo: «todo lo tengo por pérdida ante el sublime conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien he sacrificado todas las cosas, y las tengo por basura con tal de ganar a Cristo y encontrarme con él» (Fil 3,8s).

2.- La parábola de la red (13,47-50)

Podemos encontrar una cierta semejanza con la parábola de la cizaña con la que orábamos el domingo pasado, también aquí la separación será el día final.

Lo mismo que en la parábola de la cizaña, en el día final el mal será extirpado totalmente del mundo. Ahora tenemos que convivir con él, pero venciéndolo poco a poco a base de bien. Lo importante es que nosotros, desde ahora, como discípulos del Jesús, combatamos el mal. El mal nunca tendrá la última palabra.

3.- Conclusión de la sección parabólica (13,51-52)

Ahora, Jesús se dirige a sus discípulos, aquellos a quienes se les ha dado la gracia de conocer y entender los misterios del Reino (13,11). Únicamente, quien forma parte de los discípulos de Jesús pueden entender plenamente su Palabra, únicamente quien ha acogido la Palabra en su corazón y se deja transformar día a día en otro Cristo por el Espíritu Santo.

Si este discípulo es un maestro de la ley, recordemos que la comunidad de Mateo que mayoritariamente de origen judío, tendrá la posibilidad de comparar la novedad que trae Jesús con las antiguas recogidas en el Antiguo Testamento.

Pero lo más importante es que todos tenemos la posibilidad de convertirnos, cambiar de vida y anunciar el Reino a todos los que nos rodean.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?

  • ¿Estoy en búsqueda del Reino, de la perla preciosa, lo mismo que el mercader?

  • En nuestra vida ordinaria, nosotros también nos encontramos con la Palabra que anuncia el Reino, ¿soy capaz de renunciar a todo lo que tengo para abrazar el Evangelio, para dejarme transformar por el Espíritu?

  • ¿Estoy dispuesto a combatir el mal a fuerza de bien? ¿De qué manera?

  • ¿Acojo la Palabra y dejo que ella me vaya transformando día a día?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios porque gratuitamente nos regala el tesoro más preciado, la perla de más valor: el Reino.

  • Pido perdón a Dios por las ocasiones en que no me encuentro en actitud de búsqueda del tesoro escondido, de la perla de gran valor…

  • Alabo a Dios por haberme dado el privilegio de ser discípulo de Jesús y entender todo esto dentro de mis posibilidades.

Dios se comunica, el hombre responde

Dios se da a conocer al hombre por medio del diálogo que mantiene con él. Poco a poco le ha ido comunicando su Palabra al hombre en lo que llamamos la Historia de la Salvación, en ella Dios habiblia dejado oír su voz. Por lo que el cristianismo no es una religión de palabra escrita, es la religión de la Palabra de Dios que se nos transmite por medio del Verbo encarnado y vivo.

En nuestra sección Cursos Bíblicos, puedes descargarte el PDF de este interesante tema en el que mostramos la relación existente entre el proceso comunicativo y la forma en que la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación “San Pablo” suele explicar la introducción a la Sagrada Escritura en sus cursos de formación. Disfrutadlo y compartidlo.

Lectio Divina del Domingo XVI del T.O. (Mt 13,24-43)

 

VERDAD – LECTURA

Un nuevo y extensísimo texto, en el que se nos narra principalmente la llamada parábola de la cizaña, además de la del grano de mostaza y la de la levadura. Podríamos denominar a esta Lectio como las parábolas del Reino. Ante la extensión del texto, lo vamos a dividir en partes.

1.- La parábola de la cizaña (13,24-30).

2.- La parábola del grano de mostaza (13,31-32).

3.- La parábola de la levadura (13,33).

4.- Conclusión – bisagra (13,34-36).

5.- Explicación de la parábola de la cizaña (13,37-43).

1.- La parábola de la cizaña (13,24-30).

La buena semilla sembrada por el agricultor se convertirá en trigo, sin embargo el enemigo del dueño del campo quiere arruinarle la cosecha y junto a aquella buena semilla, éste ha sembrado cizaña. La buena semilla es la palabra del Reino, la cual crecerá junto a la cizaña. Esta mala hierba puede distinguirse perfectamente del trigo una vez que han formado espigas y no antes. Si se intentará arrancar antes, parte del trigo podría perderse. Lo mismo ocurre con la Palabra sembrada en nuestro corazón, el enemigo también siembra cizaña. Para que no nos perdamos ninguno de los llamados por Jesús a su seguimiento y a configurarnos con él, arranca la cizaña, Jesús la aplaza hasta el final de los tiempos. Una explicación más detallada podemos ofrecer cuando comentemos la explicación de la parábola. Ahora puede bastar con lo hasta aquí expresado.

2.- La parábola del grano de mostaza (13,31-32).

Jesús continúa narrándoles otra parábola: el grano de mostaza. Es increíble como de una semilla microscópica pueda nacer una planta casi tan grande como un árbol. Lo mismo ocurre con la Palabra de Dios. Existe una fuerza extraordinaria en esa pequeñísima semilla, lo mismo que existe en la palabra de Dios. La Palabra es capaz de extenderse a todos los confines de la tierra, aunque quien la la siembra es insignificante, nosotros que somos quienes difundimos la Palabra. Pero el Espíritu Santo será capaz de fecundarla y convertirla en un frondoso árbol.

 3.- La parábola de la levadura (13,33).

A continuación Jesús, les cuenta la parábola de la levadura. Cualquiera que haya visto amasar pan, tendrá clara esta parábola. Sin embargo, hemos de llamar la atención acerca de una de las expresiones que nos encontramos en ella. Me refiero a las tres medidas de harina. Con ella Jesús está aludiendo a tres pasajes concretos de la Escritura:

a) Gén 18,6: Abrahán prepara una comida para los tres huéspedes que lo visitan en su casa.

b) Jue 6,19: Gedeón ofrece al ángel un cabrito y una torta hecha con una medida de harina.

c) 1Sam 1,24: Ana, la madre de Samuel, lo lleva al templo y ofrece un novillo, una medida de harina y un odre de vino.

En cada uno de estos pasajes se está hablando de una comida que se hace en la presencia de Dios. La mujer de la parábola también está preparando un banquete, el banquete del Reino.

Tres pequeñas pizcas que pueden realizar una gran acción. Lo mismo que la levadura actúa prácticamente sin hacerse notar, la Palabra actúa de la misma manera y hace fermentar todo lo que se encuentra a su alrededor, es capaz de fermentar y transformar el mundo entero. Al final de los tiempos todo estará empapado del Reino.

4.- Conclusión – bisagra (13,34-36).

Concluye esta sección de parábolas con la frase: «les contó muchas parábolas». Pero además nos explica que le hablaba en parábolas y que no les decía nada sin parábolas. Es decir, Jesús explica los misterios del Reino por medio de parábolas. Solo por medio de imágenes es posible explicar esos misterios. Y esto para que se cumpla lo dicho por los profetas, aunque en realidad la cita está tomada del salmo 78,2. Jesús ha venido a llevar a cumplimiento la Ley y los Profetas.

A reglón seguido, Jesús vuelve a la casa y será allí, en la intimidad dónde les explique la parábola de la cizaña.

5.- Explicación de la parábola de parábola de la cizaña (13,37-43).

El sembrador de la semilla buena es el mismo Jesús, el campo es el mundo, la semilla buena son los discípulos, la cizaña son los hijos del maligno.

Cuando llegue el final de los tiempos se recogerá el trigo y la cizaña y, esta última será quemada en el fuego. Sin embargo hasta que esto llegue, trigo y cizaña han de convivir juntos. Los hijos del Reino tienen que convivir con los hijos del maligno, configurándose cada vez más a Jesús, y transformando este mundo en nuestro día a día.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?

  • ¿Cómo acojo la Palabra y la pongo en practica?

  • En mi vida, ¿prevalece el trigo o la cizaña?

  • ¿Cómo difundo la Palabra entre las personas que me rodean?

VIDA – ORACIÓN

Salmo de la Palabra (Salmo 118)

105Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
106lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
107¡estoy tan afligido!

Señor, dame vida según tu promesa.

108Acepta, Señor, los votos que pronuncio,

enséñame tus mandatos;
109mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
110los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

111Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
112inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

 

Lectio Divina del domingo XV del Tiempo Ordinario

VERDAD – LECTURA (Mt 13,1-23)

Nos encontramos hoy para orar un extensísimo texto en el que se nos narra la conocida parábola del sembrador. Para facilitar la lectura, la comprensión y por supuesto la oración vamos a dividir el texto en varias partes.
1.- Introducción al discurso parabólico (13,1-3a).
2.- La parábola del sembrador (13,3b-9).
3.- El por qué Jesús habla en parábolas (13,10-17).
4.- Explicación de la parábola del sembrador (13,18-23).

1.- Introducción al discurso parabólico (13,1-3a).
Nos encontramos fuera de la casa, recordemos se encontraba en ella desde Mt 9,28. Jesús se separa de la multitud. El hecho de presentarlo subido en la barca parece responder al deseo de Mateo de presentarlo como Maestro. La multitud escucha lo que Jesús enseña. Sólo los discípulos en un segundo momento se acercarán a él (13,10), para recibir una explicación más precisa acerca de la parábola. Son ellos, los que siguen a Jesús quieres pueden profundizar en ella. Jesús se puso a hablar en parábolas que para ser comprendidas en su justa medida necesitan, en la mayoría de las ocasiones, de una explicación.

2.- La parábola del sembrador (13,3b-9).
El título de la parábola viene dado por el mismo Jesús (13,18.). Con ello muestra un especial interés por las semillas que el agricultor siembra con vistas a la cosecha futura.
Hemos de tener en cuenta que, en la época de Jesús, no existían los grandes latifundios que podemos encontrar en algunos lugares de España. Al contrario, eran pequeñas extensiones de terreno, delimitadas por senderos rodeados en muchas ocasiones por piedras o zarzas. Por lo que, es explicable que algunas semillas cayeran entre ellas; y, por lo tanto, se perdieran.
El contexto en el que Jesús narra esta parábola es bien concreto. Se encontraba predicando la llegada del Reino por medio de su palabra, que debía ser escuchada y puesta en práctica. No es la primera vez que se compara la palabra de Dios con la semilla, ya lo hizo el profeta Isaías (Is 55,10s).
Una vez que el agricultor a concluido su trabajo de siembra es necesario esperar a la cosecha. La cual será diversa dependiendo del lugar en el que hayan caído las semillas. Algunas darán fruto, pero otras se perderán.
Jesús concluye con un desafío hacia sus interlocutores: «¡El que tenga oídos para oír que oiga!» (13,9). Es decir los que quieran escuchar y cumplir mi palabra que lo hagan.

3.- El porqué Jesús habla en parábolas (13,10-17).
La pregunta de los discípulos es lógica: «¿Por qué les hablas en parábolas?» (13,10). Refiriéndose a los que están fuera del círculo de los discípulos de Jesús. Estos acogen su palabra y la intentan poner en práctica, los otros, sobre todo los dirigentes de Israel, le rechazan. Los dirigentes de Israel miran y no ven, oyen pero no escuchan ni quieren entender, haciendo alusión al profeta Isaías (Is 6,9ss). Y con esta actitud corren el riesgo de perder incluso lo que puedan llegar a entender.
Mediante las parábolas, Jesús puede dejarse entender mejor por aquellos que lo escuchan, éstas pueden ayudar a una comprensión más clara del mensaje del Reino, pero hay que estar abiertos a acoger dicho mensaje y dispuesto a ponerlo en práctica. Jesús no pone frente a nuestra propia vida, mediante ejemplos sencillos, para que podamos entender mejor lo que en ella nos ocurre, pero hemos de abrir la mente y el corazón para dejarnos atrapar por el mensaje de Jesús. En términos de comunicación podríamos decir que tenemos que estar dispuestos a apartar el ruido de nuestro proceso comunicativo, cuando el emisor nos está enviando un mensaje que podemos decodificar perfectamente pues entendemos su código.
Dichosos, bienaventurados, felices son aquellos que acogen en su corazón y en su vida la palabra de Jesús.

4.- Explicación de la parábola del sembrador (13,18-23).
Ahora Jesús quiere que sus discípulos entiendan verdaderamente el significado de la parábola que acaba de contar.
La palabra del reino es anunciada para todos, pero algunos no la quieren entender.
A todos se nos da la oportunidad de conocer el Reino, pero los que tienen el corazón endurecido se dejan arrebatar la palabra por el maligno. Estos son los que rechazan de plano a Jesús.
Pero, también nos puede ocurrir que acojamos la palabra, como «buenos discípulos», con alegría, tenemos la posibilidad de recoger el fruto de la misma, pero cuando llegan los momentos de dificultad la claudicamos. Creemos en Jesús y en su palabra mientras la vida nos sonríe, pero cuando llegan las contrariedades preferimos arrojar la toalla y no dar la cara. No estamos dispuestos a seguirle por el camino hacia la cruz.
Otros también la acogemos, pero las preocupaciones diarias, nuestro deseo de tener más y más, ahogan la palabra.
Solo aquel que sea capaz de identificarse plenamente con la palabra, que se deje transformar por ella, que la escucha, la acoge, la comprende y la pone en práctica es verdadero discípulo y puede llegar a identificarse totalmente con el Maestro.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es mi actitud cuando se me anuncia la Palabra, cuando la leo?
  • ¿Con qué situación me encuentro más identificado?
  • ¿Escucho, acojo, comprendo e intento poner en practica en mi vida cotidiana la Palabra de Jesús?

VIDA – ORACIÓN

  • Pido perdón a Dios por las veces que mantengo mis oído sordos ante el anuncio de su palabra.
  • Pido al Espíritu Santo que me asista y ablande mi corazón, transformando en un corazón de carne que sea capaz de acoger la Palabra.
  • Pido a Jesús fuerza para poner en práctica su Palabra.
  • Doy gracias al Padre, por haberme escogido y regalarme la Palabra de Jesús cada día.

Unos dias de desierto

Desierto2Una espuerta de pan, algunos dátiles, agua, la Biblia. Un día de camino: una gruta. Un sacerdote celebra la santa misa, y después se marcha, dejando en la gruta, sobre un altar de piedras, la eucaristía. Así, durante una semana, quedaremos solos con la eucaristía expuesta día y noche.

Silencio en el desierto, silencio en la gruta, silencio en la Eucaristía. No hay oración tan difícil como la adoración de la Eucaristía. En ella la naturaleza se rebela con todas sus fuerzas.

Ponerse ante lo que tiene el aspecto de pan y decir: “Ahí está Cristo vivo y verdadero”, es pura fe.

Pero nada alimenta más que la fe pura; y la oración de la fe es la verdadera oración.

Es el encuentro con Dios más allá de de la sensibilidad, más allá de la fantasía, más allá de la naturaleza.

Y es éste el primer aspecto del despojamiento. Mientras que mi oración permanezca anclada en el gusto, serán fáciles los altibajos; las depresiones seguirán a los entusiasmos efímeros. Será suficiente un dolor de muelas par liquidar todo el fervor religioso debido a un poco de esteticismo o a una emoción sentimental.

“Tienes que despojar tu oración”, me dijo el maestro de novicios. “Tienes que simplificar, desintelectualizar. Ponte ante Jesús como un pobre: sin ideas, pero con fe viva. Permanece inmóvil en un acto de amor delante del Padre. No trates de alcanzar a Dios con la inteligencia: no lo conseguirás nunca; alcánzalo con el amor: esto es posible”.

La batalla no es fácil [...]. Después de algunas horas -o de algunos días- de esta gimnasia, el cuerpo se calma. Al ver que la voluntad rehúsa el placer sensible, ya no lo busca; se hace pasivo. Los sentidos se adormecen. el comer poco, el velar mucho y el orar con humilde insistencia hacen de la casa del alma una morada silenciosa, pacificada. Los sentidos duermen [...]. Entonces la oración se convierte en algo serio, aunque doloroso y árido. Tan serio que ya no se puede pasar sin ella.

Carlos Carretto, Cartas del Desierto, Ediciones Paulinas, Madrid 1974.

Maestro

Lectio Divina Domingo XIV del T. O.

VERDAD – LECTURA 

Podríamos denominar al evangelio con el que hoy vamos a orar como «Himno de alegría». En él se glorifica al Padre por las acciones que realiza en favor de los hombres, especialmente en favor de los sencillos y los pobres.

Hemos de tener en cuenta los versículos anteriores de este capítulo en los que nos encontramos con la incredulidad de sus contemporáneos.

Después de esto, Jesús exulta de gozo alabando y glorificando al Padre, porque ha revelado a los pequeños, a los sencillos, a los pobres los secretos del Reino. Pero, no porque sean merecedores de ellos; esta revelación es un regalo, un don del Padre.

A continuación, Jesús manifiesta como a él se la ha concedido por parte del Padre todo poder, pues quien mejor conoce le conoce es Jesús y viceversa. Hemos de matizar que el significado de conocer en hebreo expresa una comprensión desde el amor, un conocimiento en profundidad desde el amor y plenamente.

Inmediatamente Jesús invita a sus interlocutores a ir hacia él para recibir su enseñanza. Una enseñanza que es yugo ligero y carga ligera, no como la Ley defendida por los fariseos y maestros de la ley. Sobre todo son los sencillos, los pobres, los sencillos, los que temen a Yahveh, los anawin del Antiguo Testamento, aquellos que esperan únicamente en el Señor… ellos son quienes están invitados a escuchar a Jesús y recibir su descanso. Pero la escucha no consiste únicamente oír sus enseñanzas, además hay que ponerlas en práctica. Vivir el ser manso y humilde de corazón.

Ir a Jesús, seguirle, hacer de su enseñanza lo más importante de la misma vida, dejarse modelar por el Espíritu según el modelo Jesús, dejarse configurar cada vez más a él es fuente de paz, de alegría, de descanso. Porque la enseñanza de Jesús es un yugo suave y una carga ligera, muy al contrario de los fardos pesados que los escribas y fariseos hacen cargar a los «pequeños» con su gran cantidad de preceptos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿soy consciente de la gran cantidad de dones, regalos y gracias que el Padre me concede cada día?

  • ¿Me siento pequeño, pobre, humilde, sencillo, abandonado en las manos de Dios en mi vida cotidiana?

  • ¿Estoy atento/a a la enseñanza de Jesús mi Maestro? ¿Cómo escucho la enseñanza de Jesús, de qué forma? ¿Acojo su Palabra?

  • Pero como hemos visto escuchar a Jesús nos es sólo escucharle, ¿intento poner en práctica la enseñanza de Jesús?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por todos los dones que Dios me otorga cada día.

  • Dejo a Jesús que me diga «Venid a mí…» Permito que mis sentimientos afloren y mantengo un intimo diálogo con él.

  • Me comprometo, con la ayuda de Dios, no sólo a escuchar la Palabra de Jesús, sino a ponerla por obra.

 

Lectio Divina Solemnidad de San Pedro y San Pablo

VERDAD – LECTURA

El evangelio, con el que vamos a orar hoy, hemos de situarlo dentro del contexto de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, columnas de la Iglesia. Dado que este únicamente nos habla acerca de Pedro, me voy a permitir la licencia de comentar también el pasaje de 2Tim 4,6-8.17-18.
En el evangelio nos encontramos con dos preguntas clave acerca de la identidad de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» «¿Quién decís que soy yo?»
Nos situamos en Cesarea de Filipo, una ciudad pagana del norte en la frontera de Israel. Allí es donde Jesús lanza sus dos preguntas. Ante la cuestión: «¿Quién dice la gente que es el Hijo de Hombre?», hemos de aclarar precisamente el significado de ese título: «Hijo del Hombre». En el pensamiento del Pueblo Judío resonaba esa figura mesiánica que debía de venir al final de los tiempos para restaurar la armonía en medio de su pueblo. Pero por la respuesta que dan los discípulos podemos concluir que nadie identificaba a Jesús con ese Hijo del Hombre, nadie pensaba que habían empezado los últimos tiempos. El Pueblo identificaba al Hijo del Hombre con Juan el bautista, con el profeta Jeremías, con el profeta Elías o con algún otro profeta que debía volver, pero, en ningún caso con Jesús de Nazaret. La gente seguía esperando. Para ellos Jesús no era el que ha de venir.
Menos mal que, al parecer los discípulos no pensaban de la misma manera. Para ellos el Hijo del hombre es el mismo Jesús. Al menos eso es lo que podemos deducir de la confesión de Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Es decir, Jesús es el enviado del Padre, el Hijo de Dios. Los discípulos han escuchado las palabras del Maestro y parece ser que entiende el alcance de las misma. Identificando a Jesús como aquel que ha de venir y que es el Hijo de Dios. Pero, estas palabras no nacen de la debilidad humana, de la carne o de la sangre, nacen de la fe; y la fe es un don del Padre.
Inmediatamente Jesús pasa del discurso acerca del Hijo del Hombre al discurso acerca de la Iglesia. Jesús e Iglesia van unidos. No se puede hablar de Jesús sin hablar de la Iglesia, ni de la Iglesia sin hablar de Jesús.
Gracias a la confesión hecha, Pedro se convierte en Piedra, en fundamento, no se convierte en piedra por su propia persona o iniciativa. Si no gracias al don del Padre de la fe.
La piedra sobre la que se apoya la Iglesia no es una piedra cualquiera, ella está apoyada sobre roca. La roca firme y sólida que da seguridad a la Iglesia. No por ella misma, sino por estar fundamentada en Jesucristo. Por eso, La Iglesia, representada por Pedro tiene poder para atar y desatar, para prohibir o permitir. Y esto no según el criterio humano, sino de acuerdo con lo que Jesús ha enseñado.
Jesús en todo momento está al lado de la Iglesia, camina con ella, continúa anunciando su Palabra y el Reino de Dios por medio de ella. Jesús está siempre presente en su Iglesia como cabeza de la misma, sirviéndose de todos sus miembros para la expansión y el anuncio del Reino.
Dentro de este contexto de anuncio y expansión del Reino hemos de situar el fragmento de la Segunda Carta a Timoteo. Pablo se encuentra en la cárcel, pero no se siente angustiado, al contrario, siente que ha cumplido con lo que debía hacer, que ha cumplido con su misión: anunciar el Reino allá donde el Espíritu le ha ido conduciendo. Ahora le espera la «corona merecida». No por su propios méritos, sino porque Dios le concedió el don de la fe y el Espíritu le ha ido configurando con el modelo que es Jesucristo. Todo ello le ha impulsado a anunciar integro el mensaje de la salvación sobre todo entre los gentiles. Jesús ha seguido estando presente en la Iglesia y la ha ido conduciendo. Pero todo el mérito es de Dios. «A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Quién es Jesús para nuestros contemporáneos?
  • ¿Quién es Jesús para mí?
  • ¿Soy dócil al Espíritu para que el pueda transformarme en apóstol anunciador del Reino de los cielos?
  • ¿Cómo confieso y anuncio yo a Jesús entre aquellos que me rodean? ¿Doy testimonio de mi fe? ¿De qué modo?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por haberme regalado el don de la fe.
  • Me comprometo a conocer más y mejor a Jesús, dejándome modelar por el Espíritu Santo según el modelo que es Jesús.
  • Pido a Dios que me de fuerza para anunciar la Palabra de Jesús y el Reino en todo momento y circunstancia.
  • Alabo a Dios con el apóstol Pablo: «A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén»

Lectio Divina solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

VERDAD – LECTURA

Jesús es el pan vivo bajado del cielo. Pan vivo que se encuentra en contraposición con el Maná y con la Ley. El primero no consiguió llevar al pueblo de Israel a la Tierra Prometida; el segundo que no daba vida en plenitud a quien se adhería a ella. Es Jesús quien comunica la verdadera y plena vida. Pan que ha bajado del cielo, es decir que procede del Padre, el cual es fuente de la vida. Aquel que coma de este pan, el que lo haga suyo, tendrá el don de la Vida. Comer el pan de la vida, que es verdadera carne de Jesús, es asimilar el Espíritu manifestado en la realidad humana de Jesús. Comiendo de este pan el hombre llegará a adquirir la vida plena.
Para los judíos estas palabras de Jesús eran inconcebibles. No podían asimilar el hecho de la Encarnación de Dios. No podían asimilar que Dios quisiera entrar en comunión plena con el hombre. No entienden el significado de comer su carne.
Comer la carne de Jesús y beber su sangre es poder llegar a asimilarse con él, es hacer propio el amor incondicional y extremo de Jesús; el cual mediante su pasión muerte y resurrección nos libera definitivamente de la muerte y nos comunica la vida definitiva. Si el hombre no asimila totalmente a Jesús no puede alcanzar la vida plena y definitiva.
El discípulo de Jesús ha de ser capaz de identificarse con él, ha de dejarse modelar por el Espíritu para llegar a ser otro Jesús en sus actitudes vitales y amar a los demás como él ama.
El pan y el vino que en cada eucaristía se nos ofrece como alimento son Jesús mismo. Estas especies nos dan la fuerza necesaria para que las actitudes vitales de Jesús se conviertan en las nuestras y de este modo lograremos que nuestro modo de vivir cambien radicalmente. La asimilación del estilo de vida de Jesús y de su entrega acontece comiendo su carne y bebiendo su sangre.
Esta es la única manera de hacer propia la vida que Jesús nos propone. Es la única manera de entrar en comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo acojo yo el don de la vida plena que Jesús me ofrece en cada eucaristía?
  • ¿Cómo vivo en mi vida cotidiana la asimilación del cuerpo y la sangre de Jesucristo?
  • ¿Al asimilar el cuerpo y la sangre de Jesucristo soy consciente de que poco a poco se tiene que producir en mi vida un cambio radical?
  • En la celebración eucarística, me alimento de la doble mesa de la Palabra y la Eucaristía, ¿soy consciente de ello? ¿son ambos importantes para mí?¿cómo vivo estos momentos?
  • ¿Soy consciente de que comer la carne de Jesús y beber su sangre me deben llevar a un compromiso mayor en favor de mis hermanos? ¿Que estoy siendo llamado a ser yo también transmisor de vida?

VIDA – ORACIÓN

Te doy gracias, Maestro y verdad,
por haberte dignado venir a mí,
ignorante y débil.

En unión con María te ofrezco al Padre:
contigo, por ti y en ti,
sea por siempre la alabanza,
la acción de gracias y la súplica
por la paz de los hombres.

Ilumina mi mente,
hazme discípulo fiel de la Iglesia;
que viva de fe;
que comprenda tu palabra;
que sea un auténtico apóstol.

Haz, Maestro divino,
que la luz de tu evangelio llegue
hasta los últimos confines del mundo.

(Oraciones de la Familia Paulina)

Lectio Divina Solemnidad de la Santísima Trinidad

VERDAD – LECTURAtrinidad07

Nos encontramos dentro del contexto del diálogo con Nicodemo, un diálogo que entendido desde la luz pascual, presenta como interlocutores a la comunidad cristiana y al judaísmo; y dónde el evangelista nos explica que la «conversión» del judaísmo al cristianismo, es obra del Espíritu Santo.
Pero además, hemos de entender que quien conoce y revela al Padre es Jesús. Y en este pasaje nos va a mostrar el verdadero rostro del Padre.
El evangelio con el que oramos hoy, a pesar de los pocos versículos que nos ofrece la liturgia, es uno de los textos más ricos y densos acerca del amor de Dios por el ser humano. Dios ama tanto a la humanidad que ha llegado al extremo de entregar a su propio Hijo para que el hombre llegue a obtener la vida plena. ¿Hay una prueba de amor mayor que ésta?
Ahora bien, para que el hombre llegue a obtener y disfrutar de la vida plena, ha de prestar su adhesión a Jesús, ha de unirse a la persona de Jesucristo. De esta forma hombre vivirá todo lo más noble de la condición humana y en su vida reinará el amor. Que al fin y al cabo es el deseo de Dios. Sí, el Dios cristiano no es un Dios vengativo, ni airado, ni sentenciador; el Dios de Jesús es un Dios amor, que ama con locura al ser humano y que su único deseo es ofrecerle la salvación. Una salvación que llega incluso a vencer a la muerte.
Dentro de ámbito de la Solemnidad de la Santísima Trinidad, que hoy celebramos, encontramos en este evangelio aunque de forma un poco velada la alusión a la Trinidad. El Espíritu Santo es el que hace posible que podamos nacer de nuevo, es quien nos puede modelar según el modelo de Jesús, puesto que es la única manera de acoger, aceptar y comprender este misterio del amor de Dios; es, precisamente, Jesús quien nos prepara y habilita para que el Espíritu pueda realizar esta transformación; y en el origen de todo se encuentra el Padre.
Esta Trinidad, que es un Dios único, tiene una característica esencial, sustancial, constitutivo de su propio ser: el amor.
Sin embargo, el hombre es libre para aceptar la salvación o no. El hombre puede rechazar este regalo de Dios. En nuestras manos está.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo es mi vivencia de la Trinidad, aunque no llegue a comprender este misterio?
  • ¿Acojo con todo mi ser el amor que Dios me ofrece y me regala?
  • ¿Estoy dispuesto/a a dejar actuar al Espíritu Santo en mí para llegar a «nacer de nuevo»?
  • ¿Qué acciones podría yo emprender para mostrar el amor de Dios en mi propio ambiente?

VIDA – ORACIÓN

  • Gracias, Señor, por amarme hasta llegar a entregar a tu propio Hijo para que pueda alcanzar la vida plena.
  • Te alabo, Dios Uno y Trino, por hacerte presente en mi vida y transformarla para que llegue a configurarme con Jesucristo.
  • Ayúdame a tener una actitud de servicio y entrega a mis hermanos en la que les muestre el gran amor que nos tienes.